Que duda cabe que hablar de la selección portuguesa de fútbol es hablar de Luis Figo. El talentoso jugador lusitano es uno de los símbolos de su país y una verdadera leyenda viviente en su balompié.
Poseedor de una depurada técnica, Figo se convirtió en el conductor de los portugueses en los últimos años y estuvo cerca de alzanzar la gloria en la Eurocopa celebrada en su país, cuando cayó en la final ante la sorprendente Grecia por 1 a 0.
Su pontente remate de larga ditancia, su magnífico dominio de balón y su desequilibrante cambio de ritmo, lo convirtieron en un jugador casi imposible de controlar y en un arma letal para su selección.
Ahora ya alejado de la selección portuguesa, los lusitanos esperan que su lugar sea bien suplido y no extrañen en demasía a su gran capitán, que era la verdadera manija de un equipo que siempre se perfila como un equipo candidato a cosquistar la Eurocopa, y que en Asutria y Suiza busca no quedarse con las manos vacías como en las anteriores ediciones.
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