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1 de marzo de 1985 (en el curso de los ejercicios espirituales)

De nuevo -por cuanto respecta a la expresión "Colegio Cardenalicio y los Compatriotas": el "Colegio Cardenalicio" no tiene ninguna obligación de interpelar sobre este argumento a "los Compatriotas": sin embargo, puede hacerlo, si por alguna razón lo considerase justo.

JPII

Los ejercicios espirituales del año jubilar del 2000

(12-18 de marzo)

(para el testamento)

1. Cuando el día 16 de febrero de 1978 el cónclave de los cardenales eligió a Juan Pablo II el primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszynsk, me dijo: "La tarea del nuevo Papa serã introducir a la Iglesia en el Tercer Milenio". No sé si repito exactamente la frase, pero al menos éste era el sentido de lo que sentí entonces. Lo dijo el hombre que ha pasado a la historia como primado del Milenio. Un gran primado. He sido testigo de su misión, de su entrega total. De sus luchas: de su victoria. "La victoria, cuando llegue, serã una victoria a través de María". Estas palabras de su predecesor, el cardenal August Hlond, las solía repetir el primado del Milenio.

De este modo, me he preparado para la tarea que el día 16 de octubre de 1978 se presentó ante mí. En el momento en que escribo estas palabras, el Año Jubilar del 2000 ya es una realidad. La noche del 24 de diciembre de 1999 se abrió la simbólica Puerta del Gran Jubileo en la basílica de San Pedro, después la de San Juan de Letrãn, la de Santa María Mayor, el primer día del año y el día 19 de enero la puerta de la basílica de San Pablo Extramuros. Este último acto, dado su carãcter ecuménico, se ha quedado grabado en mi memoria de modo particular.

2. A medida que pasa el Año Jubilar del 2000, un día tras otro, se cierra detrãs de nosotros el siglo XX y se abre el siglo XXI. Según los designios de la Providencia se me ha concedido vivir en el difícil siglo que se estã acabando, que empieza a pertenecer al pasado y ahora, en el año en que la edad de mi vida alcanza los 80 años ('octogesima adveniens'), es necesario preguntarse si no es tiempo de repetir con el bíblico Simeón: Nunc dimittis.

El día 13 de mayo de 1981, el día del atentado al Papa durante la audiencia general en la Plaza de San Pedro, la Divina Providencia me salvó milagrosamente de la muerte. Aquel que es único Señor de la vida y de la muerte, El mismo me ha prolongado esta vida, en un cierto modo me la ha vuelto a dar. Desde aquel momento pertenece aún mãs a El. Espero que El me ayudará a reconocer hasta cuando debo continuar este servicio, al que me llamó el día 16 de octubre de 1978. Le pido que me llame cuando quiera. 'Pues si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor' (cf. Rm 14, 8). Espero que hasta que pueda realizar el servicio petrino en la Iglesia, la Misericordia de Dios me preste las fuerzas necesarias para ello.

3. Como todos los años, durante los ejercicios espirituales he leído mi testamento del 6 de marzo 1979. Sigo manteniendo las disposiciones contenidas en él. Lo que entonces y durante los sucesivos ejercicios espirituales se ha añadido es un reflejo de la difícil y tensa situación general, que ha marcado los años ochenta. Desde el otoño del año 1989 esta situación ha cambiado. El último decenio del siglo pasado ha estado libre de las tensiones anteriores; esto no significa que no hayan surgido nuevos problemas y dificultades. De modo particular, sea alabada la Divina Providencia por ello, el período de la llamada "guerra fría" terminó sin el violento conflicto nuclear que pesaba sobre el mundo en el período precedente.

4. Al encontrarme en el umbral del tercer milenio in medio Ecclesiae, deseo expresar una vez más gratitud al Espíritu Santo por el gran don del Concilio Vaticano II, -del que junto a la Iglesia entera y todo el episcopado- me siento deudor. Estoy convencido de que las nuevas generaciones podrán servirse todavía durante mucho tiempo de las riquezas proporcionadas por este Concilio del siglo XX. Como obispo que ha participado en el evento conciliar desde el primer al último día, deseo confiar este gran patrimonio a todos aquellos que son y serán llamados a ponerlo en práctica en el futuro. Por mi parte, doy las gracias al Pastor eterno que me ha permitido servir a esta grandísima causa en el curso de todos los años de mi pontificado.

In medio Ecclesiae... desde los primeros años de servicio episcopal -precisamente gracias al Concilio- he podido experimentar la comunión fraterna del episcopado. Como sacerdote de la archidiócesis de Cracovia ya sabía que es la comunión fraternal el presbiterio -el Concilio abrió una nueva dimensión de esta experiencia.

5. Cuántas personas tendría que nombrar aquí! Probablemente el Señor Dios habrã llamado a Su seno a la mayoría de ellos. Por lo que se refiere a los que todavía se encuentran en esta parte, que las palabras de este testamento les recuerden, a todos y en todas partes, allí, donde se encuentren.

En el curso de más de veinte años desde cuando presto el servicio Petrino in medio Ecclesiae he experimentado la benévola y muy fecunda colaboración de tantos cardenales, arzobispos y obispos, de tantos sacerdotes y personas consagradas -hermanos y hermanas-, en fin, de tantísimas personas laicas, en el ambiente curial, en el Vicariato de la diócesis de Roma, y también fuera de estos ambientes.

Cómo no abrazar con grata memoria a todos los episcopados del mundo, con los cuales me he encontrado a lo largo de las visitas ad limina Apostolorum !Cómo no recordar también a tantos hermanos cristianos no católicos! !Y al rabino de Roma y a tantos numerosos representantes de las religiones no cristianas! !Y cuántos representantes del mundo de la cultura, de la ciencia, de la política, de los medios de comunicación social!

6. A medida que se avecina el límite de mi vida terrenal vuelvo con la memoria al principio, a mis padres, al hermano y la hermana (que no conocí porque murió antes de que yo naciese), a la parroquia de Wadowice donde fui bautizado, a esa ciudad que amo, a mis coetáneos, compañeras y compañeros de la escuela primaria, del bachillerato, de la universidad, hasta los tiempos de la ocupación, cuando trabajé como obrero y después en la parroquia de Niegowic, en la cracoviana de San Floriano, en la pastoral de los universitarios, en aquel ambiente .... en todos los ambientes ... en Cracovia y en Roma ... en las personas que de forma especial el Señor me ha confiado.

Quiero decir a todos sólo una cosa: "Que Dios os recompense".

In manus Tuas, Domine, commendo spiritum meum

A.D.

17 de marzo 2000

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