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06:35 am. El presidente Álvaro Uribe‚ reiteró que no se devolverá con recursos del Estado‚ el dinero que perdieron las personas en las "pirámides" y dijo que se estudian mecanismos para reparar a los estafados. •–•

Opciones: La reducción de la distancia que separa a los negociadores se ve favorecida por una serie de componentes que son vistos por el Gobierno como aspectos positivos de este encuentro bilateral del libre mercado de capitales. La delegación colombiana ve con buenos ojos la mayor diversidad de servicios y productos bancarios que puede ofrecer el TLC, unida a un mayor nivel de competencia y eficiencia en el servicio, para lo que se prevé incluso una probable transferencia de tecnología. En este aspecto del TLC, y según la promesa oficial -rubricada en el seminario en mención-, Colombia negociará sobre la base de lo que ha sido ortodoxia en su política financiera: la protección de los ahorradores en un esquema financiero inevitablemente más abierto que el actual, lo que supone conciliar tal escenario con su manifiesto deseo de mantener a rajatabla el control sobre las políticas cambiarias y monetarias, lo que en palabras de la negociadora Mónica Cheng equivale a que el país asuma que "liberalizar el sistema no significa que se libere el control en el flujo de capitales".

Pese a que el parte en la primera reunión entre los negociadores colombianos y estadounidense del TLC fue calificado como positivo y sin contratiempos, con el transcurrir de los días éstas los temas del agro y la propiedad intelectual han venido calentando la discusión.

Educación superior

La apertura en Colombia de universidades estadounidenses, afectadas por el descenso sostenido de sus matrículas ante las trabas migratorias impuestas a estudiantes extranjeros tras los atentados del 11 de septiembre, emerge como un escenario casi seguro del capítulo de servicios transfronterizos TLC relativo al tema de la educación, un sector incluido en el rubro de los servicios (comercio, administración, justicia, etc.) que sumados representan dos terceras partes del PIB en la mayoría de los países.

Riesgos: La negociación para Colombia en este punto connota grandes dificultades. Una de ellas, en palabras del viceministro de Educación, Óscar Botero, remite al "serio problema migratorio" que supone la rigidez imperante en la concesión de visas para estudiantes y profesores extranjeros, restricciones de las que se ha quejado incluso la prestigiosa Universidad de Harvard, a través del presidente de su consejo directivo, Lawrence Summers.

Más preocupante resulta la posibilidad de que Estados Unidos se abstenga de homologar títulos otorgados en el exterior por sus propias universidades, lo que pondría la educación prestada por instituciones extranjeras en la categoría de inversión directa, similar a la de sectores como el hotelero, donde la prestación del servicio se convierte en un objetivo en sí, desprovisto del interés colombiano por que este capítulo del TLC sea parte sustancial de la transferencia de tecnología y conocimiento necesaria para apalancar una estrategia de desarrollo.

Opciones: Una mesa de trabajo conjunta, abierta por la Cancillería colombiana y por la Embajada de Estados Unidos en nuestro país para tratar el tema de las visas ofrece solo una idea acerca de la magnitud del reto asumido por el equipo negociador para darle a este punto un resultado presentable. En cuanto al carácter más asimétrico de la relación bilateral con Estados Unidos, estos justifican su política recordando a sus contrapartes que es un tratado de libre comercio y no de libre circulación de personas.

De momento, la respuesta del equipo negociador colombiano ha sido la de que nuestro país garantizará que las universidades foráneas se ajusten a las exigencias de calidad concebidas en la ley, un objetivo apenas lógico que choca con otras realidades. Una de ellas, la creciente oferta de programas a través de internet, cuyo control se erige como imposible y ante lo cual existe la promesa colombiana de confeccionar una lista de carreras y universidades virtuales que puedan ser reconocidas a través de una especie de certificación anual.

Agricultura

Calificado por partidarios y adversarios del libre mercado como el tema de negociación donde las asimetrías son más protuberantes, la liberalización comercial de la agricultura plantea la posición más soberanista dentro del equipo negociador del Gobierno que, en cabeza del ministro de Agricultura, Carlos Gustavo Cano, ha planteado tres objetivos bajo las cuales nuestro país debe negociar con Estados Unidos: libre acceso a mercados, eliminación de los subsidios a las exportaciones y supresión de las ayudas internas a los agricultores. En síntesis, ni más ni menos, el desmonte del modelo bajo el cual Estados Unidos ha ejercido como potencia alimentaria y vital proveedora de productos como fríjol, algodón, cereales y leguminosas con destino a economías emergentes.

Riesgos: Es, sin duda, el tema más espinoso de la negociación del TLC. Exonerado en 1993 del tratado comercial suscrito por Colombia con México dentro del G-3, el intercambio agropecuario con este país ha tenido un pobre desempeño, lo que ha valido a economistas como Juan José Echavarría para culpar de ello a su ausencia en el proceso negociador llevado a cabo con el Gobierno mexicano. Pese a tal argumento, encaminado a motivar la anuencia del sector en la negociación iniciada con Estados Unidos, el mayor peligro que se cierne en el terreno agropecuario es la simple vigencia de un tratado bilateral que no incluye el desmonte de ayudas internas a los agricultores norteamericanas, pero que, en cambio, consagra lo peor del comercio asimétrico: barreras no arancelarias -fitosanitarias, ambientales, etc.-, patentes sobre agroquímicos y subvenciones estatales y federales a sectores de producción sucedáneos de renglones agrícolas en los que Estados Unidos es deficitario.

Opciones: A diferencia de otros temas del TLC, la respuesta de Colombia, que ha provocado más de una fricción dentro del Gobierno, sigue apoyada en lo que puedan alcanzar los países pobres en el seno de la Organización Mundial del Comercio para el logro de un comercio justo. El pesimismo respecto a que esta instancia multilateral pueda conseguir el desmonte de las odiadas ayudas es elocuente, ante lo cual las fórmulas de Colombia apuntan a paños tibios: cláusulas automáticas de salvaguarda, derechos anti dumping , derechos compensatorios e incluso aranceles específicos y contingentes arancelarios, además de la conversión del Aptdea -antigua Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (Atpa)- en preferencias arancelarias permanentes, no sometidas al examen periódico, como forma de garantizar el acceso de parte estratégica de nuestra producción agropecuaria a los mercados norteamericanos.

Por Fabio Fandiño Pinilla
Periodista Unimedios.


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