Opciones: La reducción de la distancia
que separa a los negociadores se ve favorecida por una
serie de componentes que son vistos por el Gobierno como
aspectos positivos de este encuentro bilateral del libre
mercado de capitales. La delegación colombiana
ve con buenos ojos la mayor diversidad de servicios y
productos bancarios que puede ofrecer el TLC, unida a
un mayor nivel de competencia y eficiencia en el servicio,
para lo que se prevé incluso una probable transferencia
de tecnología. En este aspecto del TLC, y según
la promesa oficial -rubricada en el seminario en mención-,
Colombia negociará sobre la base de lo que ha sido
ortodoxia en su política financiera: la protección
de los ahorradores en un esquema financiero inevitablemente
más abierto que el actual, lo que supone conciliar
tal escenario con su manifiesto deseo de mantener a rajatabla
el control sobre las políticas cambiarias y monetarias,
lo que en palabras de la negociadora Mónica Cheng
equivale a que el país asuma que "liberalizar
el sistema no significa que se libere el control en el
flujo de capitales".
Pese a que el parte en la primera reunión entre
los negociadores colombianos y estadounidense del TLC
fue calificado como positivo y sin contratiempos, con
el transcurrir de los días éstas los temas
del agro y la propiedad intelectual han venido calentando
la discusión.
Educación superior
La apertura
en Colombia de universidades estadounidenses, afectadas
por el descenso sostenido de sus matrículas ante
las trabas migratorias impuestas a estudiantes extranjeros
tras los atentados del 11 de septiembre, emerge como
un escenario casi seguro del capítulo de servicios
transfronterizos TLC relativo al tema de la educación,
un sector incluido en el rubro de los servicios (comercio,
administración, justicia, etc.) que sumados representan
dos terceras partes del PIB en la mayoría de
los países.
Riesgos:
La negociación para Colombia en este punto connota
grandes dificultades. Una de ellas, en palabras del
viceministro de Educación, Óscar Botero,
remite al "serio problema migratorio" que
supone la rigidez imperante en la concesión de
visas para estudiantes y profesores extranjeros, restricciones
de las que se ha quejado incluso la prestigiosa Universidad
de Harvard, a través del presidente de su consejo
directivo, Lawrence Summers.
Más
preocupante resulta la posibilidad de que Estados Unidos
se abstenga de homologar títulos otorgados en
el exterior por sus propias universidades, lo que pondría
la educación prestada por instituciones extranjeras
en la categoría de inversión directa,
similar a la de sectores como el hotelero, donde la
prestación del servicio se convierte en un objetivo
en sí, desprovisto del interés colombiano
por que este capítulo del TLC sea parte sustancial
de la transferencia de tecnología y conocimiento
necesaria para apalancar una estrategia de desarrollo.
Opciones:
Una mesa de trabajo conjunta, abierta por la
Cancillería colombiana y por la Embajada de Estados
Unidos en nuestro país para tratar el tema de
las visas ofrece solo una idea acerca de la magnitud
del reto asumido por el equipo negociador para darle
a este punto un resultado presentable. En cuanto al
carácter más asimétrico de la relación
bilateral con Estados Unidos, estos justifican su política
recordando a sus contrapartes que es un tratado de libre
comercio y no de libre circulación de personas.
De momento,
la respuesta del equipo negociador colombiano ha sido
la de que nuestro país garantizará que
las universidades foráneas se ajusten a las exigencias
de calidad concebidas en la ley, un objetivo apenas
lógico que choca con otras realidades. Una de
ellas, la creciente oferta de programas a través
de internet, cuyo control se erige como imposible y
ante lo cual existe la promesa colombiana de confeccionar
una lista de carreras y universidades virtuales que
puedan ser reconocidas a través de una especie
de certificación anual.
Agricultura
Calificado
por partidarios y adversarios del libre mercado como
el tema de negociación donde las asimetrías
son más protuberantes, la liberalización
comercial de la agricultura plantea la posición
más soberanista dentro del equipo negociador
del Gobierno que, en cabeza del ministro de Agricultura,
Carlos Gustavo Cano, ha planteado tres objetivos bajo
las cuales nuestro país debe negociar con Estados
Unidos: libre acceso a mercados, eliminación
de los subsidios a las exportaciones y supresión
de las ayudas internas a los agricultores. En síntesis,
ni más ni menos, el desmonte del modelo bajo
el cual Estados Unidos ha ejercido como potencia alimentaria
y vital proveedora de productos como fríjol,
algodón, cereales y leguminosas con destino a
economías emergentes.
Riesgos:
Es, sin duda, el tema más espinoso de la negociación
del TLC. Exonerado en 1993 del tratado comercial suscrito
por Colombia con México dentro del G-3, el intercambio
agropecuario con este país ha tenido un pobre
desempeño, lo que ha valido a economistas como
Juan José Echavarría para culpar de ello
a su ausencia en el proceso negociador llevado a cabo
con el Gobierno mexicano. Pese a tal argumento, encaminado
a motivar la anuencia del sector en la negociación
iniciada con Estados Unidos, el mayor peligro que se
cierne en el terreno agropecuario es la simple vigencia
de un tratado bilateral que no incluye el desmonte de
ayudas internas a los agricultores norteamericanas,
pero que, en cambio, consagra lo peor del comercio asimétrico:
barreras no arancelarias -fitosanitarias, ambientales,
etc.-, patentes sobre agroquímicos y subvenciones
estatales y federales a sectores de producción
sucedáneos de renglones agrícolas en los
que Estados Unidos es deficitario.
Opciones:
A diferencia de otros temas del TLC, la respuesta de
Colombia, que ha provocado más de una fricción
dentro del Gobierno, sigue apoyada en lo que puedan
alcanzar los países pobres en el seno de la Organización
Mundial del Comercio para el logro de un comercio justo.
El pesimismo respecto a que esta instancia multilateral
pueda conseguir el desmonte de las odiadas ayudas es
elocuente, ante lo cual las fórmulas de Colombia
apuntan a paños tibios: cláusulas automáticas
de salvaguarda, derechos anti dumping , derechos compensatorios
e incluso aranceles específicos y contingentes
arancelarios, además de la conversión
del Aptdea -antigua Ley de Preferencias Arancelarias
Andinas (Atpa)- en preferencias arancelarias permanentes,
no sometidas al examen periódico, como forma
de garantizar el acceso de parte estratégica
de nuestra producción agropecuaria a los mercados
norteamericanos.
Por
Fabio Fandiño Pinilla
Periodista Unimedios.
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