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Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda
el viento.
Fosforece la luna sobre las
aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.
Se desciñe la niebla en danzantes
figuras.
Una gaviota de plata se descuelga
del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas,
estrellas.
O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi
alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Éste es un puerto.
Aquí te amo.
Aquí te amo y en vano te oculta
el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas
frías cosas.
A veces van mis besos en esos
barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.
Ya me veo olvidado como estas
viejas anclas.
Son más tristes los muelles
cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente
hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás
tú tan distante.
Mi hastío forcejea con los
lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza
a cantarme.
La luna hace girar su rodaje
de sueño.
Me miran con tus ojos las estrellas
más grandes.
Y como yo te amo, los pinos
en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre. |
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Puedo escribir los versos más
tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo:"La noche
está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira
en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más
tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la
tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también
la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más
tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa
sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Que importa que mi amor no
pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien
canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada
la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear
los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto,
pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como
antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto,
pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta
la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor
que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo. |
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Ausencia
Apenas te he dejado,
vas en mí, cristalina
o temblorosa,
o inquieta, herida por mí mismo
o colmada de amor, como cuando tus ojos
se cierran sobre el don de la vida
que sin cesar te entrego.
Amor mío,
nos hemos encontrado
sedientos y nos hemos
bebido toda el agua y la sangre,
nos encontramos
con hambre
y nos mordimos
como el fuego muerde,
dejándonos heridas.
Pero espérame,
guárdame tu dulzura.
Yo te daré también
una rosa. |
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Mujer, nada me has dado
Nada me has dado y para ti
mi vida
deshoja su rosal de desconsuelo,
porque ves estas cosas que yo miro,
las mismas tierras y los mismos cielos,
porque la red de nervios y
de venas
que sostiene tu ser y tu belleza
se debe estremecer al beso puro
del sol, del mismo sol que a mi me besa.
Mujer, nada me has dado y sin
embargo
a través de tu ser siento las cosas:
estoy alegre de mirar la tierra
en que tu corazón tiembla y reposa.
Me limitan en vano mis sentidos
-dulces flores que se abren en el viento-
porque adivino el pájaro que pasa
y que mojó de azul tu sentimiento.
Y sin embargo no me has dado
nada,
no se florecen para mi tus años,
la cascada de cobre de tu risa
no apagará la sed de mis rebaños.
Hostia que no probó tu boca fina,
amador del amado que te llame,
saldré al camino con mi amor al brazo
como un vaso de miel para el que ames.
Ya ves, noche estrellada, canto
y copa
en que bebes el agua que yo bebo,
vivo en tu vida, vives en mi vida,
nada me has dado y todo te lo debo. |