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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ (Escritor)
Colombia.com “Soy escritor, por timidez. Mi verdadera profesión es la de desprestigiador, pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco, que he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura. Ambas actividades en todo caso, conducen a lo único que me ha interesado desde niño: que mis amigos me quieran más. En mi caso, el ser escritor es un mérito descomunal, porque soy muy bruto para escribir. He tenido que someterme a una disciplina atroz para terminar media página en ocho horas de trabajo; peleo a trompadas con cada palabra y casi siempre es ella quien sale ganando”.

Ha sido uno de los responsables más importantes en llevar el buen nombre de Colombia a todos los rincones del mundo; no ha tenido que estar en cuerpo presente para cumplir su función de gran embajador, ni hacer escandalosos viajes para darse cuenta de la admiración que el mundo de la literatura le tiene, pues es el único hombre que logró incluir imaginariamente a Macondo en la geografía y en la literatura colombiana.

Macondo, es el mágico lugar que comenzó a moldear desde su obra “La Hojarasca”; el mismo pueblo que muere al llevárselo el viento en “Cien años de soledad”, la obra que le colocó en la espalda a Gabriel García Márquez el peso de un premio Nobel de Literatura, el que recibió el 10 de diciembre de 1982. Ese mismo día, “Gabo” se convirtió en el segundo escritor más joven premiado por la Academia Sueca, octavo del castellano y cuarto latinoamericano.

La historia de “Cien años de Soledad”, se encuentra en las letras de 34 idiomas, en donde figuran el esloveno, lituano, serbio, malayalam, croata y bosnio. Hoy, es libro obligado de leer, incluso, ha logrado tantos adeptos, que refrescan las historias de la familia Buendía cada año.

La obra Nobel de este colombiano nacido un 6 de marzo de 1927 en Aracataca (Magdalena), muy al norte de Colombia, es una de las pocas que en las estanterías puede darse el lujo de estar con grandes escritores de la historia, o al menos del siglo XX, pues para los conocedores de la literatura esta obra es considerada como una de las más valiosas del siglo pasado.

Algunas muestras: en la colección de “100 joyas del milenio”, de “El Mundo” de Madrid, la creación de Márquez fue el quinto número de la colección. Y una revista Suiza que en 1997 hizo una encuesta en más de una docena de países, que concluyó que el escritor colombiano es el más leído en los últimos cien años.

Lograr un Nobel para este escritor es el resultado de la terquedad, autenticidad y esfuerzo propio, pues antes de su obra cumbre no sólo se dedicó a escribir libros, también hizo
artículos para prensa, columnas de opinión, guiones y crítica de cine... y a pesar de ello, en algunas ocasiones la necesidad tocó la puerta de su casa.

“Gabo”, como le dicen sus hijos, sus amigos y el mundo literario en general, llegó por primera vez a la capital colombiana cuando tenía trece años de edad a estudiar en el Liceo Nacional de Zipaquirá; el frío del clima y ver la gente “enruanada” lo llevó a calificar a esta ciudad como “yerta y gris”, además de producirle “tristeza y asfixia”.

Terminados sus estudios, en 1947 ingresa a la Universidad Nacional, lugar donde conoció a Camilo Torres (conocido como el Che Guevara de los católicos) Ese mismo año y con sólo 20 de edad es publicado el 13 de septiembre su primer cuento “La tercera resignación”, en el diario “El Espectador”, uno de los más antiguos de Colombia y el que cuenta actualmente con 115 años de fundación.

Al año siguiente la universidad es cerrada y decide continuar en Cartagena, sin embargo, al no concluir los estudios, viaja en compañía de su mamá, Luisa Santiaga, hacia Aracataca (Magdalena), su lugar de nacimiento y en donde además de concebir a Macondo, se inclina por ser escritor.

Tras esa radical decisión, los periódicos regionales “El Universal” de Cartagena y “El Heraldo” de Barranquilla, fueron testigos de la evolución lírica de Márquez, quien en ese entonces comenzaba a gozar de buena crítica. Es allí, trabajando en el diario barranquillero donde conoce a importantes intelectuales y artistas de la época, entre ellos Álvaro Cepeda, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor, el artista Alejandro Obregón y el empresario Julio Mario Santodomingo, con quienes se reunía a hablar de literatura en una tienda bautizada como “La Cueva”.

Hasta 1952 trabajó en “El Heraldo”, y dicen que por un año se dedicó a vender enciclopedias en La Guajira. Lo cierto es que en 1954 regresó a Bogotá a trabajar en el diario “El Espectador” como crítico de cine y reportero. Allí su fama aumentó con el reportaje al marino Luis Alejandro Velasco, (historia real que después plasmaría en su libro “Relato de un Naufrago”, publicado en 1970) El reportaje causó malestar en el país, debido a que sacó a la luz pública una verdad que poco le convenía al gobierno dictatorial del general Gustavo Rojas Pinilla y que meses después terminaría con el cierre del periódico.

Con su cuento “Un día después del sábado” ganó en 1955 el concurso de la Asociación de Escritores; en ese mismo año edita su primera novela “La Hojarasca” (que había comenzado en 1950) y la que irónicamente fue rechazada por la Editorial Losada
de Buenos Aires. Aún así, la crítica lo consideró como “un novelista excepcionalmente lúcido y brillante, aunque no haya escrito aún una gran novela... es un novelista nuevo, tal vez el que hace tiempo esperábamos todos”.

Con el cierre de “El Espectador”, este costeño viaja a la ciudad de París y es allí donde escribe “El coronel no tiene quien le escriba” y “La mala hora”, pero es allí donde pasa también una serie de estrecheces, tan así, que tuvo que vender botellas vacías de vino para poder comprar pan y escondérsele a la casera cada vez que le cobraba la renta. Afortunadamente para “Gabo”, sus amigos lo socorrieron hasta que decidió probar suerte en Caracas (Venezuela)

Ya en el vecino país Márquez se describía como un “Feliz e indocumentado” (1973), pues allí trabajó para la revista “Momento” y “Venezuela gráfica”, en esta última como jefe de redacción. Sin embargo, su estadía allí no fue tan prolongada, pues al año siguiente; un día de 1958, viaja apresuradamente a Barranquilla (Colombia), para contraer matrimonio con Mercedes Barcha, su novia de toda la vida, y a quien le había prometido matrimonio diez años atrás. Para ese entonces “Gabo” tenía 39 años.

Para muchos de sus ilustres amigos, quienes en varias ocasiones han escrito del Nobel colombiano, Mercedes es pieza fundamental en la carrera de este escritor. Así lo describe por ejemplo, José Font Castro, en un artículo hecho sobre su amigo a uno de los diarios más importantes del país: “La mayoría de sus libros han sido credos al lado de Mercedes y en cierto modo enriquecidos por ella, que a veces conserva más frescos algunos recuerdos de muchos de los dichos y de los mitos y leyendas que ambos escucharon de labios de las viejas en los días de su niñez”.

El primer fruto de la unión nace el 24 de agosto de 1959, Rodrigo, su primogénito y quien fue bautizado por su amigo de universidad Camilo Torres... dos años más tarde viaja nuevamente, esta vez a Cuba y Nueva York en 1961, para trabajar en dos magazines “La Familia” y “Sucesos”. Sin embargo, la vida en la ciudad estadounidense no termina por convencerlo y decide irse a lo que hasta hoy sería su segunda patria: México.

Una de las principales obsesiones de vivir en el país azteca era incursionar en el cine sin importar los inconvenientes, uno de ellos para empezar; no tenía visa de trabajo. Pero aunque trabajaba en esta nueva meta, no interrumpió su disciplina como escritor, pues mientras trabajaba en la revista “Sucesos” y disfrutaba el nacimiento de su segundo hijo, Gonzalo, publicó “Los funerales de la mamá grande”, que mantuvo
por años en un rollo, amarrado por una corbata.

Su propósito de estar en el mundo del cine se logró en 1964; pues hizo buena amistad con Luis Buñuel y con gente del cine de avanzada del país “manito”. Uno de ellos, un joven de 21 años llamado Alfredo Ripstein, a quien Márquez le escribió el guión de “Tiempo de morir“, y al mismo que casi cuarenta años después le entregaría “El coronel no tiene quien le escriba” para que lo llevara al séptimo arte.

Al año siguiente comienza a crear durante 18 meses lo que posteriormente se convirtió en el único Nobel de Literatura para Colombia y en la misma Biblia para su escritor, finalmente publicado en 1967. Desde ese entonces decidió escribir diariamente desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, al mismo tiempo que iba dejando el hábito de fumar, y cuando finalmente lo cumple, su esposa coloca todas las mañanas una flor amarilla en su escritorio.

A partir de ese año la lluvia de premios y elogios se intensificó; en 1971, la Universidad de Columbia le otorgó un “Honoris Causa”, claro está que para ir a recibirlo, Estados Unidos le otorgó sólo la visa condicionada, pues siempre se la había negado desde que trabajó con “Prensa Latina”.

Su vieja máquina de escribir es reemplazada en 1972 por una eléctrica, gana el Rómulo Gallegos y publica “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada” en cuyo volumen se incluyeron los cuentos “El mar del tiempo perdido” (1961) y “Muere constantemente más allá del amor” (1970) Luego “Ojos de perro azul” con varios de sus relatos de 1947 y 1955.

“El otoño del patriarca” finalmente apareció en 1975, éste es uno de los libros para el que más ha investigado, pues durante diez años se dedicó a estudiar a los dictadores latinoamericanos, fue uno de los escritos que tuvo más pausas desde 1962, año en que comenzó a gestarlo. En ese 1975 en Barcelona, publica “Todos los cuentos”. Irónicamente “Gabo” había dicho que luego de terminar “El otoño...” no volvería a escribir porque “ya había escrito el plan de libros que tenía para veinte años”.

Al año siguiente aparece en las estanterías “Crónicas y reportajes”, una selección de sus columnas en “El Espectador” de 1954 a 1955. Ya en el 77 publica “Operación Carlota”, en el 78 “Crónica de una muerte enunciada”. Entre 1981 y 1982 sale a la venta la recopilación periodística “Textos costeños” y “Entre cachacos”. En esa misma época y tras 25 años, reanudó su colaboración con “El Espectador”.

En el 82, y meses antes de recibir en Nobel de Literatura, con Plinio Puleyo Mendoza publicó “El olor
de la guayaba”, mientras que México le otorgaba el Águila Azteca. Treinta y cinco años después de su primer cuento, publica “El verano feliz de la señora Forbes”.

El 21 de octubre de ese mismo año recibe la noticia de que le sería otorgado el Premio Nobel de Literatura, que finalmente recibió el 10 diciembre y lo haría protagonista de primera página en los medios más importantes del mundo.

Luego del Nobel se editó el guión cinematográfico “El secuestro” y en 1985 su máquina de escribir eléctrica es desterrada por un computador, en el que termina “El amor en los tiempos del cólera”, obra que había iniciado dos meses antes del gran premio. En diciembre de ese año la película “Tiempo de morir”, dirigida por el colombiano Jorge Alí Triana ganó el premio del II Festival de Río.

De ahí en adelante el cine seguiría siendo tema importante en su vida como escritor, pues desde ese año preside la Fundación para el Cine Latinoamericano en Cuba. “Gabo”, además de guionista de cine, escritor y periodista, es crítico del séptimo arte, experiencia complementada con estudios hechos en el Centro Experimental para el cine en Roma y luego enseñó en la Escuela Cinematográfica de la Autónoma de México, para la que escribió los guiones de la serie de seis películas “Amores difíciles”; luego vinieron proyectos como el guión de “María”, “Crónicas de una generación” y “Edipo alcalde”.

“La aventura de Miguel Litín” se hace pública en 1986, dos años después se convierte en el único escritor en castellano que hizo parte de los mejores del diario “New York Times”.

Por fin en 1989 termina la obra inspirada en la vida del libertador Simón Bolívar que siempre quiso, pero no como un héroe de conquista como está plasmado en los libros de historia, sino como un ser desnudo, sin uniformes, colores o coronas y atacado por el estreñimiento.

“Doce cuentos peregrinos” aparecen en 1992 y dos años más tarde “Del amor y otros demonios”. En ese mismo 94 hace parte de la Comisión de Sabios que llamó el entonces presidente César Gaviria Trujillo y en el que hicieron parte, además, el científico Manuel Elkin Patarroyo, Rodolfo Llinás, Marco Palacios, entre otros.

Ya en 1996 sale al público una de las obras que más discusión ha tenido “Noticia de un secuestro”, en donde narra día a día las experiencias vividas por varios periodistas que son secuestrados por “Los Extraditables”, organización liderada en ese tiempo por el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria.

Actualmente a sus 75 años de edad, se dedica a escribir sus memorias y participa en la revista colombiana “Cambio”.
 
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