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VALERIANO LANCHAS (Cantante de ópera)
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Colombia.com Valeriano Lanchas no es un famoso cantante de rock que logra producirle desmayo a las jovencitas del mundo pero en su medio es una verdadera estrella de la música. Con sólo 27 años, este “bogotanísimo”, como se declara, ha logrado convertirse en uno de los cantes de ópera más promisorios del mundo.

“Yo me comparo con un pingüino”, dice con una sonrisa en el rostro. ¿Pingüino? “Sí, porque fuera del agua son muy tímidos, pero cuando se meten a nadar nadie les gana, allá arriba, en el escenario, me siento como un pingüino en su estanque”, asegura observando desde la primera fila el escenario del Camarín del Carmen. Éste fue el primer lugar donde cantó y maravilló a quienes lo escucharon en su audición.

Empezó a los 16 y parece que ya no hay posibilidad de detenerlo. Ha cantando al lado de Luciano Pavarotti y de Plácido Domingo, ha sido su pupilo; ha participado en importantes espectáculos y ha ganado prestigiosos premios internacionales, sin embargo, él es un joven como cualquier otro que extraña la comida de su casa (vive actualmente en Washington), que se apasiona por una camiseta con el emblemático indio de Pielroja y que sin problema se deja seducir por los tenis de moda o por la música del momento.

A Colombia ha venido los últimos años para participar en las Temporadas de Ópera. En el 2003 interpretó a Raimundo Bide the Bent en “Lucía de Lammermoor”. “Yo soy el capellán de la familia, el mediador, el que evita que las familias entren en grandes peleas. Éste es sin duda el papel más grande que he cantando en Colombia. Es un reto enorme porque siento que es como una graduación frente a mi gente”, asegura con los ojos bien abiertos y agrega: “‘Lucía’ es una ópera que se ha hecho muchas veces pero yo la he visto bastante y puedo decir que esta producción en particular tiene un reparto increíble, un montaje espectacular”. Por eso está seguro que quienes se dejen seducir por ella podrán pasar un momento inolvidable.

En el 2004 hizo parte del elenco de "Le Cenenterola" (La Cenicienta) de Giacchino Antonio Rossini, donde le dio vida a Dandinni, el ayudante del Príncipe.

¿Qué tiene este espectáculo para haberlo enamorado? ¿Por qué no escoger el rock, el pop o cualquier ritmo pegajoso y moderno para hacerse famoso? Nuevamente una sonrisa se dibuja en su rostro. Sin pensarlo mucho contesta: “La ópera es un arte como cualquier otro pero a mí me impresiona
saber que todo lo que pasa en ella es totalmente honesto, es arte vivo. Es como una instalación artística, como si uno se fuera a un museo y La Monalisa se bajara del cuadro y te diera un abrazo. Así me siento yo, en medio de un espectáculo cargado de historia pero que de principio a fin se arma para acercarse a la gente”.

Y antes de que se le vaya la idea, complementa su respuesta dando un último dato que a veces pasa inadvertido. “Los cantantes de ópera son los únicos que todavía cantan sin micrófono ante cientos de personas y se hacen escuchar”.

Con estrella propia

Para muchos la carrera de Valeriano Lanchas ha ido de la mano de una gran estrella de la suerte. Él sabe que la tiene, pero a esa suerte le ha sumado trabajo, disciplina y constancia.

Su amor por la ópera empezó cuando era un niño. “A los seis años yo le dije a mi mamá que me llevara a la ópera, porque ella acostumbraba a ir. En mi casa se oía de todo, desde mariachis hasta la sinfonía de Bethoven. El día que fui por primera vez quedé enamorado y le dije a mi mamá que quería ser cantante de ópera. Uno siempre quiere ser muchas cosas cuando es niño, pero todavía, hoy en día no he cambiado de opinión”.

Aunque parezca exagerado, él era de los que no se perdía función de ópera en Bogotá. “Iba a todas las óperas que se presentaban aquí y esperaba hasta el final para pedirle autógrafos a los cantantes, me conozco todo los recovecos del teatro Colón mejor que un tramoyista”.

La fiebre por este arte fue tal que para acercarse más a él decidió aprender a cantar bien. Y es aquí donde empieza la historia de su carrera musical. “Me inscribí en clases de canto porque me gustaba y con mi papá trabajábamos juntos, a él le gustaba tocar piano, aunque era un matemático, pero lo hacíamos bien. Así que un día, en marzo de 1993, me averigüé que Gloria Zea iba a hacer audiciones para la Ópera de Colombia. Así que llegue al Camarín del Carmen, con mi chaquetica en la mano, dispuesto a cantar. Tenía 16 años y escogí dos áreas de la ‘Flauta Mágica’”.

Gloria Zea, la directora de la Ópera de Colombia, recuerda con alegría el momento en que conoció a Lanchas. “Cuando vi que iba a cantar dos áreas de la ‘Flauta Mágica’ que son dificilísimas me dije, ese muchacho se va a suicidar en el escenario. Pero él botó el chicle, se subió y cantó divino”.

Lanchas no sólo sorprendió a Zea. Quienes
lo escuchaban sabían que iba a lograr sobresalir en la ópera. “En 1995 Pavaroti vino a Bogotá. Él tenía un concurso de canto muy famoso, alcancé a participar en la última versión y lo gané. Así que recibí su apoyo. Él me dijo que si yo era inteligente podía utilizar el Concurso para estudiar en el mejor sitio y después ir tras la fama, que tenía toda la vida para ser famoso. Y me dije, es señor debe saber del asunto, así que me fui a estudiar en Filadelphia, Estados Unidos”.

Así empezó la segunda etapa de su prestigiosa carrera. La primera fue cuando Gloria Zea, después de escucharlo y enviarlo a estudiar por un tipo, le dio finalmente la oportunidad de debutar con la Ópera de Colombia.

Luego, Lanchas se concentró en el Curtis Institute of Music de Tosca, en Filadelfia y allí se graduó con el premio de la “Carrera más promisoria”. Tomó clases con profesores de la talla de Thomas Hampson, Renata Scotto, Armen Boyajian y Tom Krause, entre otros. “Estudié muy juicioso y gané ese premio, así que hice una grabación y la envié para participar en el concurso de Plácido Domingo. Lo conocí en octubre de 2001 en Washington, participé y gané”, dice.

Esta es la tercera etapa. Ganar el Concurso Operalia 2001, que se celebró en Washington significó contar con un nuevo apoyo, el Domingo. “El estaba organizando el programa de Jóvenes Cantantes en Washington y me ofreció ser parte de ese proyecto. Yo pensé medio segundo y acepté. Ahora él es el director de la Ópera de Washington y esto para mí ha sido como un nirvana. Me ha dirigido, he participado en óperas importantes, en conciertos con él y he podido cantar con personajes que de los que yo compraba discos desde chiquito”, explica Lanchas con tono de alegría.

Y agrega: “Siempre trato de comparar la vida actual, lo que me está pasando, con mi niñez bogotana. Creo que la vida tiene muchos capítulos que se conectan entre sí y esta ciudad, mi país es uno de los más importantes, es la base, fue mi trabajo aquí el que me permitió llegar a donde estoy ahora”.

A Lanchas no le piden autógrafos y pocos lo reconocen cuando camina desprevenidamente en las calles pero él sabe que es una estrella y eso lo invita a dormir tranquilo y seguir pensando que la ópera, ese arte que parece antiguo, lejano y de gente que canta muy duro, es lo mejor que le ha pasado en su vida.

Texto y fotos: Katherine Moreno Sarmiento
 
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