(07/Nov/2006): Por: Cecilia López Montaño. Senadora de la República. Partido Liberal
El gobierno colombiano está viviendo momentos difíciles en el Congreso de la República. Su bancada, aún bajo mucha presión del Presidente Uribe, no se disciplina y no está acompañando al gobierno de manera que puedan salir adelante con sus reformas. A su vez, la oposición más coordinada, está dejando en claro su rechazo a muchas de las iniciativas del gobierno.
No se creyó nunca, al iniciarse esta segunda fase de la administración Uribe, que se darían situaciones de esta naturaleza. Con más de 7 millones de votos, con claras mayorías en el Congreso y un Partido Liberal derrotado de manera contundente, el camino del gobierno se veía despejado y sin mayores problemas. La agenda legislativa se suponía clara de manera que era previsible que el gobierno lograra las transformaciones que deseaba en impuestos, en la Ley 100 y en el Sistema General de Transferencias. Pero, nada de esto está sucediendo.
No ha sido fácil el inicio de este nuevo período presidencial. Demasiados problemas en casi todos los frentes. Se han presentado balances muy negativos sobre la salud en Colombia que demuestran que poco ha hecho el gobierno en la dirección correcta; el sector rural está en franco estancamiento creciendo a tasas insignificantes cuando se está en un período de crecimiento económico; el desempleo abierto en ascenso y también el subempleo, no obstante el casi 6% de crecimiento de la economía; y para hacer más complejo el panorama, la sombra de falsos positivos, el choque de trenes entre las Cortes, dudas sobre el accionar de la fuerza pública.
En síntesis, los dos pilares de la política del presidente Uribe, la Seguridad Democrática y la economía no están libres de resultados preocupantes. Se le han dado suficientes razones a la oposición para cuestionar duramente al Gobierno y sus mayorías están perdidas en el clientelismo y en los escándalos de para militarismo en sus filas de políticos.
Ante estas circunstancias, lejos de darse una seria autocrítica en el Gobierno, han adoptado una actitud autista. No oyen sino que por el contrario, lejos de defenderse, agraden. En medio de esta situación, los eventos de la semana anterior han enrarecido aún más el ambiente político. La guerra declarada por el Presidente Uribe que acabó con la posibilidad de un Acuerdo Humanitario, se trasladó al Congreso. La oposición tiene el espacio para oponerse a proyectos que considera regresivos en medio de una situación social compleja, que perdió la oportunidad de un período de crecimiento económico para avanzar en este tema crucial.
Se está dando una clara lucha de poder que el uribismo, en medio de su arrogancia, no parece percibir. Tienen que comprender que ya llevan cuatro años de gobierno y por consiguiente las excusas del poco éxito en muchas áreas no valen.¿Más guerra cuando no han logrado un golpe certero en las FARC? ¿Hasta cuando les van a servir las carreteras ahora transitables como éxito de la Seguridad Democrática? ¿Rescate a la fuerza de los secuestrados en vez de un Acuerdo Humanitario?
Hasta el momento la oposición ha tenido algunos fracasos pero muchos éxitos. En particular el Partido Liberal ha mostrado coherencia, disciplina, ha logrado debates serios y bien documentados y ha podido, junto con el Polo Democrático, frenar aprobaciones a la carrera como la que se trató de hacer con la Ley de Transferencias. Pero esta lucha de poder apenas se inicia y lo importante es que la sociedad colombiana salga ganado y no perdiendo. Este es el gran reto de la oposición.