(19/Abr/2007):Por Cecilia López Montaño, Senadora de la República
Ser pobre no es fácil en ninguna parte del mundo pero si hay una gran diferencia entre ser pobre en un país desarrollado y en otro como Colombia. En este país se junta el hecho de no ser rico con la profunda insensibilidad del gobierno y de toda la sociedad. La diferencia fundamental no es sola la existencia de redes de solidaridad que garantizan un mínimo de calidad de vida a todos los ciudadanos de un país desarrollado, sino el orden, la organización que limita o castiga la ineficiencia y la irresponsabilidad de aquellos prestadores de servicios públicos. Las dos son claras carencias en Colombia que terminan castigando a todos los pobres.
La situación de los niños muriéndose de hambre en el Chocó y la incapacidad del país para atender eficientemente sus necesidades es prueba de las dos falencias. Lo que más enerva es la actitud olímpica de los funcionarios responsables de atender a los sectores pobres del país. Inadmisible la frase de la directora de Bienestar Familiar al afirmar que "no puede ponerle un policía a cada kilo de bienestarina". La verdad es que si es su responsabilidad velar porque la benestarina no termine en las fincas alimentando cerdos cuando los niños se mueren de hambre. ¿Dónde estaba su oficina de control interno? ¿Y donde la directora del Bienestar del Chocó? Todos ellos se deberían ir y lo mimo la señora Forero que dice mentiras sobre las cifras de desnutrición de Colombia. Si aumentó la desnutrición en Colombia en los últimos cinco años, es decir durante el gobierno del señor Presidente Uribe. La desnutrición aguda, bajo peso para la talla, pasó de 0.8 a 1.3%, y la desnutrición global, bajo peso por edad, subió de 6.7 a 7, según la última encuesta de Demografía y Salud, cuadro 11.10 página 273. A lo que ella se refiere es la menos significativa que es la desnutrición crónica que bajó de 13.5 a 12.1 y debería se 4. Al paso que va se necesitarían 30 años para llegar al nivel aceptable. Nada para declarar victoria como ella pretende hacerlo. Esos funcionarios no deberían manejar la política social porque sus omisiones y actitud olímpica cobran vidas. Así de simple.
Y como si esto no fuera suficiente ahora viene el tema del transporte público. Si algo le ha dado gran popularidad al señor Presidente Uribe es la garantía de que todos los que tienen carro pueden transitar de manera segura por las carreteras del país Esto ha resultado cierto para las clases medias y sobretodo para los ricos. Como contraste, el transporte público en carreteras para los pobres se ha vuelto un verdadero viacrucis. No es fácil reponerse de la tragedia del bus en la troncal del Caribe. Primero, donde estaban las autoridades para evitar el exceso de velocidad que sin duda llevaba este carro, pero peor aún, donde diablos está el Ministro de Transporte que no ha logrado que haya controles para los horrores que se cometen en los buses que transitan las carreteras. Como en estos buses no se suben los ricos y menos de Santa Marta a Dibuya, los controles no importan en un país donde las clases altas tienen todos los privilegios y los pobres todos los costos. Por las declaraciones que se han escuchado, la existencia de estos buses inadecuados para transportar personas es suficientemente conocida. ¿Por qué no se ha actuado¿ Esa es la pregunta de fondo. De nuevo, su omisión les costó la vida de la manera más terrible a 27 personas. ¿Es eso justo?
La conclusión es que el subdesarrollo que implica carencia de redes sociales, falta de orden, de eficiencia y de castigo para los funcionarios olímpicos e irresponsables, le cuesta es a los pobres de Colombia. Por ello en este país es una verdadera desgracia ser pobre.