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Lo que empezó como una controversia terminó
en un feroz ataque
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Para
la ministra Consuelo Araujonoguera, no existe el menor
interés en continuar con tal debate. Para ella es más
importante colocar un punto final a este desagradable
episodio y retomar los objetivos trazados.
El
motivo principal de semejante controversia es económico,
bien sea por que a juicio de muchos el ministerio no ha
distribuido de manera correcta los pocos recursos con
que cuenta y por otro, por que hasta el momento las actividades
culturales en general venían siendo manejadas por "particulares"
y fueron vistas siempre como una "empresa" .
Desafortunadamente la prioridad en el país siempre ha
estado dada por el espectáculo y en ese sentido, la
verdadera cultura, la expresión misma del país, ha quedado
relegada a un segundo plano.
Casos
concretos como la Temporada de Opera 2000 y el XII Festival
de Jazz del Teatro Libre de Bogotá, son apenas la punta
del iceberg; de una situación de la cual hasta ahora
se le empiezan a conocer sus verdaderas características.
La ministra y como primera medida, no está interesada
en continuar polemizando. "Nuestra posición obedece
a unas políticas contempladas dentro de la Ley General
de la Cultura y eso no admite discusión, de hecho, no
hemos dado respuesta a ninguna de las múltiples columnas
en las que se nos ataca casi despiadadamente" admitió.
Para
el ministerio, lo verdaderamente importante es seguir
adelante con sus diferentes proyectos, en los que lo prioritario
es hacer gran inversión social en todas las regiones del
país.
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Hay algunos sectores que se encuentran incomodos
con la gestión de la ministra
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Para
Araujonoguera, toda esta situación comienza desde el mismo
momento en que el Presidente Andrés ¨Pastrana la nombra
como Ministra de Cultura. "Hay en Bogotá sectores que
tradicionalmente han considerado que tienen escriturado
o que tiene derechos divinos sobre determinadas áreas
como la cultura, entendida, manejada, interpretada, proyectada
y desarrollada por ellos" , afirmó.
Para la funcionaria, es difícil de comprender que un ministerio
con un presupuesto tan escaso, esté invirtiendo más que
en políticas culturales, en espectáculos, muy calificados,
pero que no pertenecen a nuestra cultura nativa, especialmente
cuando existen tantas manifestaciones autóctonas que se
encuentran descuidadas.
Esas declaraciones se convirtieron pronto en el "Florero
de Llorente" que aquellas "vacas sagradas" y muchos
oportunistas necesitaban para multiplicar el malestar
generado por su nombramiento, por el control generado
a los recursos destinados a sus actividades, por la
intromisión dentro de la actividad cultural en general
de una persona foránea, de extracción regional y popular.
Los
pecados de la ministra y del ministerio fueron no haber
tomado la iniciativa desde el primer momento, no haber
hecho valer su autoridad gubernamental y no salir al paso
a declaraciones desobligantes que lo único que lograron
fue descontextualizar la controversia y entrar a personalizarla,
dejando atrás los aspectos verdaderamente importantes
y relevantes.
A
este punto de la discusión, ya no importa si la ministra
tenía razón, la cuestión se desvió llegando incluso al
agravio, al insulto. Paradójicamente casi todos aquellos
que exigieron más cultura en su momento, brillaron por
los niveles de procacidad en sus manifestaciones.
Sergio
Camargo
peregrino@colombia.com
Colombia.com
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