|
Alemania
quería que los Juegos Olímpicos se desarrollaran de
la mejor forma posible. Para organizar estas Olimpíadas
los gastos fueron de aproximadamente 800 millones de
dólares. Las cifras fueron suficientes para la construcción
de instalaciones modernas y confortables.
Pero el sueño alemán duró poco. Once integrantes de
la delegación judía fueron asesinados por un grupo terrorista
árabe llamado Septiembre Negro. El crimen paralizó las
competiciones durante 24 horas e incluso se habló sobre
la suspensión del evento. Pero el presidente del Comité
Olímpico Internacional, Avery Brundage decidió continuar.
Los organizadores quisieron concentrar el máximo de
pruebas en el mínimo de espacio para evitar otro caos
y proteger a los atletas y al público.
Alemania hizo un esfuerzo para mostrar que el país de
la post guerra tenía un nuevo espíritu. Tanto así que
escogió a Munich, una de las ciudades más bonitas del
mundo, para ser sede del evento. La paz era una meta
y los soldados que vigilaban la Villa Olímpica no portaban
armamento.
En la ceremonia de apertura el 26 de agosto, hubo mucha
alegría, música y colores. Surgió además la primera
mascota del verano: Wald, un perro. Comenzó cuando desfiló
personas que pertenecían a la entidad tradicional de
Munich. Ellos se presentan cada siete años para agradecer
que la ciudad haya sobrevivido la plaga de la Edad Media.
Atrás venían las banderas de los países participantes
y los atletas. Por primera vez en la historia olímpica
una mujer, la alemana Heidi Schueller, hizo el juramento
de los atletas. Durante la ceremonia, hicieron un homenaje
a los muertos del campo de concentración de Dachau en
la segunda Guerra Mundial.
Al final, se hizo una ceremonia en memoria de los trágicos
acontecimientos acaecidos durante estas Olimpíadas.
Avery Brundage con 85 años leyó por última vez en dos
décadas la declaración de cierre de los juegos.
|