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El juego como factor de desarrollo

El juego ha sido a través de la historia una de las herramientas instintivas más poderosas de aprendizaje y se presenta en infinidad de especies de mamíferos que de manera espontánea ensayan diferentes formas de juegos de supervivencia, ubicación y aceptación dentro de un grupo, que les permite en el futuro ser el líder hembra o macho, dentro de un clan, manada o tribu y de allí que con mayor razón, el animal humano, haya dispuesto beber de esta eterna fuente creativa para el desarrollo de estados culturales más elevados y siendo el juego un elemento utilizado indistintamente en el desarrollo de la civilización, es a su vez un rasgo que está presente en todas las culturas.

En la cultura griega, la constante búsqueda de la perfección del hombre en un sentido integral y amplio de la expresión, los llevó a generar sofisticados sistemas educativos en los que la constante búsqueda los condujo por la ruta de la exaltación como método para generar ejemplos a seguir y de allí que el juego fuera el vehículo para encontrar a los mejores en todo sentido, pues el héroe o vencedor debía además complementar las mejores calidades humanas, siendo distinguido simbólicamente con una corona de laureles y a quienes los poetas y los diferentes artistas cantaban sus odas y dedicaban sus obras.

Los Juegos Olímpicos fueron una de las expresiones más características de los sistemas educativos de la Antigua Grecia. La educación, en efecto, es el principio mediante el cual toda comunidad humana conserva y transmite su peculiaridad física y espiritual. Pero la naturaleza corporal del ser y sus cualidades intelectuales, siempre perfectibles, pueden cambiar por efecto de un cultivo consciente y constante, elevando esas capacidades a un rango superior.

En la medida que consigue progresivamente el descubrimiento de si mismo, el hombre crea, según su mayor conocimiento del mundo exterior e interior, formas mejores de la existencia. El pueblo griego no llegó al descubrimiento del yo subjetivo, sino al de las leyes generales que determinan la esencia humana. Su principio espiritual no fue el individualismo, sino el humanismo, de tal suerte que las finalidades de la educación no estaban referidas al individuo como yo autónomo, sino al hombre como idea.

Los Juegos Olímpicos de la antigüedad surgieron en la segunda mitad del milenioantes de la Era Cristiana, los cuales en realidad se llevaban a cabo como parte de festividades rituales que posteriormente recibieron el nombre de Juegos. Con el paso del tiempo decidieron efectuarlos cada cuatro años, en el santuario de Olimpia, ubicado en el Peloponeso, donde existía un estadio en la ciudad de Elide.

De esta forma, los primeros juegos que se conocieron fueron inaugurados en el año 776 antes de Cristo, con un programa de competencias muy distinto al de la actualidad, el cual sólo contaba con una carrera en una pista de casi 200 metros de longitud por 32 mts. de ancho y su celebración se hacía en un solo día.

El primer ganador en esa época fue Coroebo de Elide (Elide ciudad de la antigua Grecia de donde provenía el atleta). Con el paso del tiempo se añadieron más disciplinas, entre las que destacaron las carreras de distancia, la más popular, la de 42 kilómetros que era la distancia entre el centro de los juegos, Olimpia, y la localidad de Marathon, de donde tomó su nombre la competencia moderna, también se compitió en disciplinas como la lucha y el pentatlón (en éste se combinaban el salto de longitud, el lanzamiento de jabalina y disco, así como carrera y lucha).

Sin lugar a dudas los griegos, como grandes pensadores desarrollaron sus sistemas educativos preocupados por alcanzar los ideales de perfección del hombre como ser integral al punto de prodigar su cultura con la formación de los Juegos Olímpicos que hizo famosa hasta nuestros días la tradición cultural griega.

Con sus rituales y adoraciones a los dioses que vivían en el Olimpo, les dedicaron cada cuatro años unos juegos, en honor de las divinidades olímpicas. De allí su nombre y el de la ciudad donde se jugaron por primera vez, Olimpia.

Así, los objetivos últimos de la educación en la Antigua Grecia consistían en formar a los individuos de acuerdo con esa idea, o tipo ideal de hombre. A ello aspiraron los educadores, los poetas, los artistas y los filósofos.

No es posible comprender el ideal griego del hombre sin tener presente las estatuas de los vencedores olímpicos. Estas obras representan la encarnación corporal de la dignidad y la nobleza del alma y el cuerpo humanos.

Valiéndose sobre todo de la escultura y la poesía lírica se presentaba al pueblo un tipo ideal, íntimamente coherente y claramente determinado, pues la educación no es posible sin que se ofrezca al espíritu una imagen del hombre tal como debe ser.

Una imagen bella, normativa de las cualidades de orden superior; con el atributo de nobleza, que vale por señorío y distinción siempre asociado a la fuerza y a la destreza; y penetrada del sentimiento del deber frente al ideal y del concepto de la lucha y la victoria como prueba de la virtud; esto es, de grandeza en la concepción y en el comportamiento total de la vida.

En esta atmósfera de íntima libertad, que se sentía referida, por conocimiento y convicción esenciales, al servicio de la totalidad, el genio de los griegos consiguió llegar a la plenitud educativa.

Una de las más altas manifestaciones de ésta plenitud fueron los Juegos Olímpicos. Por ello en los Himnos Triunfales de Píndaro se exalta, tanto o más que al vencedor, a la ciudad de donde procedía. Los festivales de la Antigua Grecia (festivales atléticos, musicales, dramáticos) eran organizados por ciudades aisladas, como Atenas, en cuyo caso se llamaban las Grandes Panateneas.

Cuando eran organizadas por grupos de ciudades que reconocían un origen común se les llamó Anfictionías; o las organizadas por la totalidad de los griegos, que así afirmaban su conciencia nacional, fueron las llamadas Olímpicas, las Píticas, las Nemeas y las Istmicas, de las cuales las dos primeras ocurrían cada cuatro años y cada dos las segundas.

Las más antiguas fueron las Olímpicas, cuya referencia histórica remota, data de 776 años antes de Jesús, año en que se inicia, con este motivo, la Era Griega.

Los Juegos Helénicos

Los Juegos Olímpicos (nacionales y atléticos) eran organizados por la ciudad de Elis, cuyo privilegio alguna vez le fue disputado por Pisa; y su escenario, el recinto sagrado de Zeus, llamado Altis, en el valle de Olimpia, al suroeste de la península, en la confluencia de los ríos Cladeo y Alfeo, el sitio más encantador de la Hélade dominado por el Monte Kronius.

Más tarde de Altis estuvo rodeado por una muralla en cuyo recinto estaban el templo mayor de Zeus y la estatua sedente del dios, labrada en oro por Fidias.

Durante el mes de las fiestas se proclamaba una tregua en toda Grecia para permitir a los competidores y peregrinos hacer el viaje de ida y vuelta con seguridad plena. Aparte del interés atlético, el festival tenía el aspecto de una feria que permitía a un autor leer en público sus obras, como a Heródoto, o disertar ante grandes auditorios sobre temas de interés general, como en el caso de los panegiristas Lysias e Isócrates.

El programa de los Juegos propiamente dichos, que en un principio se limitaba a un día, se extendió después a cinco en 468 a. de C. El acto inicial era el "stadion", o carrera corta de 192.27 mts. Seguían el "diaulos" o "diáulica", que equivalía a 384.54 mts; y el "dólichos" o "dólica", carrera larga de 4.614,48 mts.

El "pentathón" comprendía el salto, el lanzamiento de la jabalina y el disco, la carrera y la lucha. En el boxeo, o "pugmeé", los guantes no eran sino tiras de cuero y el combate se prolongaba hasta que uno de los contendientes admitía su derrota. Lo mismo ocurría en el "pancratium", especie de lucha libre muy ruda. Rasgo muy importante de los Juegos eran las carreras de caballos y carros de varias clases tirados por los equinos.

Al final de la disputa, el nombre de cada vencedor y el de su ciudad natal eran proclamados por un heraldo.

El triunfador era coronado con una guirnalda de olivo silvestre, laurel o pino; pero cuando volvía a su tierra se le recibía con un himno triunfal interpretado con declamaciones, cantos corales y baile, expresamente compuesto para la ocasión.

Las más famosas odas victoriales fueron obra de Píndaro. Así, los Juegos Olímpicos constituían una de las expresiones más depuradas y espectaculares de la educación griega, en la medida que eran una referencia al ideal humano de perfección, y una ocasión para exaltar las virtudes sociales.

Hoy día estos principios fundamentales han ido quedando relegados por la inmediatez y los objetivos individualistas de fama y fortuna por lo que asistimos a un concierto internacional de figuras deportivas dispuestas a vender su alma al diablo, específicamente al doping, para alcanzar una medalla de oro que los consagre en la historia del movimiento olímpico internacional.

La fama, el dinero y los objetivos individuales priman hoy como en la antigüedad primaron las mejores esencias y calidades del espíritu y el ideal humanos para justificar la organización de dichos certámenes.

Sin embargo, en nuestro tiempo cada país hace los mejores esfuerzos para que sus participantes sigan los reglamentos que impone una disciplina concebida para proteger la esencia primera de las justas y de allí que el Comité Olímpico Internacional cada vez adelante con mayor entereza una lucha pertinaz para erradicar la práctica irregular en el suministro de sustancias que le permite a los deportistas alcanzar el podio y soñar, como en la antigüedad, con la gloria del heroísmo.