La pequeña Kluft reluce como una gran estrella

(dpa) - Cuando el rey sueco Gustavo XVI conoció a su futura esposa, la reina Silvia, en los Juegos Olímpicos de Munich 1972, Carolina Kluft (en la foto) no había nacido. Pero la atleta, de 21 años, recibió en Atenas una clamorosa ovación de la realeza, rendida a sus pies, tras conseguir ganar la prueba de heptatlón con el mayor margen de distancia sobre sus rivales en toda la historia de los Juegos.

La británica Denise Lewis, medalla de oro en Sidney, abandonó tras cinco pruebas por una lesión y la estrella francesa Eunice Barber no compitió. La competición se quedó en un trámite para Kluft. El rey y la reina de su país así lo entendieron y no quisieron perderse el histórico momento.

Kluft ganó con 6.952 puntos, a 49 de su mejor marca, conseguida el pasado año en el Mundial de París. Seguramente, podría haber superado su récord personal en Atenas, pero ninguna atleta le exigió esfuerzos mayores.

La lituana Austra Skujyte, plata, se quedó a 517 puntos, mientras el bronce fue para la británica Kelly Sotherton, a 528 puntos de Kluft. Ambas consiguieron su mejor marca personal.

Pero ni siquiera la falta de competencia restó valor al hito conseguido por la joven sueca, cuya imagen, dulce y rebosante de simpatía, cautivó a los aficionados. Porque Kluft posee un aspecto "terrenal", cercano al espectador. Es la antítesis de otros deportistas suecos como el legendario tenista Bjorn Borg o el esquiador Ingemar Stenmark, a quienes apenas se les veía sonreír.

Kluft insiste en que lo que transmite no es una pose. "Aún no soy una estrella. Sólo soy una niña pequeña. Soy algo insignificante dentro de un gran mundo", dice con modestia.

La sueca compite como habla: con toda naturalidad. Y parece tomarse su carrera como un juego infantil. "El atletismo es algo divertido. Me encanta reír con los aficionados. Mi familia siempre me transmitió la necesidad de divertirme en una pista y nunca me presionó. Me encanta estar en la pista y por eso se me ve sonreír tanto", explica.

Kluft asegura que sin sonrisas no podría competir. "Soy el tipo de persona que necesita pasárselo bien para lograr buenas marcas. Eso es lo que me permite alcanzar títulos. Sólo disfruto con lo que es divertido", añade.

La extrovertida personalidad de la sueca logró captar el interés por el heptatlón hasta unos niveles que remiten a 1980, cuando la estadounidense Jackie Joyner-Kersee superó por primera vez en la historia la barrera de los 7.000 puntos en la prueba. En aquel entonces la disciplina no era todavía olímpica, pues el heptatlón sustituyó al pentatlón a partir de Los Angeles 84.

Joyner-Kersee todavía mantiene el récord mundial de héptatlon, con 7.291 puntos, conseguido en los Juegos Olímpicos de Seúl al derrotar a Sabine John, de la República Democrática de Alemania (RDA), por 394 puntos.

Kluft tiene ya el "triplete de oro" en los Juegos Olímpicos, el Mundial y los Europeos, y ahora parece que su próximo reto podría ser iniciar su asalto al récord del mundo. "No pienso en eso. Tengo muchos objetivos fuera del deporte. El atletismo es sólo una parte de mi vida, muy pequeña", dice.

¿A qué objetivos se refiere? "Eso me lo guardo yo. Tengo muchos sueños. Estoy muy feliz por lo conseguido en Atenas, pero mi vida privada es mucho más importante para mí. En este terreno, tengo más medallas de oro: mi familia, mis amigos...", asegura.

Compañeros suyos, como el atleta de triple salto Christian Olsson, decidieron dejar Suecia para establecer su residencia en el paraíso fiscal de Mónaco, pero Kluft descarta esta posibilidad. "Me gusta la tranquilidad de mi país". Entonces, la sueca muestra una última sonrisa más y se aleja dando saltitos.


Por John Bagratuni (dpa)

 
PAIS
O
P
B
T
USA
35
39
29
103
CHI
32
17
14
63
RUS
27
27
38
92
O = oro / P = plata / B = bronce / T = total
 
 
El dominicano Félix Sánchez se quitó finalmente la pulsera roja que se puso hace cuatro años, en los Juegos de Sydney, en un gesto que marcó el cumplimiento de la promesa de darle a su país, en Atenas, el primer oro olímpico de su historia.