Las
madres de los soldados muertos son jueces de la
guerra, Bertolt Bretch.
Los hijos son las anclas que atan a la vida a las
madres, Sófocles.
El niño reconoce a la madre por la sonrisa, Leon
Tolstoi.
El corazón de la madre es el único
capital del sentimiento que nunca quiebra, y con
el cual se puede contar siempre y en todo tiempo
con toda seguridad, Montegazza.
No tiene el mundo flor en la tierra alguna,
ni el mar en ninguna bahía perla tal,
como un niño en el regazo de su madre, Oscar
Wilde.
No existe la madre perfecta, pero hay un millón
de maneras de ser una buena madre, Jill Churchill.
Jamás ha habido un niño tan adorable
que la madre no quiera poner a dormir, Ralph
Waldo Emerson.
La mano que mece la cuna rige el mundo, Peter
de Vries.
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