LAS MANOS DE MI MADRE
Alfredo Espino Ahuachapán
(El Salvador 1900-1928)
Manos
las de mi madre, tan acariciadoras, tan de seda,
tan de ella, blancas y bienhechoras...
¡Sólo ellas son las santas, sólo
ellas son las que aman, las que todo prodigan y nada
me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas
me sacan las espinas y se las clavan ellas.
Para el ardor ingrato
de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades...
¡Ellas son las
celeste; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas!
Para el dolor, caricias: para el pesar, unción:
¡son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).
Yo que llevo en el
alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡las manos maternales aquí en mi pecho
son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con ternezas!
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