| A
continuación Colombia.com expone el texto completo del
discurso del nuevo Jefe de Estado facilitado por el Centro de
Noticias del Estado (CNE), nombre con el que fue rebautizada
la agencia de noticias de la Presidencia de la República.
"Retomemos
el lazo unificador de la ley, la autoridad democrática,
la libertad y la justicia social.
No venimos a quejarnos, llegamos a trabajar.
Las
vidas de dos seres, disímiles en talante, formación
y destino, alimentan el origen de la República. Uno,
el voluntarioso y rebelde caraqueño, aristócrata
mantuano, criado por la ternura de la negra Hipólita,
luego educado por el librepensador Simón Rodríguez
bajo los principios rousseaunianos de la libertad individual
y la autodisciplina y quien, entrenado como cadete, vendrá
muy joven a poner su brazo y su espada bajo las órdenes
del pueblo insumiso de Cartagena de Indias. El otro, de Villa
del Rosario de San José de Cúcuta en la Provincia
de Pamplona, alumno aplicado y precoz, enviado al Colegio
Seminario de San Bartolomé para ser moldeado por la
rigidez de los jesuitas, formado por éstos en los arduos
ejercicios de la jurisprudencia, se sumará luego, aún
adolescente, al pueblo santafereño en su lucha por
la independencia.
Bolívar
y Santander prefiguran nuestra identidad política como
Nación. El primero encarna la idea de orden y autoridad.
El orden como presupuesto ineludible de la libertad, la autoridad
que hace posible la igualdad de oportunidades. El segundo
representa el imperio de la ley que garantiza la seguridad
y las libertades. El orden para la libertad mediante la autoridad
democrática de la ley:
¡Eh allí el binomio ético-político
que sostiene
la continuidad histórica de nuestra Nación y
otorga sentido a nuestra institucionalidad!
Bolívar
entendió el orden como principio de unidad y de justicia
social. Supo obtener el apoyo de los sectores populares de
Venezuela, quienes, al separarse de la dominación,
hicieron posible la independencia. Los indígenas del
Alto Perú avizoraron en el orden Bolivariano el faro
de sus reivindicaciones sociales; en la espada libertadora,
que escribió la Constitución sin privilegios
para Bolivia, reconocieron el símbolo de la autoridad
al servicio de las garantías populares.
Para
reposo del Libertador recuperemos el orden, que unifique esta
Nueva Granada disgregada hoy en repúblicas de facto
de organizaciones violentas.
Santander
concibió la paz, y la concordia que es el estado del
alma para que la paz sea permanente, bajo el exclusivo reinado
de la ley. Prefirió la ley a la guerra cuando le solicitaban
más tropas para la campaña libertadora del Sur
del Continente. Honró la ley con su obediencia a la
autoridad aún al costo de su degradación de
comandante militar en los Llanos.
Que
el Hombre de las Leyes nos inspire una Nación de obediencia
a las normas para cancelar la esclavitud de la violencia.
Ante
el juramento que acabo de prestar, que compromete mis energías
y la totalidad del ciclo vital que El Creador me depare, convoco
a los colombianos y colombianas a retomar el lazo unificador
de la ley, la autoridad democrática, la libertad y
la justicia social, extraviado en momentos desapacibles de
la historia.
En
nuestra Nación han descendido la confianza y la solidaridad.
Cada uno desconfía del vecino y en especial del Estado.
Decrece la actitud solidaria y hay desproporcionado apego
al interés propio e indeferencia por la suerte de la
comunidad. Lo anterior, señalado como un decaimiento
del capital social, no surge de la naturaleza del ser colombiano,
que es cívica y humanitaria; su razón de ser
la explica la violencia destructora, la politiquería
y la corrupción, que concurren a la incertidumbre,
la miseria y la desigualdad.
La
Patria confronta un cuadro serio de dificultades. En la miseria
viven 9 millones de ciudadanos, el 57% se ubica en la línea
de pobreza, además del 16% de desempleo hay 6.5 millones
de subempleados, el déficit total supera el 3% del
Producto Interno Bruto, la capacidad de pago de la deuda pública
está saturada. Si tuviéramos la tasa de homicidios
de Inglaterra habría 200 cada año. Uno es muy
grave, 200 también, pero padecemos 34.000. Entre 3.000
y 3.600 secuestros que se denuncian, constituyen el 60% de
este delito en el mundo. Cada secuestro es sufrimiento, fuga
de capitales y desempleo.
No
venimos a quejarnos, llegamos a trabajar. En 4 años
será imposible resolverlo todo, pero no ahorraremos
esfuerzo. Este es mi deber frente al derecho de los jóvenes
y de quienes habrán de venir. Es mi obligación
de honor con el 80% de nuestros compatriotas que vive aún
en el despertar de su juventud y requiere que acertemos para
que brote su ilusión. Tenemos que hacerlo bien para
que se restablezca la fe de un pueblo que jamás ha
rendido la cabeza pero que reclama firmeza en el timonel para
interrumpir el triste discurrir de la miseria y el atentado
criminal.
 |
El
ajuste fiscal para enderezar las finanzas públicas
es ineludible pero se adelantará en procura de un mayor
crecimiento de la economía y el empleo. El crecimiento
es el mejor ajuste fiscal y la única fuente perdurable
de ingresos del Estado. Los más pudientes, los empresarios
que con tenacidad sirven bien a la Nación, llevarán
sobre sus hombros nuevas responsabilidades tributarias. Los
esfuerzos de los sectores medios y populares deben retribuirse
en mayor inversión social para frenar la renovación
de su prolongado purgatorio.
El
momento excepcionalmente delicado de la economía exige
impulsar a los sectores productivos generadores de empleo.
Los países desarrollados en coyunturas difíciles
no discuten los estímulos, con agilidad los diseñan
y ponen en marcha.
La
globalización como integración de la economía
es irreversible, pero la dignidad de los pueblos pobres hace
imperativo que sus resultados sociales sean equitativos. De
lo contrario, su sostenibilidad política traería
inmensos costos para la democracia y la convivencia.
La
economía andina requiere más voluntad y resultados.
Resulta equivocado considerar que con trabas comerciales dentro
de la Región alguno de nuestros países pueda
acelerar el crecimiento. Al interior de la Comunidad la mejor
protección es la mayor integración. Miremos
juntos a MERCOSUR, LA UNION EUROPEA, CANADA, EL ALCA. Avancemos
hacía la armonía en tasa de cambio competitiva,
baja inflación, endeudamiento prudente y equilibrio
fiscal. A partir de allí pensemos en una moneda única,
nuestra, que podamos orientar.
Tengamos
con nuestros vecinos fronteras abiertas y cerradas. Abiertas
para el tránsito de artículos y personas de
bien, cerradas para la delincuencia. Nuestros esfuerzos de
autoridad velarán para que la droga y la violencia
no se trasladen al territorio fronterizo. Con la ayuda del
Gobierno del respectivo País hermano lo lograremos,
para tranquilidad de Colombia y de todos, porque este conflicto
o se para o tiene el potencial de desestabilizar la Región.
Durante
la transición hablé con los directivos de los
bancos multilaterales para que aumenten su exposición
en Colombia. Lo necesitamos y a tiempo, si lo canalizamos
debidamente mantendremos el cumplimiento en nuestras obligaciones
financieras y mejoraremos en la impagada deuda social.
La
aceptación popular a nuestro Estado dependerá
en muy buena parte de los resultados sociales. En medio de
la escasez crítica de recursos impulsaremos las 7 herramientas
de construcción de equidad expuestas en el Manifiesto:
la revolución educativa, la ampliación de la
seguridad social, el impulso a la economía solidaria,
el manejo social del campo, de los servicios públicos,
el apoyo a la pequeña y mediana empresa para tener
un País de propietarios, y la calidad de vida urbana.
La
estabilidad económica dependerá del crecimiento
y este conservará su trayectoria de largo plazo si
se funda en la cohesión social. No es posible estabilidad
económica sin estabilidad social.
Nuestro
Estado es gigante en lo burocrático, ineficaz frente
a la corrupción que maltrata las costumbres políticas
y peligrosamente pequeño en inversión social.
El Estado tiene que ser promotor del desarrollo, garante de
la equidad social y dispensador del orden público.
No puede ser obstructor de la iniciativa privada, ni estar
ausente frente a los reclamos sociales.
Nuestro
Estado Comunitario buscará que los recursos y las acciones
lleguen al pueblo, con transparencia, mediante creciente participación
popular en la ejecución y vigilancia de las tareas
públicas. La promoción de esa
participación, será el mejor instrumento para
la derrota de la corrupción.
El
Estado no puede exigir austeridad a los pequeños municipios
a tiempo que las altas esferas dilapidan recursos. Para dar
ejemplo, las reformas deben empezar por la Presidencia de
la República y el Congreso, en pensiones, salarios,
eliminación de prebendas y tamaño de nóminas
y de la representación.
La
revolución de las comunicaciones facilita un Congreso
reducido en cantidad y costos, mezcla equilibrada de la representación
y la participación, más integrado con la ciudadanía
y más eficaz en sus tareas. La independencia frente
al Ejecutivo no requiere Parlamento de gran tamaño
sino que la opinión lo observe y controle.
Esta
tarde quedará radicado el proyecto de ley para convocar
el Referendo contra la corrupción y la politiquería.
Será luz de austeridad para trasladar recursos a la
revolución de las oportunidades que empieza con la
educación.
No
podemos luchar contra el clientelismo si practicamos el clientelismo.
Los gerentes y directores de las sucursales de entidades nacionales
en las regiones, serán nombrados por concursos de méritos,
para que el pueblo participe en un evento inaugural de la
igualdad frente a la administración.
Son
necesarias la derrota de la politiquería y la racionalidad
de los costos laborales para salvar la existencia de empresas
estatales.
Nuestro
concepto de seguridad democrática demanda aplicarnos
a buscar la protección eficaz de los ciudadanos con
independencia de su credo político o nivel de riqueza.
La
Nación entera clama por reposo y seguridad. Ningún
crimen puede tener directa o ladina justificación.
Que ningún secuestro halle doctrina política
que lo explique.
Comprendo
el dolor de las madres, de los huérfanos y desplazados
de la Patria, en su nombre revisaré mi alma cada madrugada
para que las acciones de autoridad que emprenda tengan la
más pura intención y el más noble desarrollo.
Apoyaré con afecto a las Fuerzas Armadas de la Nación
y estimularemos que millones de ciudadanos concurran a asistirlas.
Ello aumenta nuestra obligación con los derechos humanos,
cuyo respeto es lo único que conduce a encontrar la
seguridad y por su conducto la reconciliación.
Cuando
un Estado democrático es eficaz en sus garantías,
así los logros sean progresivos, la violencia en su
contra es terrorismo. No aceptamos la violencia para combatir
el Gobierno ni para defenderlo. Ambas son terrorismo. La fuerza
legítima del Estado cumple la exclusiva misión
de defender a la comunidad y no puede utilizarse para acallar
a los críticos.
La
democracia es el único camino para la emulación
de las ideas. La democracia es nuestra oferta para que los
fusiles sean sustituidos por la política y la seguridad
democrática el instrumento para que se haga política
sin armas y con el derecho de no ser asesinado. La defensa
de los alcaldes, concejales, gobernadores y cuantos representantes
del pueblo sean amenazados será salvaguardia de la
democracia.
No
permitiremos que la centenaria lucha popular por el
derecho a elegir la más próxima autoridad sea
truncada por la presión de las armas.
He
solicitado al Secretario General de las Naciones Unidas, Señor
Kofi Annan, los buenos oficios de la institución para
buscar el diálogo útil a partir de un alivio
para la sociedad que debe ser el cese de hostilidades. En
este marco exploraremos soluciones humanitarias, que liberen
secuestrados, que se den a partir de acuerdos que vislumbren
la paz definitiva como algo posible. Quienes quieran disfrutar
la libertad, que permitan que el pueblo disfrute la tranquilidad.
He pedido a los medios de comunicación y a la opinión
comprender la prudencia que el tema demanda.
El
mundo debe entender que este conflicto necesita soluciones
no convencionales, transparentes, imaginativas. La violencia
se financia con un negocio criminal internacional: la droga;
se lleva a cabo con armas fabricadas fuera de Colombia; y,
democracia alguna puede permanecer indiferente a los sufrimientos
de nuestro pueblo. Continuaremos con el Plan Colombia con
la adición de la interdicción aérea y
programas prácticos de sustitución como el pago
a campesinos para erradicar cultivos ilícitos y cuidar
la recuperación del bosque.
Mantendremos
la senda recorrida con los Estados Unidos, tocaremos las puertas
de Europa y Asia y afianzaremos la unidad de propósitos
con los vecinos. Si no derrotamos la droga, la droga destruye
nuestra libertad, nuestra ecología y anula la ilusión
de vivir en paz.
Queremos
la paz, no el apaciguamiento que se origina en el diálogo
insincero, en el acuerdo claudicante o en la tiranía
oficial. El apaciguamiento no reconcilia, suspende por momentos
la violencia y la reaparece con superior intensidad.
Recibo
la Presidencia de manos del Doctor Andrés Pastrana
quien concluye una tarea decorosa, alimentada por infinita
buena fe y exitosa en la integración de Colombia al
mundo entero, con el ATPA como promisorio logro final para
las exportaciones.
Ha
jurado como Vicepresidente Francisco Santos Calderón,
jalonado por el aliento patriótico de los suyos, en
especial de su Padre.
He
prometido cumplir la Constitución y las leyes ante
el Presidente del Congreso, ciudadano probo, administrador
eficiente y hombre de Estado. Este juramento reviste la circunstancia
especial de que en la tierra de ambos la palabra dada es escritura
otorgada.
Provengo
de una montaña que me enseñó a quererla
a ella para querer intensamente a Colombia toda. Los míos
del cielo, agricultores casi todos, me emplazan como vigías
de la Patria. Desde allá me acompañan mi madre
con su bondad y mi padre con su energía, para cumplir
este deber con afecto, con superior afecto por mis conciudadanos.
La esposa y dos estudiantes constituyen mi dulce retaguardia.
Empecemos
un Gobierno honrado, eficaz, austero, no milagroso, con el
trabajo como emblema. El presupuesto es escaso, muchos los
problemas, pero la alegre espontaneidad de los colombianos,
intacta no obstante los padecimientos, y su carácter,
acerado en el yunque de las dificultades, constituyen invaluable
recurso. Soy consciente del tamaño de mi responsabilidad,
pero también se que no la podré llevar acertadamente
sin la compañía, la crítica constructiva,
el esfuerzo y el consejo de ustedes, mis compatriotas.
Con
tolerancia a la idea ajena y cero permisividad al crimen,
girando contra el banco de la autoridad que no estará
en bancarrota, mejoremos el presente y ganemos el porvenir
para que prime el fraterno debate creativo.
Que
el amor por esta Patria sea la llama a través de la
cual Nuestro Señor y la Santísima Virgen me
iluminen para acertar; también para superar la humana
vanidad y rectificar cuando incurra en el error.
Aspiro, dentro de 4 años, poder mirar a los ojos de
ustedes, mis compatriotas".
|