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marinopp@colombia.com
Ese 20 de Julio de 1810 cayó viernes. Desde la mañana, el sol se había apoderado del cielo azul y se veía imponente coronando los cerros bogotanos. El día estaba fresco o mejor frío, pero sabroso. En el aire se sentía un olor de cambio, de algarabía, de fiesta. Era viernes y tanto españoles como criollos e indígenas estaban listos para tomarse divertirse. Francisco Morales, criollo “!a mucho honor!” y sus hijos Francisco y Antonio empezaron a preparar su modesto hogar para atender a una importante visita que ese día arribaría a la capital, don Antonio Villavicencio, quien ostentaba el título de comisario Regio. Desde temprano, los tres hombres de la casa “empinaron el codo” y trataron de calentar el ambiente con algunos traguitos. La comida y la música estaban listos.
Ellos estaban eufóricos y de pronto a alguién dijo que sería “bonito tener un buen florero para poner en la entrada. ¡Quedaría chusquísimo!”. Seguramente la del comentario fue alguna de las mujeres de la casa, que como buena representante del sexo femenino no contenta con lo que tenía, necesitaba aparentar frente a la visita. Entonces, su comentario se ubicó directamente en el ego de don Morales que de inmediato se le vino a la mente el hermoso y costoso, florero que tenía el “español” ese de don José González Llorente. Llorente era dueño de un almacen ubicado en una hermosa casa esquinera. Los criollos llegaron medio prendidos, pensando de ante mano que el “español ese” les iba a decir que no. Pero tenían ganas de pelear. Así que Morales y sus hijos salieron dispuestos a traer ese florero a como fuera lugar. Por su puesto don Llorente, enemigo de la “chusma” criolla se negó. Este pequeño incidente, terminó convirtiéndose en la excusa perfecta para armar una pelea que terminó con el “grito de independencia”.
Aún no se sabe quién gritó, peor lo cierto es que los Morales lograron alebrestar a los que se encontraban ese día cerca de la que hoy es la Plaza de Bolívar. El pobre español, no se imaginaba que por su negación se iba a armar “la de Troya”. Claro no fue un florero en realidad la causa de la independencia. Meses antes, varios criollos estaban conspirando ante la figura del Rey del España. Finalmente ese señor estaba muy lejos y no tenía ni idea cómo era la vida en el nuevo mundo. Esa rebelión que se inició por culpa de un grupo de “tipos alebrestados” culminó semanas más tarde con la independencia total del yugo europeo. Claro que vale la pena decir que cientos de años después las cosas no han cambiado mucho.
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