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Diez temas prioritarios
7.1. Situación
socioeconómica del país
Nunca antes en Colombia había existido
tanta gente en el limite de la supervivencia,
sin posibilidad de ingresos. Según el Proyecto
de Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno, Cambio
para Construir la Paz, en 1998 más del
sesenta por ciento de la población estaba
en la pobreza (unos 25 millones), y según
el informe más reciente del Banco Mundial
(noviembre de 2000), en Colombia existen alrededor
de 14 millones de personas en la miseria.
Esto es inadmisible
en un país con tanta potencialidad humana
y con tantas posibilidades materiales para garantizar
el bienestar y la prosperidad para todos.
Esta situación
tiene unas causas estructurales y otras coyunturales.
Entre las causas
estructurales están la inequidad en la
distribución de la tierra y del ingreso,
la intervención extranjera en los asuntos
internos, el intercambio comercial inequitativo,
el saqueo extranjero de los recursos naturales,
el modelo de desarrollo centrado en la prevalencia
de los intereses del capital especulativo sobre
el trabajo y la economía productiva, y
la irresponsabilidad como se ha gobernado el País
-sin un modelo educativo para el desarrollo científico
y tecnológico-, situación agravada
durante los últimos diez años con
la apertura indiscriminada del mercado nacional
a los capitales y a las mercancías extranjeras,
destruyendo la débil economía productiva
nacional de la ciudad y del campo.
Estas causas estructurales
se agravan con otras coyunturales del actual gobierno,
con unas políticas de desarrollo que profundizan
la apertura y el sometimiento a los norteamericanos,
principalmente con el Plan Colombia y los compromisos
con el FMI, a la vez que adopta presupuestos recesivos,
pues en medio de la crisis de demanda que afecta
a la economía nacional, reduce el gasto
público, los salarios, la inversión
social, las transferencias a las entidades territoriales
y el apoyo al sector productivo del campo y de
la ciudad. Tampoco adopta una posición
patriótica con relación al servicio
de una deuda pública ilegítima y
creciente que consume ya más del 40% del
presupuesto nacional.
De otra parte, tenemos
una clase política nacional y territorial
indolente y mediocre, que a pesar de las angustias
de la población y de los problemas nacionales,
solamente se ocupa de su supervivencia política
a base de la manipulación del poder y de
la corrupción, a costa de la institucionalidad
y del patrimonio públicos.
Ni de manos de la
clase política ni del gobierno existen
posibilidades para recuperar la unidad nacional,
la soberanía ni para encontrar la solución
a las reivindi-caciones y demandas históricas
de la población.
7.2. Proceso
de paz
Nuestra naturaleza es la tramitación organizada
y pacífica de las necesidades y aspiraciones
de la población. Por principio rechazamos
toda forma de violencia a la vez que compartimos
toda solución no violenta al conflicto
armado.
Son positivos los
pasos que se adelantan con los actores armados,
sin embargo consideramos que es un proceso excluyente
de otros actores y principalmente de las organizaciones
sociales y comunitarias, pues una paz verdadera
y duradera solamente es posible mediante un proceso
de reconstrucción y desarrollo socioeconómico
nacional en beneficio de toda la población,
para lo cual es imprescindible la participación
de todas las organiza-ciones políticas,
sociales y gremiales.
Por eso, los acuerdos
a que pudiera llegar el Gobierno con los actores
armados deben pasar previamente por la aprobación
de nuestras organizaciones y en general de la
sociedad. Estos acuerdos a mediando y largo plazo
se deben alcanzar en el marco de UN
PLAN NACIONAL DE DESARROLLO QUE DE DESARROLLO
QUE INCLUYA EL PLENO ACCESO DE TODA LA POBLACIÓN
A LA CIENCIA, A LA TECNICA Y AL MERCADO Y A LOS
MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN, LO MISMO
QUE LA REDISTRIBU-CIÓN DE LA TIERRA Y DEL
INGRESO EN EL MARCO DE NUESTROS PRINCIPIOS SOLIDARIOS
Y DE EQUIDAD.
7.3. Plan Colombia
Expresamos nuestra preocupación y nuestro
desacuerdo por el énfasis militar que se
ha dado al Plan Colombia. Este Plan pretende combatir
el cultivo de coca por las vías militares
aunque éste es un problema principalmente
social y económico.
Todo recurso nacional
o internacional para la sustitución de
cultivos ilícitos se debe ejecutar en el
marco de los planes de desarrollo departamentales
y municipales. Ni el Gobierno nacional ni las
entidades de cooperación multilateral pueden
desconocer nuestro Estado Social de Derecho, el
que da autonomía a la planeación
municipal, departamental y regional estableciendo
que todo recurso, programa o proyecto se debe
ejecutar en correspondencia con los respectivos
planes de desarrollo.
Los países
consumidores deben asumir sus propias responsabilidades
y costos frente al narcotráfico, como son
el control a los precursores químicos y
al consumo.
Colombia no puede seguir siendo el conejillo de
indias de un problema originado en los países
desarrollados. Por eso, rechazamos la represión
salvaje contra el eslabón más débil
de la cadena del narcotráfico, como es
el productor de hoja. Igualmente rechazamos las
fumigaciones, y aún más si es con
químicos que destruyen la naturaleza y
causan enfermedades irreparables a la población.
La principal solución
a la producción de hoja de coca o de amapola
debe ser social, garantizando recursos permanentes
para que los campesinos recuperen los bosques
y establezcan producción sana, con plena
garantía para la comercialización
de sus productos en el mercado nacional e internacional
a precios justos, todo lo cual exige la concertación
de un plan estratégico de desarrollo a
largo plazo para estas regiones.
7.4. Modelo
de desarrollo, economía productiva
Una paz verdadera en Colombia solamente será
posible sobre la base de la real y decisoria participación
popular en la solución de los problemas
y la construcción de un modelo de desarrollo
socioeconómico que supere las causas coyunturales
y estructurales en el marco de la unidad nacional,
la soberanía y la libre autodeterminación.
Un modelo que coloque los avances científicos
y tecnológicos al servicio de toda la sociedad,
centrado en la prevalencia del trabajo sobre el
capital, de la economía productiva sobre
la especulativa, de la convivencia con un ambiente
sano y la recuperación del usufructo de
los recursos naturales en beneficio de toda la
nación, de la satisfacción de las
necesidades vitales de la población como
derecho de los pueblos y función irrenunciable
del Estado.
No necesitamos quitarle
nada a nadie ni mucho menos caer en la mendicidad
internacional; solamente basta garantizar que
toda la población tenga pleno acceso al
disfrute de nuestros recursos, de su trabajo y
de los avances técnicos y científicos.
En estos términos
somos optimistas de un mejor futuro siempre que
las mayorías nacionales nos decidamos a
construirlo por el camino que lo estamos proponiendo.
7.5. Reactivación
económica y empleo
Si bien la solución definitiva a los problemas
y aspiraciones de los colombianos solamente se
logrará actuando sobre sus causas estructurales,
consideramos que los problemas más críticos
del momento como la recesión económica,
el desempleo, la pobreza, la inseguridad social
y la desesperanza que tan gravemente afectan a
la población, se resolverán hoy
parcialmente con una política de emergencia
por la vía del gasto público, con
recursos liberados del servicio a la deuda y la
emisión para entregar dinero barato y a
largo plazo al sector productivo del campo y la
ciudad, la seguridad social, aumento de salarios
y apoyo tecnológico, comercial y financiero
al pequeño y mediano productor para recuperar
los mercados regionales y nacionales.
La única posibilidad
para garantizar ingresos y supervivencia digna
a corto y mediano plazo para los sectores populares
es mediante la recuperación del mercado
interno para la producción regional y nacional,
pues lo más grave para la población
en una sociedad de libre mercado es la entrega
del mercado a la producción externa, dejando
totalmente desamparados a nuestros artesanos,
pequeños y medianos productores del campo,
de los pueblos y de las ciudades.
Solamente podremos
acceder a los mercados externos para el beneficio
de toda la población a partir de la recuperación
de los mercados internos, con mucho apoyo tecnológico,
comercial y financiero, y protegiendo a sectores
clave de nuestra economía.
7.6. Recuperación
del campo
Apoyamos los programas y los pliegos de las organizaciones
campesinas colombianas, surgidos de sus eventos
y congresos. En estos eventos regularmente participan
los comunales campesinos.
La vocación
productiva y laboriosa de nuestros campesinos
es una riqueza inmensurable que se debe preservar
y cualificar dando todo el apoyo que merecen a
partir de los planes locales, regionales y nacionales
de desarrollo.
Para que superviva y se progrese el sector agropecuario
es urgente recuperar y proteger el mercado interno
para sus productos, otorgar crédito barato
y a largo plazo, y dar todo el apoyo técnico
y comercial que reiteradamente reclaman las organizaciones
campesinas. Igualmente es necesario redistribuir
la tierra en beneficio de los propios trabajadores
del campo.
7.7. Pequeños
productores, pequeños comerciantes y artesanos
La Acción Comunal acoge en su seno a los
artesanos, a los pequeños y medianos propietarios,
industriales y comerciantes, y debe trabajar por
su recuperación con créditos de
fomento, con la recuperación de los mercados
locales para su producción, con mucho apoyo
tecnológico, comercial y financiero, y
con medidas de protección.
Igualmente defendemos a nuestros tenderos que
hacen parte de la identidad veredal, barrial y
de nuestra cultura, y que son quienes mejor contribuyen
a la distribución de la producción
local y regional.
Nos oponemos a la
monopolización de los mercados por parte
de los grandes capitales nacionales e internacionales,
quienes distribuyen principalmente producción
externa, limitando la comercialización
de la producción de nuestros pequeños
y medianos productores. Se necesitan decisiones
urgentes en los municipios y en las provincias,
para que todos estos negocios vendan principalmente
la producción de nuestros campesinos y
productores locales.
7.8. Los excesivos
impuestos
El Estado colombiano se ha convertido en un instrumento
que recauda recursos al público para entregarlos
a los capitales financieros nacional e internacional
a través de las altas tasas de interés
que les paga por sus empréstitos. Por eso
nos oponemos a que se sigan incrementando los
impuestos. Por el contrario, se debe garantizar
mayor eficiencia de los recursos públicos,
en primer lugar, replanteando el servicio a la
deuda pública interna y externa para liberar
recursos con destino a la inversión social
y productiva.
En segundo lugar,
se debe eliminar el actual régimen de contratación
de Ley 80, o régimen de corrupción,
que es la columna vertebral del clientelismo político.
A cambio se debe establecer un mecanismo de ejecución
de los recursos públicos por convenio con
nuestras organizaciones comunitarias y los profesionales
de cada lugar.
Solamente en la medida
en que se fortalezcan los ingresos de la población
se mejorarán las finanzas públicas
nacional y territoriales, por eso, como ya lo
hemos planteado, se debe concebir un modelo de
desarrollo que dé prioridad a la comercialización
de la producción nacional en nuestros mercados
internos y, en general, al desarrollo de una economía
nacional de tal manera que se recupere la riqueza
de la población.
Por lo anterior,
nos oponemos a los proyectos de reforma tributaria
territorial que cursan en el Congreso de la República,
que pretenden sustituir parte de las transferencias
con más impuestos municipales.
7.9. Descentralización
y participación
Compartimos el fortalecimiento de la autonomía
de los municipios sobre la base de real participación
ciudadana en la elaboración de los Planes
de Desarrollo y en la adopción de los Presupuestos.
Es necesario fortalecer
el principio constitucional de las Provincias
como unidades de planificación y desarrollo.
Trabajamos por una modificación a la Ley
60 de transferencia de los ingresos corrientes
de la Nación, dando mayor autonomía
a los municipios en la asignación de estos
recursos, especialmente con destino a proyectos
de desarrollo técnico y agroindustrial
para el mercado interno e internacional.
Se debe hacer realidad
el mandato constitucional de que solamente se
pueden ejecutar recursos nacionales en los municipios
a través de los respectivos Planes de Desarrollo,
de tal manera que se respete y fortalezca la autonomía
territorial.
7.10. Planes
de desarrollo ciudadanos
Además de posicionar unas tesis de reconstrucción
nacional y de consolidar escenarios reales de
poder ciudadano, nuestra campaña también
será un ejercicio pedagógico para
que los municipios y regiones construyan su identidad
en torno a Planes de Desarrollo Ciudadanos a ser
inscritos por los candidatos que aspiren en el
futuro a los cargos de elección popular.
En la medida en que
nuestras organizaciones y los ciudadanos en general
aprendan a ejercer los derechos de mandato sobre
los candidatos, estaremos consolidando reales
procesos de democracia comunitaria.
En este sentido seguiremos
mejorando nuestro modelo de Plan de Desarrollo
para un municipio en crisis, el que ha sido adoptado
por muchos candidatos y Alcaldes en ejercicio,
y el cual lleva implícita la atención
a todos los derechos económicos, sociales
y colectivos establecidos por la Constitución:
participación ciudadana, desarrollo de
la familia, los de la mujer, la niñez,
la juventud, la tercera edad y el disminuido físico,
equidad y ambiente sano, entre otros.
Por Guillermo
A. Cardona Moreno Fecha de Actualización
MARZO 31 DE 2002
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