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La
realidad económica de nuestro país ha sido determinada desde
principios de la década pasada por los lineamientos de la
economía de mercado, ariete de la ideología neoliberal imperante
en el mundo desde hace más de veinte años.
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Todo
está a la venta. El capital hidroeléctrico
del país en primer lugar
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El neoliberalismo trae consigo herramientas que le sirven
de coadyuvantes para consolidarse como modelo de desarrollo
para los países y las relaciones entre estos.
Una
de estas herramientas, que sin embargo esta íntimamente ligada
con las demás como posibilitadora y como fin, es las privatizaciones.
Mucho antes de que en Colombia se comenzara a hablar de este
tema países como Chile o Argentina ya estaban adelantadas
en esta dinámica de reformas.
Estas
reformas estructurales realizadas en Latinoamérica han impulsado
amplios programas de privatizaciones. Así, en el período 1990-97,
se realizaron novecientas privatizaciones que han supuesto
unos ingresos en las arcas públicas de 100.000 millones de
dólares. Estos ingresos han representado, como media, en torno
al 1% del PIB regional, el doble que el promedio de otras
regiones. Latinoamérica es la región que más empresas estatales
ha vendido en el mundo desde que la ex primera ministra Margaret
Thatcher comenzara con las privatizaciones en Gran Bretaña,
a mediados de la pasada década. Latinoamérica supera así a
la Vieja Europa y a Asia en cuanto a número de empresas vendidas,
con más de la tercera parte de los procesos de privatización
que se han realizado en el mundo en los últimos doce años.
El
nuevo credo de las privatizaciones es un tema que se toca
a diario en el país. El tema es tan importante el gobierno
prevé que las privatizaciones financien hasta el 43 por ciento
de su déficit. De la misma forma como lo piensa el gobierno
colombiano entidades como Fedesarrollo y la Anif reiteran
la necesidad de lanzar la casa por la ventana, ojalá de forma
ordenada, y entonces venderlo todo.
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Aplazamiento
tras aplazamiento,
las empresas no valen lo mismo.
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Fedesarrollo
hizo un estudio en el que mostraba el estado de la economía
del país en tres diferentes escenarios (1)
sobre la base de que se hicieran o no las privatizaciones
de Isa, Isagen, Carbocol, electrificadoras y los bancos que
aún posé el Estado. En los resultados se veía que en la medida
en que aumentaba el número de las privatizaciones, como es
obvio disminuían las necesidades de crédito del exterior para
financiarse y eran menores las necesidades de conseguir este
dinero en el interior que a la postre terminaría por empujar
las tasas de interés al alza.
La idea es que con privatizaciones se superen los problemas
estructurales de déficit que vive el Estado. Problemas que
están fundados según la oficialidad gubernamental y los analistas
tradicionales, entre los que se cuentan Anif y Fedesarrollo,
por el gran tamaño estatal ( demasiados trabajadores) y por
los altos intereses que debe pagar por deuda externa. Sin
embargo, y teniendo en cuenta los últimos descubrimientos,
se puede afirmar que las causas también se encuentran en el
desgreño administrativo que permite el despilfarro de los
dineros existentes y en el gigantesco tamaño de la corrupción
alrededor de las arcas colombianas que administra el estado.
De
las privatizaciones se ha dicho de todo: que desangran a las
naciones, que son la panacea en la búsqueda de la eficiencia
para atender a los consumidores, que su columna vertebral
son los despidos, que su objetivo es la productividad y la
competitividad de las empresas con miras a generar riqueza,
que van en contravía de los intereses de los más pobres...
Lo único cierto es que en muchos países, según los economistas
gurú de nuestro nación, han sido el desenfriol de receta que
ha mejorado enfermos y hasta levantado desahuciados como el
caso de El Salvador.
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Lo
que no se pudo conseguir
con trabajo, se busca con
promociones patrimoniales
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El
Instituto de estudio de las Privatizaciones, adscrito a el
BID comenta al respecto. "Las privatizaciones hoy en América
Latina responden más a una concepción distinta del Estado
que a una necesidad fiscal y eso es un hecho profundamente
positivo ya que no es una respuesta a una crisis fiscal de
corto plazo, sino una nueva visión del Estado que en vez de
crear dificultades al sector privado abre oportunidades y
define reglas de juego que permiten su participación." ¿Este
es el caso colombiano? Si lo contrastamos con lo dicho en
los informes presentados por los analistas tradicionales,
la respuesta es casi irrefutable: no lo es. Pero para poder
establecer un juicio más profundo démosle la oportunidad a
los lectores de conocer los dos lados de la moneda, las ventajas
y las desventajas de las privatizaciones (2).
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