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A
pesar de su impulso al desarrollo económico, las privatizaciones
suelen ser criticadas, sobre todo a causa de las reducciones
de puestos de trabajo, a menudo necesarias para hacer competitivas
las antiguas empresas públicas.
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La
corrupción se puede cambiar
por la fuga de capitales
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La pérdida de empleos en las empresas privatizadas es traumática.
Así, en Argentina, como en Colombia, decenas de miles de trabajadores
de las antiguas empresas públicas se han quedado sin trabajo.
El desempleo ha crecido como resultado de las privatizaciones,
pero también de la liberalización económica. Lo que ha provocado
un grave problema social y una situación que alimenta manifestaciones
antigubernamentales. Es posible que el crecimiento económico
favorecido por el ajuste disminuya en el futuro el desempleo,
pero, por ahora, la tasa de paro, en Argentina, se sitúa en
el 18%, y como es bien sabido en nuestro país es del 20,8
%.
Probable
perjuicio a las clases más necesitadas. Algunos ven en las
privatizaciones un riesgo para las clases con mínimos recursos
económicos. La prestación de servicios por parte de las empresas
antes públicas y ahora privadas, puede dejar fuera a los más
necesitados por no ser rentable. Este inconveniente puede,
en muchos casos, corregirse a través de una adecuada regulación
previa a la privatización de las empresas que prestan servicios
esenciales.
Concentración
del poder económico. Si el proceso privatizador está mal implantado
se puede producir una concentración de poder en un pequeño
núcleo de empresas grandes. Sin embargo, mucho más fundamento
suelen tener las críticas a la insuficiente transparencia
de los procesos de privatización, que a menudo han beneficiado
a grupos de empresarios ligados al poder político. Es un tipo
de crítica que se repite en países como México o Bolivia.
De ahí que el proceso de privatización deba hacerse con total
transparencia con el fin de reducir las posibilidades de corrupción,
de colusión y de uso de información confidencial, elementos
que originan ganancias privilegiadas en la venta de bienes
públicos. Por otra parte, una mayor transparencia también
puede contribuir a alcanzar otros objetivos.
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Privatizar
puede ser una
salida fácil para no realizar
reformas al aparato estatal.
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Por
otro lado, las privatizaciones más allá de mismas, y como
requisito, significan ajustes económicos en todo el andamiaje
económico de un país. En Colombia estos ajustes se han ido
implementando de forma desordenada y arítmica lo que ha dificultado,
no sólo la consecución de sus objetivos, sino la creación
de un orden armónico que facilite un desarrollo sostenido
y coherente con las exigencias del futuro.
Los
ajustes que exige un programa de privatizaciones fueron anunciados
desde hace un año y medio, y se basan en reformas a distintos
aspectos económicos, que, como todo respecto a la economía,
tienen un gran impacto social. A continuación tenemos un esbozo
de estos ajustes en lo macroeconómico, es decir en el marco
estructural que sustenta el movimiento de los demás agentes
del sistema económico, y su relación con las privatizaciones.
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