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El
sector de las telecomunicaciones
está en el ojo del huracan.
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Es común que frente a la situación colombiana se ponga un
paralelo de hacia dónde debemos dirigirnos, comúnmente los
economistas, aquellos que calculan el volumen de sus indicadores
sobre sujetos intangibles y construyen sus programas sobre
sujetos ideales, más perfectos que los tomados por el mejor
idealismo alemán, estos profesionales, nos preguntan si queremos
enfilarnos con Argentina y sobre todo con Brasil o enrutarnos
al atolladero a la ecuatoriana (1).
Pero
cuando se analizan los panoramas sociales de estos países
modelo, no sólo sus gordos indicadores económicos, no se sabe
si es una pregunta capciosa o una pregunta infantil con cierto
grado de maldad pueril, ¿o ingenuidad mejor?.
En Colombia, como los analista preguntones lo saben bien,
los compromisos con el Fondo Monetario Internacional han obligado
a tomar medidas que ahogan cada vez más las arcas del Estado
y las pequeñas economías de los ciudadanos, sin embargo esta
situación no es sólo nuestra y así lo evidenció la protesta
del presidente de Brasil, Fernando H. Cardoso, uno de los
dirigentes más elogiados por su ortodoxia económica y calificado
por sus detractores como agente del FMI por cuenta de su reforma
económica patrocinada por el ente internacional y sus técnicos.
Ante unos 700 financieros, empresarios y funcionarios del
Mercosur, Europa y Estados Unidos, Cardoso aseguró que por
la forma como el Fondo calcula los pagos de los servicios
y amortizaciones de la deuda, a su Gobierno no le quedan recursos
para ninguna otra cosa. El mandatario de la primera economía
Latinoamericana, afirmó que lo que más le preocupaba es que
las políticas adoptadas han agotado la capacidad de crédito
del Gobierno Federal en lo que tiene que ver con la ayuda
a la población más empobrecida del país
(2). Qué se puede decir de Colombia pues para
cumplir ha tenido que asegurar medidas que afectan directamente
el presupuesto de inversión social para el próximo año. Pero
como dice el adagio, nadie escarmienta en carne ajena.
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El
sector eléctrico es estratégico y muy
rentable en el mundo de los negocios.
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Historia
de injusticia social es la que se escribe en Colombia pensando
en que seguir los pasos técnicamente aprobados por el sistema
neoliberal nos hace integrados a la mendaz globalización.
¿Es globalización tener gente con menores salarios de tal
forma que no puedan acceder a lo mínimo que satisfaga sus
necesidades? ¿La exclusión es un factor definitivo para llegar
a la globalización y ser competitivos en la economía de mercado?
¿Las privatizaciones son la forma más inteligente para hacer
eficiente la economía de nuestro país según los lineamientos
del mercado? ¿Privatizar en las condiciones en que se planea
-empresas a bajo precio, sin un eficiente marco regulatorio,
sin compromisos serios a largo plazo para proteger las necesidades
de los más pobres, aumentando el desempleo en una economía
incapaz de reabsorverlos- se está construyendo futuro o regalando
riqueza? Sean afirmativas o negativas las respuestas a estos
interrogantes, entonces la pregunta sería ¿En estos términos
la globalización y la participación activa en la economía
de mercado son lo que necesita un país como Colombia? ¿Los
factores que nos hacen ser un país en vía de desarrollo -atraso
tecnológico, industrial, productivo, político- no son los
mismos que nos hacen, siguiendo sistemas económicos y comerciales
basados en estructuras modernas que no poseemos, económica
y socialmente una nación inviable?
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