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HAY
QUE CERRAR EL FMI
Steve H. Hanke
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Desempleo
es la onda explosiva de cumplir con el fondo
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El
Fondo Monetario Internacional interfiere demasiado en las
políticas internas de los países que intenta ayudar. Es más,
las políticas del FMI no generan prosperidad ni alivian la
pobreza. Esta fue la reciente conclusión de la comisión bipartidista
del Congreso de Estados Unidos. Lamentablemente, el remedio
propuesto no cura la enfermedad sino que trata de reinventar
la misión del FMI.
El único remedio es acabar con esa burocracia internacional.
¿Por qué? No hay que ver más allá del desastre que causó en
el sureste asiático. A mediados de 1997, a raíz del colapso
del baht, la moneda de Tailandia, una crisis económica se
extendió por toda la región. La receta del FMI: tasas de cambio
flotantes.
Se nos aseguró que eso sería la manera de recuperar la prosperidad.
Recordemos que cuando Indonesia puso a flotar la rupia, en
agosto de 1997, el subdirector gerente del FMI -Stanley Fischer-
aseguró que tal acción, "en combinación con las sólidas bases
existentes en Indonesia, apoyadas por políticas fiscales y
monetarias prudentes, permitirá a su economía continuar con
el mismo impresionante rendimiento económico de los últimos
años".
Disparates. Con la excepción de Hong Kong, todos los demás
países del sureste asiático pusieron sus monedas a flotar.
Y se hundieron. En la siguiente gráfica podemos ver lo que
sucedió. Desde fines de 1966 hasta diciembre de 1999, la moneda
que más sufrió fue la rupia de Indonesia, pero a todas las
monedas de cambio flotante les fue muy mal.
La labor del FMI se evidencia en las devaluaciones y el derrumbe
de la prosperidad en Asia, en los años 1996 a 1999:
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País
|
Tasa
de cambio en US$
|
PIB
per capita: US$
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| Hong
Kong |
- 0,5% -
|
- 5,6%
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| Corea
del Sur |
26,0% -
|
-18,4%
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| Tailandia |
31,6% -
|
-30,8%
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| Malasia |
33,5% -
|
-28,6%
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| Indonesia |
66,4%
|
-35,5%
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Nadie puede negar que mientras mayor fue la devaluación peor
fue la ruina sufrida por esas economías. Indonesia fue la
que más sufrió. Algunos dicen que los pobres no fueron muy
afectados. Incierto. Los más pobres son siempre los que más
sufren por las malas políticas.
¿Por qué fue Hong Kong una excepción? Como lo predije en mi
columna publicada el 17 de noviembre de 1997, Hong Kong no
devaluó su moneda. La razón fue que Hong Kong ya tenía una
caja de conversión que fijaba su moneda al dólar de Estados
Unidos. La moneda local pudo entonces resistir el vendaval
y su Producto Interno Bruto cayó mucho menos que el de sus
vecinos.
Claro que la historia que cuenta el FMI es muy diferente.
El mes pasado, Thomas Dawson, escribió indignado al Wall Street
Journal, en defensa de la política asiática del instituto.
Decía que Corea del Sur creció 10% en 1999 y Tailandia 4%.
Cierto, pero eso apenas demuestra una recuperación parcial
del desastre sufrido en los años anteriores.
Yo fui testigo de las destructivas políticas del FMI. En febrero
de 1998, el entonces presidente Suharto de Indonesia me nombró
consultor. Para detener la caída de la rupia recomendé adoptar
una caja de conversión similar a la de Hong Kong. El mercado
aplaudió la idea. El día en que la noticia fue reportada,
la rupia se revaluó 28% frente al dólar.
Pero Suharto no era una figura popular ni para la administración
Clinton ni en el FMI. La caja de conversión hubiera logrado
estabilizar la rupia, pero también hubiera fortalecido a Suharto,
por lo que Washington y el FMI desataron un contraataque masivo,
presionando al gobierno de Indonesia a deshechar la idea de
la caja de conversión.
Recientemente, Michel Camdessus, director gerente saliente
del FMI, se jactaba diciendo: "Nosotros creamos las condiciones
que obligaron al presidente Suharto a abandonar su cargo".
Es decir, el FMI creó un inmenso sufrimiento humano para lograr
ciertos fines políticos.
Cuando el ex Secretario de Estado George Shultz se enteró
de las declaraciones de Camdessus, dijo por radio: "No creo
que esa es una función del FMI. Miren lo que sucedió en Indonesia:
el ingreso per capita se redujo a la mitad, se disparó la
pobreza y aumentó la intolerancia religiosa". Más claro, imposible.
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