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El
fútbol comenzó siendo un deporte espectáculo,
en el cual la congregación de las personas era
para tener un rato de esparcimiento con amigos
y familiares. Aunque la rivalidad entre los
equipos siempre ha existido, ésta no se presentaba
en las tribunas y eran antes los hinchas quienes
se encargaban de exigir un espectáculo en el
cual el juego limpio y la fiesta fueran la esencia
de cualquier encuentro.
Fue hasta los años sesenta que en Europa, más
específicamente en Alemania e Inglaterra, se
empezó a dar la violencia entre hinchas, esto
por las competencias internacionales.
Ya en los ochenta nacieron los "hooligans" en
Gran Bretaña y las "Barras Bravas" en el sur
del continente americano, aunque al principio
eran aislados los enfrentamientos y entre pocas
personas, los grupos fueron creciendo, convirtiéndose
cada vez en más radicales y más violentos. En
1985 se evidenció esta violencia en la Final
de la Intercontinental entre los equipos Juventus
italiano y Liverpool de Inglaterra, donde murieron
más de 30 personas.
Debemos tener en cuenta que la violencia europea
en el fútbol, ha sido en muchos casos de enfrentamientos
entre las barras de cada país. En el continente
americano, no se han presentado casos de este
tipo, los problemas han sido internos, entre
barras de clubes nacionales.
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Argentina
es considerado como el país precursor de las
barras bravas, aquellas que con cánticos y banderas,
no paran de animar a sus equipos durante noventa
minutos, sin embargo, la pasión desenfrenada
ha llevado a los hinchas a participar más allá
de la simple observación, desembocándose después
de cada encuentro con aquellos que piensan que
son sus enemigos "a muerte", por el sólo hecho
de llevar una camisa diferente. En los últimos
años el enfrentamiento en las calles de barras
bravas ha generado un problema de orden público
para los gauchos, ya que dejaron crecer sin
control grupos que son dirigidos por los llamados
"capos".
En nuestro país el problema es más reciente
y las barras se han convertido en el desahogo
para muchos jóvenes apasionados por el fútbol,
sin embargo las barras colombianas pueden ser
controladas, sin necesidad del abuso de autoridad
por parte de la policía. No podemos negar que
hay un fanatismo, pero ese fanatismo siempre
ha existido, lo que se debe evitar es que el
hincha lo demuestre por medio de la violencia.
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