| El
por qué de la Violencia? |
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Esta
preocupación por la violencia no parece necesario
justificarla, y menos en la era nuclear. Recordemos
además, que sólo la especie humana es capaz
de destruirse y de ejercer su propia fuerza
contra sí misma. Este comportamiento del ser
humano hace reflexionar forzosamente a quiénes
se interesan por la paz. La violencia es de
difícil justificación en nuestra época si se
mira al horizonte con las armas nucleares y
su capacidad de destrucción total.
El eterno problema de la violencia en el fútbol
es algo tan viejo como el propio juego. Ha dado
manifestaciones literarias desde 1925, cuando
Enrique Jardiel Poncela publicaba en la revista
Aire Libre el sainete "El once del Animal FC",
un club que jugaba con la agilidad de un rinoceronte
pesimista al que le echaban un once y le hacían
un siete. Era un club para el que "la honra
de la asociación es el leite motives de la existencia,
y ante una afirmación de esa naturaleza pierdo
la cabeza y el encendedor automático", según
su presidente. Y para no perder la honra planificaba
tácticas con patadas en la espinilla, balonazos
en las fosas nasales, cargas con fuerza, codazos
en los estómagos y pisotones de tobillo... hasta
tal punto que a la salida cada reunión los jugadores
pegaban puntapiés a las sillas para entrenarse.
En 1988, según demostraban algunas encuestas
era el sexto factor que causa disputas violentas,
el segundo asunto capaz de terminar en enfrentamientos
y el primero en generar las actitudes más violentas.
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En
consecuencia es prácticamente imposible acabar
con la violencia en el fútbol, pero sí se pueden
combatir con intensidad sus manifestaciones
con arrebatos o fuera de razón y justicia y
reducir las circunstancias fatídicas. Algunas
características que generan la violencia se
resumen en ocho puntos:
1º) Para algunos aficionados el estadio es un
lugar de violencia ritual donde la brutalidad,
el descaro y la ordinariez son expresiones primarias
que forman parte de la fiesta.
2º) El fútbol profesional ha creado un nuevo
marco donde el periodista ya no es sólo un mero
informador sino que tiene que desarrollar funciones
de educador, orientador de la información y
mediador comercial. Está en el medio de la pasión
de los espectadores, la violencia propia del
juego, el frenesí comercial y publicitario que
intenta sacar rendimientos incitando al consumo
y la asimilación de varios hechos que ocurren
a la vez teniendo que seleccionar el más llamativo.
3º) Existe una tendencia generalizada a buscar
expresiones que generen emociones, sensaciones
e impresiones del espectáculo deportivo. Lo
técnico sólo es comprensible por quienes han
participado en el fútbol, mientras que las palabras
con lenguajes figurados comentando a que se
parece llegan a más público.
4º) Con más frecuencia, cuando se habla de dirigentes,
surgen agresiones verbales gratuitas, ofensas
innecesarias y difamaciones.
5º) A los protagonistas se les busca declaraciones
de impacto, en las que a veces van descalificaciones,
insultos o provocaciones. Unas veces para hacer
presión y conseguir un mejor resultado, en otras
para acaparar la atención del público y conseguir
una mayor animación de su parte; en algún caso,
para obtener una mayor recaudación económica.
6º) Los excesos de interpretaciones de los hechos
y las valoraciones de jugadas que se suceden
a gran velocidad se suelen realizar con un énfasis
constante, cuando se debería emplear sólo en
las ocasiones importantes. Y en ese ambiente,
de vez en cuando, encajan las acusaciones, las
amenazas por ese miedo a perder identidad y
las bravatas.
7º) En la presentación social del fútbol prima
el mito del éxito en combinación con las pasiones
locales, que si no se consiguen dan lugar a
focos de crispación. En algún caso ha sido tan
curioso que se ha festejado como un triunfo
el no haber ganado una competición o el no haber
descendido de categoría.
8º) Un último factor tiene que ver con el clásico
asunto del lenguaje belicista del fútbol. Afortunadamente,
cada vez lo es menos y tiene su historia. La
difusión del deporte hasta media
En resumen, la violencia verbal también forma
parte del ambiente del fútbol y puede ayudar
a que estén presentes otras formas menos deseables
gracias a su capacidad de seducción. Ojalá,
las aficiones, ya en el nuevo marco del fútbol
como industria del ocio donde ellas desempeñan
la función de consumidores con sentimientos,
sigan promocionando que el fútbol es sólo un
espectáculo, un negocio o una diversión, que
es "el descansillo de la escalera de la semana",
en expresión del poeta Carlos Murciano, el prado
donde olvidar los desengaños, el paréntesis
que sigue transmitiendo libertad, sueños, calma.
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