Deportes • JUN 6 / 2026
Once Caldas escribió la historia, la gloria lo espera
Miércoles, 16 / Jun / 2004

Foto AFP

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Fueron 10 segundos de furia, pero será toda una noche, un día o una semana de felicidad en Manizales. Porque Once Caldas consiguió por primera vez en su historia llegar a la final de la Copa Libertadores. Porque dejó en el camino a uno de los bicampeones del torneo continental Sao Paulo, y porque supo con paciencia y efectividad definir su paso a la gloria. Toda una gesta.
Fue un partidazo. Vibrante con el grito de gol en las gargantas. Con el anhelo de llegar a la final en la mente de cada manizalita que llenó el estadio desde las 6 de la tarde. Con toda una ciudad volcada a un campo deportivo, que quedó pequeño porque la gente no pudo contener la emoción de estar entre los grandes de América, y festejar por las calles empinadas, por los alrededores del “Palogrande” que en cada esquina respira fútbol.
Arrancó mejor Once Caldas. A los 30 segundos Alcázar fue derribado al borde del área. La gente se levantó y pidió que pateara Valentierra, pero le pegó Rubén Darío Velásquez y el volante de recuperación la mandó contra la barrera que puso Sao Paulo. Enseguida, un minuto después, Valentierra pidió la pelota y le mandó un pelotazo a Dayron Moreno quien remató a las manos del arquero Ceni. Era el comienzo, una antesala interesante que dejaba claro como el local buscaba imponer sus condiciones.
Pero la visita no se escondió. Adelantó defensores, movió fichas y llegó con Gustavo Nery quien se proyectó, varias veces, por el sector izquierdo y creó peligro.
A los 15’, Once tuvo una opción muy clara. Velásquez le puso la pelota a Alcázar para el perfil derecho, el delantero se acomodó y... falló!...increíble...se asustó con el achique de Ceni. Sin explicación, la mandó afuera.
A los 24’, volvió a llegar Caldas. Por derecha desbordó el juvenil Dayro Moreno quien envió una pelota aérea que cabeceó Valentierra, cuando el esférico entraba al arco, lo detuvo en su trayectoria Messiano. El estadio gritaba, estaba sediento e imploraba por un gol.
Y llegó. Transcurría el minuto 27, San Pablo parecía sin aire. Sus jugadores no aguantaban los ataques locales y allí apareció Valentierra quien lanzó un tiro libre desde la derecha, el rebote quedó para Viáfara quien bajó la pelota con su cabeza para que llegara Alcázar y empujarla con su muslo izquierdo y concretar el primer gol de la noche. Las tribunas temblaron, los jugadores se abrazaron y festejaron la ventaja... momentánea.
Sí momentánea porque seis minutos después, cuando Once sufría la lesión de su capitán Samuel Vanegas por un choque con Henao, llegó el gol del empate. Danilo tomó un rebote fuera del área que dejó la defensa blanca y con un remate certero y fuerte, a ras de piso, venció al portero local y le quitó un invicto de más de 340 minutos en la Copa.
Cuando el reloj marcaba 45 minutos, John Viáfara

La segunda parte comenzó con menos dinámica. Sin tantas opciones como en el primer tiempo porque los equipos decidieron tener más cautela. Los nervios que transmitía la gente no querían entrar en la cancha, pero era inevitable. Los blancos y rayados no hacían un pase bien. Abundaba la imprecisión y los errores.
Faltando nueve minutos para el final, ingresó al área Gustavo Nery. Enfrentó a Henao y el arquero le sacó la pelota limpia, le quitó el gol de los pies al volante brasileño. Nuevamente se prendió el juego. Comenzó una ida y vuelta apasionante. Quedaban pocos minutos, pero había fútbol y despliegue físico para convertir una anotación. Se asomaban los pénales, se acababan las uñas de los asistentes, pero aún quedaba tiempo.
Y otra vez llegó, sobre el final, el gol del triunfo. Javier Araujo, quien reemplazó a Moreno, tomó la pelota en la mitad del campo, se abrió espacios con el esférico atado a su botín derecho, estuvo a punto de caerse, pero mantuvo su equilibrio porque el destino así lo quiso. Levantó la cabeza y vio a Jorge Agudelo que corría para quedar de cara al arco. Araujo le puso un pase preciso, hermoso, estilo “Pibe” Valderrama a su compañero. Quedaban pocos segundos, la gente se levantó de sus asientos, observó cómo el hábil delantero enganchó, dejó pasar a su marcador y desacomodó al arquero Rogeiro. Venía lo mejor. Se concretó el gol con un remate potente a ras de piso que realizó Agudelo. Se instaló la alegría en la cancha. Fue todo carnaval. Abrazos, besos, gritos desenfrenados y sueño cumplido.
Once Caldas, una criatura que ha crecido con pasos firmes, está en la final. Sí, está y disputará el título con uno de los dos más grandes del fútbol argentino, River Plate o Boca Juniors. Está por derecho propio, porque nadie le regaló nada y porque su fútbol es de un equipo con ambiciones. Serio y lleno de paciencia para conseguir un resultado que lo haga disfrutar y celebrar como el de esta noche por las calles de la hermosa capital de Caldas: Manizales. Ahora resta esperar el rival, porque desde ya Colombia está con el Once.
Ficha técnica.
Once Caldas: Juan Carlos Henao - Miguel Rojas, Edgar Cataño, Samuel Vanegas (Wílmer Ortegón, 33), Edwin García - Rubén Darío Velásquez, John Viáfara, Elkin Soto, Arnulfo Valentierra - Herly Alcázar (Jorge Agudelo, 66) y Dairo Moreno (Javier Araújo, 62). DT: Luis Fernando Montoya.
Sao Paulo: Rogerio Ceni - Cicinho, Fabao, Rodrigo, Gustavo Nery (Vélber, 89) - Alexandre, Fabio Simplicio (Gabriel, 74), Danilo, Marquinhos (Fabio Santos, 30) - Luis Fabiano y Grafite. DT: Alexis Stival 'Cuca'.
Estadio: Palogrande de Manizales
Arbitro: Jorge Larrionda. Líneas: Fernando Cresci y Pablo Fandiño (terna uruguaya)
Amonestados:
Once Caldas: Samuel Vanegas (9), Edgar Cataño (45)
Sao Paulo: Fabio Simplicio (3), Luis Fabiano (70)
Por: Leonardo Duque
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