Colombia.com (4/30/2008): Personas que exceden el consumo de sal en los alimentos pueden tener consecuencias severas en su salud.
La sal es un condimento que da sabor a muchos alimentos, pero su abuso puede llegar a ser causante de hipertensión arterial y otras enfermedades
La sal es un condimento y forma parte importante de la dieta, sobre todo si está fluorada ya que contribuye al desarrollo de dientes sanos.
Pero muchas personas se exceden en su consumo y eso tiene consecuencias severas, ya que la sal en la dieta favorece el desarrollo de la hipertensión, padecimiento que se origina por un aumento en el volumen de los vasos sanguíneos o también por un aumento en la frecuencia de contracciones del corazón.
En su origen, como lo comentó el Dr. Francisco Javier León Hernández, cardiólogo de la Unidad de Especialidades Médicas Lindavista, influyen otros factores, tanto personales como ambientales entre los que destacan: la edad, los hábitos alimenticios, ya que es más frecuente en personas con obesidad que llevan una dieta rica en sal y pobre en potasio, que consumen bajas porciones en verduras, frutas y frutos secos, legumbres y cereales integrales.
Pero la solución cuando se padece de presión arterial elevada consiste no solamente en tener una dieta baja en sal, sino también en una adecuada valoración médica y en el apego al tratamiento que el médico señale, ya que existen en el mercado medicamentos muy efectivos para su control y sin ocasionar efectos secundarios en el paciente.
La fuente principal de sodio en la alimentación es la sal, por lo que es necesario reducir paulatinamente la que se utiliza en la cocina y en la mesa.
También se debe moderar el consumo de alimentos ricos en sodio como las aceitunas, los quesos curados y otros y de aquellos a los que se ha añadido mucha sal durante su elaboración: embutidos, conservas, cubitos para caldo, frutos secos salados, purés instantáneos, o papas fritas, entre otros alimentos
Además, una correcta educación del paladar desde la infancia, es la mejor estrategia de prevención para futuras generaciones, potenciando el gusto propio de los alimentos, lo que además evitaría los dificultosos cambios de hábitos a los que se ven obligados quienes deben reducir, por motivos de salud, la cantidad de sal en su dieta diaria.