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BOGOTÁ

Restaurante La Loma de Torca

Colombia.com: Si no fuera por mi pobre sentido de la ubicación, diría que fue un día perfecto el que pasé en la Loma de Torca, justo donde queda el restaurante más exclusivo de la zona que lleva su nombre; donde no sé si por sus descomunales carnes al barro, por su chimenea que invita a un vino o por la mecedora, y muy en parte, por el cálido Carlos Rey, su artífice, volvería un día cualquiera. Al final, abren todos los días.

Este restaurante, La Loma de Torca, que se abrió hace justo un año, ha sido la clara y fiel imagen de "La Embarrada", el sitio que había dejado sembrados tan buenos recuerdos en tanta gente, que por 14 años lo convirtieron en favorito.

Pero éste pollo o lechoncito al barro, al igual que el matambre y el Asado de tira argentinos, ya se encuentran más cerca a la ciudad, justo en la inspirante Loma de Torca.

Desde la entrada se siente el calor de hogar, la familiaridad. Reciben el bolso o la chaqueta y si se les da confianza, sin pensarlo dos veces, le ofrecen a la visita una respetuosa “mecidita” en el columpio de

fuerte material canasto del jardín central.

Y el más osado y despreocupado, se podrá además subir a la copa del árbol para estar un rato en la casita. Mientras las niñas, estarán más a gusto, en la casa de las muñecas, ya en tierra.

Luego, a conocer la casa, con el único fin de escoger el mejor sitio para comer, dependiendo si son niños, adultos, jóvenes o parejas. Hay un sitio para todos.

Con paciencia, pasean al invitado por los dos salones interiores que tienen vista al jardín, pasando por el salón invernadero de paredes color rosa y unas mesas montadas a la manera gaucha.

Y es que además de su relajante y tranquilo color rosa, el calor que se cuela del soleado día, se confunde con el de sus anfitriones. La sala de la chimenea por su parte, preferiblemente es para la tarde fría o mucho mejor, para la noche.

De la técnica "Al barro"

Ya antes mencionado, pato, pollo o lechoncito, adquieren un sabor un tanto lejano y poco familiar, que aunque irreconocible, muy exquisito o como dicen – de otro mundo -,

Canasta y Mecedora del Jardín Central
a la antigua técnica campesina del sur del continente, pues su extraña mezcla de barro y pajas hacen que el alimento se compacte totalmente hasta sellarse y cocinarse en sus mismos jugos – parte del secreto -, que luego, al pasar al fuego por unas 4 o 6 horas, dejan a tan animalito tan suave, jugoso y completamente impregnado de sus ingredientes secretos.

De la abuela, Del tabaco o De la carne, son algunos de los títulos que se plasman en su carta, idea que para nada es dividir la carta, sino de expresar las diferentes opciones que hay, ya sea para comer, beber o endulzar el momento.

Así en principio, se puede pedir una crema de la abuela o si se quiere algo más fuerte, un un bifé de chorizo o una morcilla, que a diferencia de la criolla, no tiene arroz; o quizás un suave Provolone, queso maduro con unas hierbas exquisitas.

El pan de la casa que se sirve es servido caliente y crocante, que junto al paté y mantequilla de la casa, es un buen comienzo.

Ya luego un Matambre, rollo de carne prensado que con tan largo proceso

de “al barro” y prensado, resulta un exquisito plato; o el lechoncito o tal vez un Asado de Tira, pero el básico – en el buen sentido- porque tiene un proceso de no menos de 4 horas, y a la vez exquisito, es el Pollo al barro, - pienso -, que con uno vinito, completa el gourmet del asunto.

Ya cuando la tarde se torna fría, es ideal la sala de la chimenea donde se puede compartir con amigos o con el enamorado; que si se quiere, se puede reservar.

Y es que en La loma de Torca, todo es posible: almorzar, cenar, desayunar, reunirse con los amigos, familiares, con la empresa, en fin, la casa está abierta y apta para cualquier posibilidad, y no sólo su casa, sino Carlos Rey, un hombre que vive para su proyecto y donde le plasma su toque y experiencia en los medios de comunicación y publicitarios.

Entre semana se tiene acceso también a la Loma de Torca, allí llegan todos los empresario y ejecutivos de la zona, que perfectamente pueden comer siempre allí, ya que se ofrece un menú especial cada día, que tiene un precio de

$8.000.

De su carta, los platos oscilan entre los $10.000 y $22.000, pero el más costoso, si así se puede decir -, es el lechoncito adobado que cuesta $28.000.

Los licores son los normales, muy amplia, entre los que se pueden encontrar vinos desde $26.000 hasta de $150.000, cocteles. Los postres son de $6.000 o jugos naturales con un costo de $3.100.

Ya la estocada final, el postre, se llevó a la sala, que pudo ser en el prado o en el invernadero, pero la lado de la chimenea, el helado de amaretto de la casa, contrasta de maravilla.

De jueves a sábado hay un recien estenado programa para las noches, con un grupo en vivo diferente cada noche.

Bueno, pero lo mejor de todo, es que queda aparte de una barriga satisfecha, un recuerdo muy agradable, un paseo inolvidable y un amigo más, Carlos Rey, el papá de los Pollitos, que da mucho de sí en cada situación.

Dirección: Carretera Central del Norte (Carrera 7a). Km. 14.

Teléfono: 676 06 57

e-mail: laloma@007mundo.com