En días pasados una noticia
dejó fríos a los gestores culturales de
la capital. La Beneficencia de Cundinamarca decidió
cobrar la nada despreciable cifra de $5 mil millones de
pesos a los espectáculos culturales que no han
pagado el impuesto de pobres, más exactamente el
impuesto para el "Fondo de los Pobres, recaudo que
debe destinarse a satisfacer las necesidades de los mendigos".
Un gravamen que se creó en 1918 para atender a
las personas de escasos recursos de Bogotá.
El anuncio apareció la misma semana en la que Gloria
Zea, quien ha estado durante años al frente de
la Ópera de Colombia y del Museo de Arte Moderno
de Bogotá, Mambo, presentaba oficialmente la
Temporada de Ópera 2003.
Zea dijo: "No es justo que
nos cobren un nuevo impuesto que sería el 10%
adicional sobre el costo de la boleta, porque en este
momento estamos pagando 10% a Coldeportes, 10% al azar
y espectáculos, 12% en alquiler del Jorge Eliécer
Gaitán si queremos presentar la ópera
allá y 10% a Sayco y Acimpro".
Y agregó: "Realmente
todo esto es absurdo. La Beneficencia pretende hacer
realidad un acuerdo, el 01 de 1918, que busca cobrarle
a las organizaciones privadas sin ánimo de lucro
que hacen espectáculos en Bogotá, un impuesto
para los pobres. Un acuerdo que no se ha reglamentado
y que además no lo quieren hacer retroactivo
a los últimos cinco años, con qué
lo vamos apagar, tendríamos que entregarles el
vestuario de los montajes. Esto es ilegal, la Ley vista
así es ilegal, tiene toda suerte de vicios y
mientras no se demuestre que es válida, va contra
la Constitución. Si continúan con este
empeño significaría, para los que hacemos
cultura, cerrar inevitablemente".
El impuesto pretende cobrar "el
diez por ciento sobre el valor de las entradas efectivas
sin excepción a teatros, conciertos, cinematógrafos,
plazas de toros, hipódromos, circos de maromas
y demás espectáculos públicos análogos",
según reza el Acuerdo. Sin embargo, con el tiempo
a éste se le anexaron cosas, por ejemplo, la
Ley 72 de 1926 que establece en su artículo 6°
lo siguiente: "Es el Concejo Municipal de Bogotá,
el que "puede organizar libremente sus rentas,
percepción y cobro, ya por administración
directa, delegada o por arrendamiento, y darles el destino
que juzgue más conveniente para atender a los
servicios municipales y sin necesidad de previa autorización
de la asamblea departamental".
Doce años después,
en 1938 el Acuerdo 33 dispuso en su artículo
12: "Autorízase al Alcalde para traspasar
a la Junta General de Beneficencia de Cundinamarca el
recaudo del Impuesto del "Fondo de los Pobres"
mediante un contrato por el cual la Junta General de
Beneficencia se comprometa al sostenimiento de todos
los indigentes que le remita la Alcaldía en las
condiciones que se estipulen en dicho contrato, el cual
no requerirá para su validez la posterior aprobación
del Concejo".
Sin embargo, sólo hasta este
año, el Director de la Beneficencia de Cundinamarca
puso sobre el tapete el tema y aseguró que el
impuesto debería ser retroactivo, es decir, que
las entidades culturales que han realizado espectáculos
deberían pagar lo que no han cancelado los últimos
cinco años.
Jorge Vargas, del Teatro Taller
de Colombia y quien está al frente del IV Festival
Internacional de Teatro "Al aire puro", que
entre el 28 y 31 de agosto se tomará la capital,
aseguró que este nuevo impuesto "significa
que el Estado está matando poco a poco con los
sueños de los creadores culturales y de la gente
que tiene dinero para acudir a teatro y a espectáculos
culturales en general".
Según Vargas, "la mayoría
de salas de teatro está trabajando a pérdidas.
Si el Teatro Nacional que es el que cuenta con mayores
posibilidades para realizar grandes espectáculos
qué diremos nosotros que tenemos una sala donde
cobramos la boleta a $4.000 pesos, eso no es nada. El
Impuesto al Pobre no tiene razón de ser, sin
duda la política estatal está desenfocada.
Si lo que falta es apoyo a la cultura, es una vergüenza
el trato a la cultura".
Por su parte el actor Juan Carlos
Mateus, que en la actualidad participa en varias producciones
teatrales, asegura que a pesar de que el impuesto está
más enfocado en las personas que realizan espectáculos
grandes, los que se ven más afectados con la
medida son sin duda los pequeños teatreros y
las personas que individualmente le están apostándole
a la cultura. "El Gobierno ya quitó el programa
de Salas Concertadas que le permitía un respiro
a las personas que están haciendo teatro y ahora
aparece este impuesto, no estoy de acuerdo, creo que
es injusto".
La discusión parece que hasta
ahora empieza. Fanny Mikey directora del Teatro Nacional
y quien cada dos años le entrega al país
el Festival Iberoamericano de Teatro, asegura enfáticamente
que si no le encuentran una salida a este nuevo cobro
ella tendrá que cancelar el próximo Festival.
A su queja se une Gloria Zea con la Temporada de Ópera
de los próximos años. Según el
gerente de la Beneficencia, si la cultura no paga la
entidad no tendrá cómo generar los recursos
necesarios para apoyar a una población que cada
día va en aumento.
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