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"Sí, yo violé y maté a los niños": Manuel Octavio Bermúdez
Colombia.com (7/27/2003) : El Homicida pedófilo, Manuel Octavio Bermúdez Estrada , confesó ser el autor de la muerte de más de 34 niños, violados, estrangulados y arrojados entre cultivos de caña y áreas despobladas de Palmira, Pradera, Buga, Tuluá, Yotoco en el Valle del Cauca y otras ciudades como Pereira, El Cerrito y Trujillo. Además, cerca de 50 infantes entre los 6 y los 12 años sería el número aproximado de menores violados que, según Bermúdez Estrada, no logró o no quiso matar.

El CTI trata de establecer la veracidad de los hechos criminales de Manuel Octavio Bermúdez Estrada, los cuales se habrían iniciado en 1994 en Pereira, al igual que por esta fecha y en esa misma ciudad también andaba suelto el primer homicida múltiple en Colombia, Luis Alfredo Garavito Cubillos, apodado como 'La Bestia', acusado de violar, mutilar y asesinar a más de 190 niños en varios departamentos del país, incluido el Valle del Cauca.

El 29 de marzo del 2002, un niño se le escapó a Manuel Bermúdez, quien ayudaría con información para capturarlo. Este testimonio fue clave para la captura de Bermúdez Estrada, pues indicó que era cojo, y esta fue una de las características que tenían los investigadores en su base de datos, cuando hace un mes iniciaron la cacería de un hombre que en Palmira, Pradera, Yotoco, Buga y Tuluá era conocido como ‘El sádico de la cinta verde’.

El pasado miércoles 16 de julio, el pequeño vendedor de helados, Luis Carlos Galvis, de 12 años de edad, había desaparecido de su hogar en Pradera. Entre el jueves y el viernes la angustiada madre de Luis Carlos fue informada por un vendedor de paletas que el día anterior había visto al menor en compañía de otro que recién había ingresado a la empresa. Sin dudarlo, dio aviso a las autoridades que de inmediato desplegaron un operativo de rastreo del extraño y lo hallaron cuando deambulaba por las calles de Pradera vendiendo paletas y seduciendo niños.

Así, el niño sobreviviente y la rápida respuesta policial en el caso de la última de sus víctimas fueron decisivas para capturar al 'monstruo'. El primero permitió establecer el retrato hablado; el otro, dar con su captura.

Una vez capturado el presunto asesino, los organismos encargados de la investigación realizaron un allanamiento en una vivienda del barrio El Cairo, donde éste había alquilado hacía unos días una pequeña pieza. En dicho lugar los investigadores se encontraron con varias sorpresas: tras el registro minucioso, hallaron en un rincón recortes de periódico con informes sobre las muertes de los otros niños cuyos cuerpos fueron encontrados en similares circunstancias, así como jeringas y algunas sustancias que están siendo investigadas. Además, hallaron el reloj de pulsera que le pertenecía a Luis Carlos, el último menor desaparecido.

Aprovechándose de su condición nómada Manuel Octavio Bermúdez seleccionaba a sus víctimas, niños entre 6 y 12 años, de origen humilde y, por ende, trabajadores de la calle, y les ofrecía un mejor trabajo. Tras entablar conversación y confianza, los iba conduciendo hacia parajes inhóspitos, entre latifundios de caña hacia las afueras de los cascos urbanos.

Solos e indefensos, eran sometidos fácilmente
Manuel Bermúdez
por el pedófilo, quien los amarraba de pies y manos, para luego aplicarles un anestésico local (Ridocaína al 2%) que contribuía a adormecerlos, inmovilizarlos y, tras abusar de ellos, estrangularlos con un cordel.

El 'monstruo de los cañaduzales', entonces, sería el responsable de las muertes de los niños Andrés Felipe Serna Useche, de 10 años; Daniel Alegría Valencia, de 10; José Ever Sinisterra, de 11; Miguel Angel Arce, de 9; Nahún Candelo Hurtado, de 12; Carlos Alberto Fajardo, de 9; Cristian Fabián Torres, de 9; Edwin Andrés Pérez, de 12; José Miguel Figueroa, de 12; Luis Carlos Galvis, de 12, y cinco NN entre los 11 y los 14 años de edad.

El homicida múltiple sigue siendo sometido a interrogatorios y pruebas por parte del CTI y la Fiscalía, y bajo estrictas medidas de seguridad . Además de tenr medida de aseguramiento consistente en detención preventiva sin beneficio de excarcelación por los delitos de homicidio agravado, acceso carnal violento y tentativa de acceso carnal violento.

Las confesiones

Con las primeras evidencias Bermúdez aceptó, inicialmente, su último crimen, dando detalles de cómo lo había hecho y dónde había arrojado el cuerpo. Fue así como hallaron entre un cañaduzal del sector de Tablones, en la vía Palmira-Pradera, el cadáver en descomposición del último menor asesinado. Luego confesó ante las autoridades de Cali haber violado y asesinado a 7 de los 17 niños que han sido encontrados muertos en cañaduzales de Palmira y del centro del Valle, desde 1999. "Los mataba porque me tocaba hacerlo para que no me reconocieran, y me arrepiento", declaró Bermúdez.

El asesino en serie, en una segunda confesión aseguró que el número de sus crímenes llega a 16. Un día después de confesar su autoría en la muerte de siete menores de edad, a quienes violó y estranguló brutalmente y luego arrojó a los cañaduzales, aceptó que los nueve casos restantes también hacen parte de su saga criminal. "Sí, yo violé y maté a los niños", habría revelado fríamente este hombre a los agentes especiales en el interrogatorio.

En los últimos interrogatorios Bermúdez confesó ser el autor de la muerte de más de 34 niños, violados, estrangulados y arrojados entre cultivos de caña y áreas despobladas de Palmira, Pradera, Buga, Tuluá, Yotoco en el Valle del Cauca y otras ciudades como Pereira, El Cerrito y Trujillo. Además, cerca de 50 infantes entre los 6 y los 12 años sería el número aproximado de menores violados que, según Bermúdez Estrada, no logró o no quiso matar.

¿Quién es Manuel Bermúdez?

Manuel Octavio Bermúdez nació en 1962 en Trujillo (Valle del Cauca), en el seno de una familia campesina. Un año después, sus padres fueron asesinados por un grupo armado. Aun bebé fue adoptado por Anadelfa Estrada, una vendedora de fritanga, y su esposo, Mauricio Bermúdez, dedicado a la construcción, en su residencia del mismo barrio palmireño donde se perpetró el asesinato en mención.

De Anadelfa, Manuel aprendió a amar la cocina, y a los 19 años se ganó un lugar en un restaurante del centro de esa ciudad. Allí conoció a María Nelly Gómez, una mesera. A ella le agradó su simpatía y, en especial, que
Manuel Bermúdez
no le importara que tuviera dos hijos. En menos de un mes, Bermúdez le propuso irse a vivir, con los niños. Hace 19 años tuvieron a su primer hijo. Él se sentía orgulloso de que Manuel Santos se le pareciera y por eso le dio el apellido. Hace 15 años, cuando nació Marcelo, el segundo hijo de esta unión -a quien Bermúdez no le dio su apellido-, don Mauricio, su padre adoptivo, murió por una trombosis.

Después en Pereira, él administraba una residencia del centro, donde vivió con otra mujer y tuvo dos hijos. Tres años después, Bermúdez era otra vez cocinero, en el barrio Las Delicias, en Palmira. Tenía como asistente a Daniela Rivas. Después de 2 años de convivencia, quedó embarazada. Esperaba un niño, que no recibió el apellido de su papá. Antes del parto, él se fue de la casa.

Su temporada en la cárcel y -sobre todo- su salida están rodeadas de misterio. Aun cuando la Fiscalía no da detalles sobre su excarcelación, se sabe que en el 2001 hubo una fuga de presos porque la guerrilla destruyó el penal, que finalmente fue cerrado.

Entre el 2002 y este año, Bermúdez vivió en inquilinatos de la calle 26 con carrera 25, en Las Delicias. El 26 de junio pasado, Bermúdez se fue de la residencia donde estuvo 13 días, sin pagar la cuenta. En la primera semana de julio volvió a la casa de su ex compañera en Pradera, donde consiguió un empleo como vendedor de helados. Ese día desapareció Luis Carlos Galvis, de 12 años.

Manuel Octavio Bermúdez y Luis Alfredo Garavito ¿coincidencias?

Para los organismos de investigación Bermúdez Estrada ya escribió su nombre en la historia de los asesinos en serie, ubicándose en la casilla número dos del 'top ten' de los violadores más peligrosos de Colombia y del mundo. Por delante de él sólo está otro colombiano: Luis Alfredo Garavito, responsable de más de 160 homicidios en menores de edad.

En octubre de 1999, seis meses después del supuesto primer asesinato de Manuel Octavio Bermúdez, el violador y asesino Luis Alfredo Garavito confesó que había ultrajado y matado a 190 niños de 11 departamentos del país.
Mientras Luis Alfredo Garavito, alias “ La Bestia”, era atendido en un hospital de Pereira de las quemaduras que sufrió luego de quedarse dormido sobre el cadáver de un niño que violó en un cañaduzal de Palmira, otro psicópata iniciaba su macabra obra.

Por ello, al principio hubo confusión entre los investigadores; pero posteriormente se pudo constatar que no era el mismo: Garavito, el violador y asesino de niños más buscado del mundo, fue capturado en Villavicencio el 22 de marzo de 1999, quince días antes de que fuera hallada la primera de las víctimas de la nueva zaga mortal en los cultivos de caña de Palmira, Pradera, Tuluá, Buga y Yotoco.

'La Bestia', al igual que el 'Monstruo de los Cañaduzales', era trashumante, había cohabitado con mujeres, seducía a niños de origen humilde entre plazas de mercado y terminales de buses y luego los violaba, cercenaba y mataba.

Ante dichas similitudes y por tratarse de homicidas que actuaron casi al mismo tiempo en regiones comunes, específicamente en el Valle del Cauca, los peritos ampliaron la investigación a fin de precisar
Luis Alfredo Garavito
y ser más exhaustivos en lo expuesto tanto por Garavito en marzo de 1999, cuando fue capturado en Villavicencio, como por Bermúdez, el viernes pasado en Pradera. Además, ambos dijeron lo mismo en su confesión: "Yo les quiero pedir perdón por todo lo que hice y voy a confesar. Sí, yo los maté y no sólo a esos, maté a otros más".

Garavito y su saga de asesinatos

El 24 de junio de 1998 los cuerpos de tres niños de 9, 12 y 13 años fueron hallados sin vida en la finca La Merced, en Génova (Quindío), con evidentes signos de tortura y desmembración de algunas de sus extremidades. Los menores fueron vistos por última vez cinco días antes en el parque central del municipio en compañía de un adulto, quien al parecer les ofreció dos mil pesos a cada uno para que le ayudaran a buscar una res en fincas cercanas a Génova.

Este fue el caso que dio inicio a la alarmante ola de desapariciones de niños en más de 11 departamentos del país, y por la cual se creó una Comisión Especial de Investigadores de la Fiscalía General de la Nación.
Mediante el cruce de información entre los diferentes equipos investigativos, se estableció que una de las fotografías del álbum con el nombre de Bonifacio Morera Lizcano correspondía a Luis Alfredo Garavito Cubillos, persona sobre quien pesaba una orden de captura de la Fiscalía 17 Especializada de Tunja por el homicidio de un niño de 12 años de edad.

El 22 de abril de 1999, miembros del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía capturaron en Villavicencio a Luis Alfredo Garavito Cubillos, en momentos que intentaba agredir sexualmente a un menor. Su plena identificación se logró mediante cotejo dactiloscópico.

Gracias a las pruebas recogidas por la Fiscalía y a su propia confesión, Garavito Cubillos resultó ser el responsable no sólo de la muerte del menor de Tunja sino también del homicidio de los tres niños de Génova y de otros 172 crímenes cometidos contra menores en 11 departamentos del país, entre 1992 y 1998.

Luis Alfredo Garavito nació en Génova, Quindío, el 25 de enero de 1957. Es el mayor de siete hermanos y durante su infancia vivió la falta de afecto y el maltrato físico por parte de su padre. Según su testimonio fue víctima de abuso sexual.

A sus 44 años, fue declarado por los investigadores y jueces como un asesino en serie. Hace tres años cuando fue capturado confesó ser el autor de la muerte de 140 niños en distintas regiones del país, pero a la fecha la Fiscalía lo investiga por el homicidio de 172 niños en su paso por 59 municipios del país.

En repetidas ocasiones, Garavito Cubillos se hacía pasar por vendedor ambulante, monje, indigente, discapacitado y representante de fundaciones ficticias en favor de niños y ancianos era conocido también como “Alfredo Salazar”, “El Loco”, “Tribilín”, “Conflicto” y “El Cura”.

Las víctimas de Garavito eran niños entre los 6 y los 16 años, de bajo estrato económico. Los abordaba en los parques infantiles, canchas deportivas, terminales de buses, plazas de mercado y barrios subnormales. Según lo establecido les ofrecía dinero y los invitaba a caminar hasta cuando los menores se cansaban y eran atacados en sitios despoblados.

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