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QUIENES
SOMOS
Los
impactos de la industria florícola son locales
y globales. Para entender los impactos globales
de esta industria hay que verla como parte de un
sistema globalizador, es decir dependiente y condicionador
de las exportaciones. Un sistema que funciona basado
en el capitalismo y en las leyes del mercado. Por
ejemplo en el Ecuador se produce flores, con tecnología
colombiana, insumos alemanes y semillas españolas.
La
industria florícola, como otros sectores
agroexportadores no pagan aranceles de exportación,
por el contrario reciben subsidios del Estado
en cuanto a energía, infraestructura, gastos
médicos y hospitalarios para el tratamiento
de las enfermedades laborales y ambientales, en
cuanto a los daños causados y no reparados.
Además,
la industria se somete a los ciclos económicos
del mercado mundial, sobre los cuales podemos
tener ningún tipo de control. Por otro
lado, la creciente competencia de nuevos países
productores africanos ha hecho que los precios
bajen, debiendo aumentar la producción
para mantener la rentabilidad, lo que significa
más daños ecológicos y sociales.
La
floricultura, junto con otros sectores agroexportadores,
son un riesgo para la seguridad alimentaria del
país. Los cultivos de flores ocupan tierras
con vocación agrícola - no porque
las necesiten para la producción sino porque
generalmente estas se encuentran ubicadas cerca
de servicios de transporte, agua, energía
eléctrica, etc.
Desde
el primer cultivo de flores, en la Provincia de
Pichincha, han transcurrido dos décadas,
en las cuales, las empresas florícolas
han crecido en forma acelerada y con ello han
aumentado los impactos socioambientales; más
aún al no existir un marco legal que las
obligue a cumplir con los requisitos mínimos
de control ambiental y laboral.
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