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Libro homenaje a la pintora Débora Arango

En una lujosa edición que reúne más de 100 acuarelas y 150 pinturas, con prólogo de los maestros María del Rosario Escobar y Alberto Sierra y textos de Santiago Rueda y Juan Mejía, el Banco Davivienda rinde este año un homenaje a la pintora antioqueña Débora Arango.

Arte
Colombia.com - Bogotá -
El libro se presentó en el Museo de Arte Moderno de Medellín, MAMM, al cual la artista donó 233 de sus obras en 1987, con el afán de dejar una memoria tangible del trabajo, que se encontraba casi en su totalidad albergado en su residencia Casablanca, en Envigado. Esta colección fue declarada Bien de interés cultural de carácter nacional.

Con impresión de lujo, más de 8 mil ejemplares y cerca de 300 páginas, en esta obra editada por Ediciones Gamma se describen aspectos de la vida, obra y realizaciones de esta pintora catalogada como franca y controvertida, y que rompió esquemas como artista y como mujer a principios del siglo XIX, en una época extremadamente conservadora.

Los textos fueron escritos por Santiago Rueda y Juan Mejía. La curaduría fue realizada en conjunto con Juan Pablo Fajardo de La Silueta Ediciones y Carolina Zuluaga de Ediciones Gamma con la colaboración de Cecilia Londoño, sobrina de la artista, Alberto Sierra y el Museo de Arte Moderno de Medellín.

“Para Davivienda es un honor poder presentar en este libro una gran muestra de la obra de esta importante pintora antioqueña y rendirle un merecido homenaje a su trabajo, que luego de una larga historia de censura y rechazo se convirtió en parte fundamental del patrimonio cultural y artístico de nuestro país”, dijo el doctor Efraín Forero Fonseca, presidente de Davivienda.

“Solamente en los años ochenta y luego de un largo silencio, de más de tres décadas, en que la obra de esta mujer cayó en el olvido, el medio artístico volvió los ojos hacia el trabajo de Débora, quien fue reconocida como pionera del arte moderno colombiano por la Gobernación de Antioquia, que le otorgó el Premio de las Artes y las Letras. En los últimos años de su vida, el Estado declaró su obra como ‘bien de interés cultural nacional’ y la condecoró con la Cruz de Boyacá. Su trabajo fue, sin duda, la expresión de una realidad cruda, narrada por la voz de una mujer independiente, crítica e incomprendida, que se anticipó a su tiempo”, agregó el doctor Forero en la presentación del libro.

“Estamos hablando de un testimonio histórico a través de una artista, porque es la primera artista mujer que anda siguiendo unas necesidades espirituales, es una reivindicación específica de la necesidad de manifestarse”, dice Alberto Sierra, curador y crítico de arte. Para él, el trabajo de Débora es fundamental para el arte nacional, porque representa una ruptura al arte del momento, absolutamente contemporáneo en nuestro tiempo. “A ella no la venció el miedo, fue una persona animada por una familia muy católica que la apoyó. Era una mujer con pocas necesidades económicas y se dio el gusto de pintar”, añade. 

Durante más de 15 años Davivienda ha realizado a través de libros como éste, homenajes a grandes figuras del arte colombiano como David Manzur, Enrique Grau, Ana Mercedes Hoyos, Luis Caballero, Hugo Zapata, Eduardo Ramírez Villamizar, entre otros.


Débora Arango Pérez

(Medellín, 1907 - Envigado, 2005). Creadora de una verdadera revolución en la escena del arte nacional, esta pintora y acuarelista antioqueña es considerada una de las artistas más importantes que ha tenido Colombia en su historia, debido a los esquemas que logró romper a través de sus retratos de la violencia, la pobreza, el dolor y la injusticia. Eso le valió ser criticada duramente, pues en su tiempo una mujer carecía del derecho de expresarse. 

“En el momento de Débora la mujer no existía, era una ciudadana de segunda y ella toma la vocería como la reportera de la sociedad en ese momento”, dice Alberto Sierra.

La artista fue discípula del maestro Pedro Nel Gómez, quien, recuerda su sobrina Cecilia Londoño, dejó de dictarle clases por el temor a que la alumna superara al maestro. Débora sufrió la negativa de su maestro para recomendarla en la Escuela Nacional de Bellas Artes de México. “Débora tomó sus obras, se fue para México y se las presentó al maestro Cantú quien le dijo: No solo la admito en mis clases, sino que le doy la beca”. 

En 1955 expuso en Madrid una muestra individual, pero por orden de Francisco Franco sus pinturas fueron descolgadas. En 1957 realizó su primera exposición individual de pinturas en Medellín, en la Casa Mariana, invitada, a manera de desagravio, para conmemorar los veinte años de los jesuitas en la ciudad, de donde tuvo que sacar sus obras por temor, tras la caída del gobierno de Laureano Gómez.

Luego de estos desencantos con sus exposiciones, la artista guardó su obra en Casablanca y se dedicó a un trabajo privado por casi 20 años. Detuvo su trabajo cuando ya se encontraba en su séptima década. 

“Deja de pintar porque aseguraba que se le había ido la musa, la inspiración, pero en Cartagena vuelve a pintar sus últimos cuatro cuadros”, recuerda su sobrina Cecilia Londoño. Débora Arango muere en 2005 a los 98 años. 

Durante su vida recibió múltiples condecoraciones, como el Premio a las Artes y a las Letras de la Secretaría de Educación y Cultura de Antioquia, la Medalla al Mérito Artístico y Cultural, la Cruz de Boyacá y el título de Maestra honoris causa de la Universidad de Antioquía.

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