Colombia.com (11/7/2002) : Por Ismael Llinás Cogollo
Todos tienen su versión. Desde su aparición en 1995, cuando se hicieron una serie de conciertos nunca antes vistos en Bogotá, metiendo a la ciudad en la ola de Festivales de Rock realizados en las principales ciudades de Latinoamérica, Rock al parque, como se rotuló de por vida al movimiento, tenía algo diferente a los otros: era totalmente gratuito al público: costaba el pasaje de ida a los parques de La Media Torta, Simón Bolívar, Kennedy, Tunal, y los cigarrillos para estar dentro pasando un buen rato.
Estos gigantescos espacios, caracterizados por las zonas verdes, servían de escenario a un movimiento juvenil escondido en los barrios y los bares underground de la nueva Bogotá, donde la modernidad, la tradición y la
globalización, generaron un cultivo cultural que hizo explosión en fenómenos como Rock al Parque, el cual sirvió para ver el variopinto mundo de las tribus urbanas: el símbolo de identidad, territorialidad y cotidianidad, de
la Bogotá actual.
Desde entonces la ciudad ha cambiado: Transmilenio, el eje Eje Ambiental de la Jiménez y el sentido de pertenencia no existían: se estaban formando.
Rock al parque, iniciado en la primera administración de Antanas Mockus, casi no sobrevive al recorte del alcalde Enrique Peñalosa. Ese episodio, fue el detonante para mirar cómo ese espacio logrado por la juventud, era una de las nuevas instituciones de la ciudad. Corría el año 1997, cuando se difundió un rumor: Rock al Parque no sigue. ¿Cómo así?, se escuchaba desde Bogotá, hasta Buenos Aires, Ciudad de México y Caracas, después del grito en todo el país.
Todos querían presenciar el tercer Rock al Parque: los mejores grupos del continente, los más viajeros del mundo y los cronistas del rock, deseaban estar en ese lugar de leyenda: tres días de música, paz y buena energía en un país en guerra. Muy sabiamente el alcalde no acabó con el
evento
Dilson Díaz de La Pestilencia.
y la bola de nieve siguió corriendo.
Y rodó tanto que la lista de grupos es larga. Sólo por nombrar se puede decir que se ha podido ver a Aterciopelados, Fobia, Animal, Tetas, Rabanes,
Café Tacvba, La Pestilencia, La Derecha, Desorden Público, Molotov, Laberinto, 1280 Almas, Los Charconautas, Illia Kuriaki and the Valderramas, King Changó, La Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio, Super Litio,
Robby Draco Rosa, PUYA, Todos tus muertos, Julieta Venegas, Control Machete, La Severa Matacera, Resorte, Manu Chao, y cientos, de cientos de grupos pasados por las eliminatorias, locales y nacionales, realizadas por la
organización para escoger a los participantes.
El eco fue más allá del espectáculo cultural. Los espacios de reflexión y de integración juvenil, generado por medio de los manejos en la coordinación y el equipo de Héctor Mora, fue una de las manifestaciones del hecho de tratar
en serio las prioridades de la juventud. Entonces, el espacio, además de música, involucraba procesos de relación e integración entre pandillas o tribus de diferentes postura pragmática, enfrascadas en muchas ocasiones a
situaciones de batalla real: las peleas en el barrio Quiroga entre los metaleros y los rapers, por ejemplo. También se crearon escuelas y lugares de intercambio para que el movimiento no fuera solamente los tres días del
evento.
Como en todo, los problemas se fueron dando: por un lado, el movimiento local, en lo referente a presentaciones, se estacó: los grupos se quejaban de la falta de taquilla, producto del vicio del concierto gratis y con un repertorio de bandas de buena calidad. Lo cual iba en contravía con las pretensiones del proyecto: servir a la unión la escena local. En eso estaba Rock al Parque, cuando de la segunda alcaldía de Antanas Mockus, vino un cambio en el equipo de realización del evento y se perdió continuidad en el
objetivo de integrar a la
juventud más allá del mero espectáculo.
Sin embargo, los procesos sociales son largos y merecen del tiempo para poder ser analizados con profundidad. Ya es un logro que la ciudad tenga espacios culturales donde la juventud pueda manifestarse. Lo iniciado con Rock al Parque tuvo sus hermanos en Jazz, Opera, Rap, Salsa, Hip Hop,
dejando muy buenas asistencias de público, satisfecho porque la ciudad ofrezca arte y cultura en sus calles.
También están los intentos por generar un movimiento, por reconocerlo y por hacer propuesta con ello. Una de esos espacios que se abrieron con Rock al Parque, fueron las escuelas de Rock y Rap, del proyecto Jóvenes Tejedores de
Sociedad, y como esa, se fueron generando propuestas que iban desde la creación de festivales y conciertos para convocar a la comunidad a escuchar y compartir, como lugares de conciliación entre jóvenes dedicados a la
delincuencia, con cruentas guerras cazadas entre sí, en donde la música, sirvió de canal de comunicación y entendimiento, además de un espacio de creación y de utilización del tiempo libre. Todo esto se ha ido generando, gracias al eco dejado por Rock al parque ha lo largo de sus ocho años de vida.
Este año, se realizará, la octava versión. Sin muchos bombos internacionales y con muchos platillos de grupos nacionales, este fin de semana, los tradicionales escenarios de La Media Torta, el Parque Simón Bolívar y el Parque del Renacimiento, serán los lugares donde se realizará este evento, en donde la participación del público bogotano, colombiano y mundial servirá para mostrar un evento más integrado a la cultura de la ciudad: el rock dejó de ser mirado como un fenómeno extraño y poco a poco se ha ganado el respeto no solo de la juventud expresada a través de él y de las instituciones comerciales y públicas que lo apoyan, sino de la sociedad civil que lo acepta, aunque en muchas ocasiones no lo comparta como gusto.