La historia de la ciudad
se remonta a la época pre-colombina,
en la cual, la zona que hoy comprende la
ciudad, estaba habitada por las tribus de
las culturas Quimbaya y Pijao, ampliamente
reconocidas por su orfebrería. En
esta región, el mariscal de campo
Jorge Robledo fundó la ciudad de
Cartago el 9 de agosto de 1540, pero el
asedio de los pijaos o bien razones de conveniencia
económica, produjeron el traslado
de dicha ciudad al sito que ocupa actualmente
en el norte del Valle del Cauca, en 1691,
hacia las márgenes del río
La Vieja. Entonces la región volvió
a tornarse selvática y sepultó
los vestigios que quedaban de civilización.
Tiempo después,
con el ideal de revivir esta ciudad perdida,
un 24 de agosto de 1863, el presbítero
Remigio Antonio Cañarte, Don Felix
de la Abadía, Jorge Martínez,
el presbítero Francisco N. Penilla
y los jóvenes Elías Recio
y Jesús María Ormaza, regresaron
a las ruinas de la antigua Cartago, donde
establecieron unas cuantas chozas. El 30
de agosto del mismo año se bendijo
la capilla, donde posteriormente Don Juan
María Marulanda levantó su
casa.
Durante 6 años se
llamó Cartago Viejo, pero en 1869
la municipalidad de Cartago le dio el nombre
de Villa de Pereira, en honor al doctor
José Francisco Pereira, quien en
1816 se refugiara en la zona, junto con
su hermano Manuel Pereira, tras la derrota
de las huestes patriotas de Simón
Bolívar en la batalla de Cachirí
y manifestase, tiempo después, el
deseo de que se estableciese una ciudad
en dichos predios, deseo que se cumplió
seis días después de su muerte.
En los años 50,
en la época de la violencia política
partidista en el país, Pereira se
convirtió en un sitio de refugio
de miles, cuadruplicando su población
y creando un crisol nacional que cambió
para siempre su comunidad, condensando la
vocación de ciudad plural que tendría
en adelante.
En los últimos
años, la ciudad ha logrado una identidad
urbana y un crecimiento significativo en
su nivel cultural; la integración
social y el nivel de educación más
alto y generalizado le están permitiendo
a la ciudad un crecimiento sostenido, no
sólo económico, sino también
cultural.
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