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San Gil

 

La historia de San Gil se remonta primitivamente a los indígenas del cacicazgo de Guanetá. Con la llegada de los españoles se inicia un proceso de organización y en 1688 don Leonardo Currea de Betancur, en nombre de la comunidad española, le envió una carta a la Real Audiencia de Santa Fé de Bogotá solicitando la autorización para fundar a Santa Cruz y San Gil de la Nueva Baeza. Un año después, el 17 de marzo de 1689, el presidente don Gil Cabrera y Dávalos remitió un comunicado con el respectivo Acto de Fundación.

En este refugio colonial, enclavado en las estribaciones de la cordillera oriental, resalta el respeto al patrimonio arquitectónico en los sectores residenciales, educativos y en la zona comercial, en la que los avisos publicitarios tienen espacios delimitados y colores específicos para no afectar el paisaje visual.

La catedral en piedra tallada, situada en el centro colonial, es de estilo clásico. En su interior, dividido en tres naves separadas por ocho columnas a cada lado formando nueve elegantes arcos, guarda un hermoso altar barroco recubierto en laminilla de oro, franqueado por seis nichos. El techo conserva el diseño original de su pintura.

San Gil es una región de progreso. La mayor parte de la población trabaja en las industrias tabacaleras, en las cementeras, hilanderías, microempresas de artesanías y textileras y otro segmento se dedica a las labores del campo.

Por ser un territorio privilegiado en la diversidad de paisajes, desde hace tres años se abrió un espacio importante al turismo, sector que hoy en día se ha convertido en una base importante de la economía local.

La mayor atracción para los turistas es la práctica de los deportes de riesgo: rafting, canotaje, parapente, espeología, rapell y cabalgatas por los bosques naturales. Los arriesgados pueden lanzarse desde las alturas en medio de grandes cascadas amarrados por una cuerda o provistos de un ligero parapente. Dos aventuras que no se pueden perder son las expediciones por las cuevas, donde se aprecia un mundo primitivista, refugio de los pájaros guácharos con ojos de aguas medicinales y donde se ha encontrado gran cantidad de restos, momificados, textiles, objetos de madera y cerámicas; y la sensación de ir en una balsa sobre los rápidos del río.

Uno de los jardines más hermosos de Colombia está ubicado en esta maravillosa región. El Parque del Gallineral es un escenario natural donde las ramas de los árboles se abrazan con la luz solar que pasa por entre sus ramas. Los centenarios árboles llamados gallineros, que dieron nombre al parque, se extienden sobre todo el terreno mostrando sobre sus ramas bromelias, orquídeas y barbas o musgo, que se extienden hasta el piso húmedo como unas elegantes cortinas. El parque está bordeado por el río Fonce y sus caminos en piedra y sus puentes coloniales nos llevan a apreciar la variada vegetación que allí crece.

Con información del Heraldo.