|
La
Pelayera: Bandas folklóricas del Caribe
n sombrero
vueltiao, unas abarcas, un trago de ron, un buen parejo y un
porro bien tocao. Y no podrá estar mejor interpretado que por
una numerosa banda musical que engalane la fiesta, así como
en el pasado. Así como hoy. Los integrantes de la pelayera,
en su mayoría, son campesinos que en sus ratos libres se dedican
a aprender algún instrumento musical, los mismos que compraron
con esfuerzo, que heredaron de sus padres, o que adquirieron
a bajo precio en una casa de "empeño" después de que su agobiado
dueño lo abandonara para cubrir la deuda que dejó tras una parranda.
La historia de las bandas se remonta a los siglos XVII y XVIII,
cuando llegaron los primeros instrumentos metálicos en barco
por el Atlántico y luego por los ríos Sinú y San Jorge. Atrás
quedarían los "pitos hechizos" con vegetales. Pero fue hasta
el siglo XIX que comenzó el auge de las bandas, gracias a la
importación de más instrumentos y la llegada de algunos músicos
extranjeros. Alrededor de un nuevo embarque se convocaban decenas
de curiosos que se aventuraban a interpretar el clarinete, el
trombón, la trompeta, el bombardino o la percusión. En principio
las bandas amenizaban fiestas de carácter elitista donde se
interpretaban Vals, Polkas, Mazurkas, Foxtrot, Danzas, Contradanzas
y otros.
Pero
"la sangre llama" y las raíces africanas
y los lamentos campesinos e indígenas se mezclaron
con esos aires foráneos. Así nació el
Porro, a orillas del río Sinú, en medio de los
sembradíos, el ganado de engorde, la vaquería,
el amor por la tierra y la alegría del hombre costeño.
Desde niños, muchos sabaneros se impregnan de ese contagioso
ritmo que invita a bailar y a levantar con orgullo el "sombrero
vueltiao" que se llama así por la forma circular
en que mujeres y hombres fabrican este símbolo de la
costa Atlántica y de Colombia. Hecho con “caña
flecha” y a dos colores, posee alas amplias que evitan que
el vaquero se "malogre" con el ardiente sol en sus
extenuantes jornadas a caballo.
n casi
todas las regiones del país existen bandas folklóricas pero
en los departamentos de Córdoba y Sucre es donde se interpreta
el "verdadero porro". Pero no sólo las bandas interpretan ese
ritmo. Lo hacen también los gaiteros, que además de hacer emanar
desgarrantes sonidos de sus canutos, exclaman en "décimas" sus
penas y alegrías y sirven de acompañantes a los grupos de danzas.
También llevan a su boca una pequeña hoja extraída de un árbol
nativo e imitan con destreza los instrumentos convencionales.
Así, muchos aprenden a "tocar" antes de tener en sus manos los
"pitos" de verdad, que muchas veces están fuera del alcance
del bolsillo del jornalero.
|