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JULIO
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del Festival

La Pelayera:
Bandas folklóricas
del Caribe

San Pelayo:
Córdoba
Homenaje a Ramón Benitez El maestro

La Pelayera: Bandas folklóricas del Caribe

n sombrero vueltiao, unas abarcas, un trago de ron, un buen parejo y un porro bien tocao. Y no podrá estar mejor interpretado que por una numerosa banda musical que engalane la fiesta, así como en el pasado. Así como hoy. Los integrantes de la pelayera, en su mayoría, son campesinos que en sus ratos libres se dedican a aprender algún instrumento musical, los mismos que compraron con esfuerzo, que heredaron de sus padres, o que adquirieron a bajo precio en una casa de "empeño" después de que su agobiado dueño lo abandonara para cubrir la deuda que dejó tras una parranda.

La historia de las bandas se remonta a los siglos XVII y XVIII, cuando llegaron los primeros instrumentos metálicos en barco por el Atlántico y luego por los ríos Sinú y San Jorge. Atrás quedarían los "pitos hechizos" con vegetales. Pero fue hasta el siglo XIX que comenzó el auge de las bandas, gracias a la importación de más instrumentos y la llegada de algunos músicos extranjeros. Alrededor de un nuevo embarque se convocaban decenas de curiosos que se aventuraban a interpretar el clarinete, el trombón, la trompeta, el bombardino o la percusión. En principio las bandas amenizaban fiestas de carácter elitista donde se interpretaban Vals, Polkas, Mazurkas, Foxtrot, Danzas, Contradanzas y otros.

Pero "la sangre llama" y las raíces africanas y los lamentos campesinos e indígenas se mezclaron con esos aires foráneos. Así nació el Porro, a orillas del río Sinú, en medio de los sembradíos, el ganado de engorde, la vaquería, el amor por la tierra y la alegría del hombre costeño. Desde niños, muchos sabaneros se impregnan de ese contagioso ritmo que invita a bailar y a levantar con orgullo el "sombrero vueltiao" que se llama así por la forma circular en que mujeres y hombres fabrican este símbolo de la costa Atlántica y de Colombia. Hecho con “caña flecha” y a dos colores, posee alas amplias que evitan que el vaquero se "malogre" con el ardiente sol en sus extenuantes jornadas a caballo.

n casi todas las regiones del país existen bandas folklóricas pero en los departamentos de Córdoba y Sucre es donde se interpreta el "verdadero porro". Pero no sólo las bandas interpretan ese ritmo. Lo hacen también los gaiteros, que además de hacer emanar desgarrantes sonidos de sus canutos, exclaman en "décimas" sus penas y alegrías y sirven de acompañantes a los grupos de danzas.

También llevan a su boca una pequeña hoja extraída de un árbol nativo e imitan con destreza los instrumentos convencionales. Así, muchos aprenden a "tocar" antes de tener en sus manos los "pitos" de verdad, que muchas veces están fuera del alcance del bolsillo del jornalero.

 

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