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CARNAVAL
DE NEGROS Y BLANCOS
Aunque de manera oficial esta fiesta se realiza del 2 al 6 de Enero, realmente comienzan el 28 de Diciembre, en el Día de los Inocentes, donde las bromas y el buen humor, reconocido internacionalmente, de los pastusos sale a flote, muy a pesar de los problemas económicos recientes que han tenido muchos de sus habitantes.
El 30 de Diciembre la ciudad recibe una bella, sonora y merecida serenata, de parte de los 22 tríos que conforman la Rondalla de Tríos en la Plaza de Nariño, entre las 5 de la tarde y las 11 de la noche, una fiesta musical que nos hace erizar todos los pelos del cuerpo.
Los añoviejos salen a desfilar el 31 de Diciembre pocas horas antes de caer ante el fuego, como una manera de los pastusos de exorcizar sus males y penurias recientes. Este año, sin duda, marcó a los nariñenses mucho el tema de las pirámides y seguramente, con ingenio e inteligencia, se reirán de ellos mismos con algunos de estos monigotes.
El 2 de Enero oficialmente comienzan los días de Carnaval con un homenaje a la Virgen de las Mercedes, patrona de la ciudad, ‘pidiéndole licencia para gozar y para que la fiesta salga bonita’.
El 3 de Enero los niños son los protagonistas y salen a desfilar por las calles mostrando su ingenio y sus mejores sonrisas. Además de esta marcha de la alegría hay impresionantes presentaciones artísticas y culturales de estos ‘pequeños gigantes’.
La Familia Castañeda sale en pleno el 4 de Enero a brindarles su hospitalidad a propios y extraños. Pericles Carnaval, mediante la lectura del bando, invita a todos a disfrutar y disfrutar de estas fiestas, claro está que dentro de un marco de juego limpio y respeto.
El 5 de Enero es el Día de los Negros y todos, sin distingo de raza, sexo o religión, lo demuestran pintándose los cuerpos y jugando unos con otros en una relación de total fraternidad y llena de alegría por las principales calles de la ciudad.
Y con broche de oro cierran las fiestas el 6 de Enero con el Día de los Blancos, donde las comparsas y murgas desfilan en medio de una catarsis colectiva que, al terminar el día, para unos desaparece porque piensan de nuevo en las obligaciones pos-fiestas y para otros deja una luz de esperanza encendida y los ponen a pensar – ya preparar – el Carnaval siguiente.
Con información de colombiadefiesta.com
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