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Parque y Museo Arqueológico de Obando
El corregimiento de Obando, un pequeño poblado a tres kilómetros y medio de San Agustín, ostenta orgulloso un gran tesoro: un grupo de urnas funeraria que fueron restauradas de manera muy práctica para el placer de los turistas. Unas escaleras de concreto descienden hasta ellas y es posible, incluso, acceder a su interior enigmático y tenebroso.
 
Decidido bajé y me adentré en una. No iba a perderme el honor de escudriñar aquellos aposentos sagrados. La boca de la cueva queda dos metros arriba del piso de la misma, por lo que para ingresar se debe saltar; para salir es propicio tener en cuenta lo fundamental de una compañía. Salir solo no es fácil. ¡Díganmelo a mí!
 
Calculo que la gruta es de unos cuatro metros cuadrados. También el techo puede alcanzar igual cantidad de metros de altura. Sus paredes ennegrecidas le dan un aspecto realmente lúgubre, mientras que en un rincón se apilan muchas piedrecitas. De espaldas a la cámara, pedí que me tomaran una fotografía. No me quedo con las ganas de comentar que la circunstancia me recordó la escena final de la película El Proyecto de la Bruja de Blair.
 
Cuatro urnas como las descritas conforman el Parque Arqueológico de Obando, con sus escalinatas muy bien cuidadas y pintadas de un color ocre que remonta la memoria a otras épocas. Contigua está una choza de alto techo de paja, pero de espacio interior pequeño. Es el Museo Arqueológico. Cuenta con algunas estatuas medianas y chicas de piedra, y con varias piezas de alfarería, en especial vasijas de barro encontradas en el sector.
El Museo es a la vez una tienda de artesanías y de dulces y alimentos tradicionales.