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¿Conoces la diferencia entre el hambre y las ganas de comer?

Al no conocer a esta diferencia y comer más de lo que el organismo necesita, mucha gente sufre las consecuencias de ganar kilos de más y todos los maleficios que surgen por el sobrepeso y la obesidad. 

Nutrición
Colombia.com - Bogotá -

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De todas las batallas contra los números de la balanza, seguir una dieta equilibrada y saludable es a menudo la más difícil, porque la comida se suele asociar con factores emocionales y culturales que fácilmente boicotean la "fuerza de voluntad" del individuo.

Frases que escuchamos desde la infancia respecto a que un plato lleno es garantía de salud, que el niño que está comiendo y poco está desnutrido, están asociadas a los traumas emocionales que adquirimos a lo largo de la vida. Estos traumas son los principales impulsores de la ingesta de alimentos que va más allá de la necesidad de suplir nuestra dosis de energía diaria.

Pensamientos del tipo “tengo hambre, pero no sé de qué”, "yo no quiero comer arroz y frijoles, tengo hambre de algo delicioso", “voy a cenar lasaña” son indicadores de que el hambre está en algún factor emocional y no en el estómago. 

Según la nutricionista Adriana Steevens existe el peligro de que la comida se convierta en una adicción, pues genera en el cerebro vías de recompensa causando sensación de placer, lo que implica que comamos solo para sentirnos bien. De esta manera, debemos siempre analizar nuestra necesidad de comer y los motivos por los cuales lo hacemos.

Por ello es importante entender que nuestro organismo cuenta con una anatomía neural de ingesta, donde ciertas estructuras nerviosas tales como el deseo, la decisión, la búsqueda, el metabolismo, la absorción y la eliminación de lo tóxico intervienen en el proceso de la nutrición.

Al comer nuestro cuerpo involucra a tres sistemas fisiológicos específicos, primero están nuestros sentidos, después entra el cerebro como control central del balance de energía y en tercer lugar ingresa el sistema hambre – apetito.

Debemos aprender a diferenciar el hambre del apetito. Cuando sentimos hambre, el cuerpo tiene una sensación relacionada con el déficit de energía en el cerebro y ésta es la forma de comunicar al control central -cerebro- que necesitamos ingresar combustible o recargar energías. Sin embargo, es importante tener claro que el cerebro aprende a asociar lo que fomenta nuestro acto de comer. Ahora bien, el apetito significa placer pues tenemos la opción de elegir lo que comeremos y somos selectivos al hacerlo. El apetito es emocional.

La Dra. Steevens señala que la comida no puede ser considerada el problema, sino que debemos examinar la función en la que la incluimos en nuestra vida. Para evitar que el impulso sea el que “hable más alto”, uno debe hacer una reflexión profunda de qué realmente está hambriento.

¿Será de afecto, de placer, de la atención o reconocimiento? Y a partir de ahí cambiar de pensamientos y actitudes. "Las personas deben ser conscientes de los malos hábitos alimenticios para sensibilizarse ante ellos y optar por rutinas saludables en la selección, compra y manipulación de alimentos", comenta la especialista.

Para aquellos que están bajo dieta más restrictiva, especialmente después de procedimientos bariátricos, como la colocación del balón intragástrico o cirugía, estos factores merecen mayor atención debido a que la ruptura de la rutina alimentaria nociva es más abrupta, con mayores restricciones.

La especialista explica que lo fundamental de buscar ayuda profesional es orientar los hábitos alimenticios personales, para descifrar el entorno que involucra la ingesta de comida y planificar las rutinas identificando metas, objetivos y motivaciones. Así entonces, se podrá reconocer cuándo hay una recaída para realizar una intervención eficaz y oportuna. El apoyo profesional es esencial en estos casos, en que el individuo debe comprender su relación con la comida y el sobrepeso / obesidad. Este entendimiento tiene como punto de partida la búsqueda e identificación de problemas y dificultades, así como la propuesta de soluciones de adaptación que surtan resultados efectivos y definitivos.

Para todos estos casos, la Dra. Steevens ofrece algunas sugerencias prácticas para el día a día. Échales un vistazo:
1. Antes de comenzar cualquier dieta, establezca una meta clara y definida sobre el proceso de adelgazamiento y los resultados esperados para que pueda seguir participando en el programa. ¿Qué vale más, la satisfacción de “unas papas fritas” de corto plazo o un cuerpo más delgado y más sano en el futuro próximo?

2. Comuníquese con sus compañeros acerca de su decisión de bajar de peso y explíqueles el método que eligió. Esto le ayudará a recibir apoyo y soporte externo en caso de pasar por momentos de inestabilidad durante el proceso.

3. Antes de comenzar cualquier comida, aléjese de los problemas y no lleve sentimiento de ira, tristeza y otras emociones negativas a la mesa. No contamine su momento de equilibrio y de salud. Haga un ejercicio de respiración y mentalice a su meta.

4. Manténgase enfocado durante la alimentación, observando el montaje y organización del plato, los colores de la comida, el olor, así como masticar y degustar los sabores. Aproveche cada momento para disfrutar de todos los sentidos.

5. Al final de cada día, haga un breve repaso de lo que sintió e intente recordar las emociones más especiales, analizando lo que realmente le interesa guardar y "cargar" para el día siguiente. Sobrecargarse sin necesidad puede generar mucha ansiedad y malestar. La higiene mental diaria puede ser la clave para mantener el control de sus emociones.

6. Felicítese por las victorias del día, para cada hábito positivo que logró implantar en su vida y por dar un paso más hacia su meta.

Fuente
Dra. Adriana Steevens nutricionista dietista, especialista en gerencia hospitalaria y educadora en diabetes. Forma parte del Grupo de Diabetes y Endocrinología de Bogotá y de la Fundación colombiana de Obesidad.
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