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Colombia.com Bogotá Mar, 14 / May / 2019 5:04 pm

¿Dónde quedaron los valores de los colombianos?

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¡Buenos días!, dije yo al abordar un colectivo de servicio público y todos me miraron con gran asombro e incluso me sentí como si me hubiese subido a asaltar dicho vehículo, por supuesto nadie me contestó.

¿Dónde quedaron los valores de los colombianos?

Pero no pude evitar pensar camino a mi trabajo el por qué de dicha reacción, ¿era falta de educación o indiferencia?

Pero mi recorrido avanzó mientras echaba globitos viendo el tráfico a través de la ventana del colectivo y por fin llegué a mi destino, al bajarme le di las gracias al conductor, pero tampoco me respondió y encima de todo me tocó bajarme con el automóvil en movimiento porque el abanderado personaje del servicio público llevaba afán y no tuvo la delicadeza de frenar el automotor para facilitar mi descenso.

Hoy en día el transporte público se convirtió en autos de Fórmula 1. Foto: Shutterstock 

Con gran dificultad pude poner mis dos pies en tierra y me dispuse a subirme al andén para esperar que cambiara el semáforo y poder cruzar, me sorprendí cuando vi cómo los transeúntes con gran ímpetu y no sé si llamarle valentía, pero se cruzaron la calle con el semáforo peatonal en rojo y los carros transitando como en Fórmula 1, por supuesto que los pilotos de dichos vehículos se soltaron en palabras de grueso calibre para los imprudentes peatones.

Seguía pensando en el comportamiento de mis bellos colombianos y me cuestionaba si todo lo que me habían enseñado mis padres y abuelos no tenía ningún sentido, o si tal vez yo procedía de alguna raza extraña que no era tan humana.

Seguí caminando rumbo a mi trabajo y entré a una tienda para comprar un café, la señorita que me atendió con toda la frialdad y el mal humor que debe causar madrugar a trabajar, me entregó más dinero del que debía en mis vueltas, obviamente yo no lo pensé, le comenté de su error y le devolví el dinero, por su puesto ella… ni las gracias me dio, y un señor que se encontraba allí y había sido testigo del hecho me dijo con total desprecio a mi actuar:

- ¿Por qué no se quedó callada?, me sentí confundida y hasta llegué a creer que había actuado de forma incorrecta y me dije: ¿será que el decir un buenos días, dar las gracias, pedir el favor, respetar las normas y ser honesto no está bien? ¿será que mi familia ha estado equivocada por décadas? ¿será que la urbanidad y buenas costumbres pasaron de moda? Definitivamente NO. 

La vida moderna, el estrés del día a día, la dificultad para conseguir el pan diario, la situación política y hasta la no clasificación de la Selección Colombia a varios mundiales de fútbol nos ha facultado y parece que concedido todo el derecho para olvidar la educación que en otras épocas era imperativa y que nos etiquetaba de la mejor manera.

Ahora es difícil encontrar compatriotas que sonrían, que saluden, que pidan permiso y que den las gracias, nuestra actitud se enfrió y nuestros comportamientos intolerantes se calentaron, tal cual como lo está nuestro planeta.

Y es que este fenómeno de incultura no se debe a ninguna región en especial, parece ser una pandemia que ha llegado para quedarse y que la vacuna que algunos ya tenemos para contrarrestar este mal se está agotando.

La modernidad y la tecnología han traído consigo grandes beneficios a la humanidad, pero también abrió una brecha por donde se están escapando nuestros valores.

Al parecer es más "cool" vivir en el mundo de cada cual sin preocuparse por el prójimo y si se nos ocurre actuar de manera contraria somos estigmatizados como bichos raros, los términos de comunicación de las redes sociales han establecido parámetros claros para hablar con los demás y aquí se perdieron expresiones de básica educación.

La vida agitada de padres para dar a nuestros hijos lo que necesitan y lo que quieren nos ha reducido los espacios de enseñanza de los buenos modales, la televisión digital con sus espectaculares series parece que nos cegó y desplazó a los programas culturales y críticos, y el licor que cada vez se promueve más, ahogó las salidas a teatros y otros espacios de cultura.

Tener a nuestros abuelos por mucho tiempo es una bendición. Foto: Shutterstock

Pero aún más grave es la pérdida de oído, ya no escuchamos a nuestros bellos ancestros de cabellos de plata con sus enriquecedoras enseñanzas y consideramos que sus consejos son del siglo pasado. Ya es hora de despertar de este letargo cultural, no se trata de conseguir títulos educativos, lograr metas económicas y viajes paradisíacos para presumir en Facebook, la educación no depende de un título universitario. Porque ¿cuántos de nuestros “doctores” y gerentes ni siquiera saludan al llegar a un lugar?

La educación es nuestra carta de presentación, es nuestro árbol genealógico, es nuestra identidad, le permite al otro ver quién eres y de qué estás hecho. 

Queridos colombianos, sabemos que la imagen que tenemos en el exterior no es buena y es importante cambiarla, pero más valiosa es aquella imagen que debemos forjar de otro compatriota, la que queremos que el amigo costeño, santandereano, paisa, llanero, valluno, pastuso, boyacense y de todas las regiones vea de nosotros.

No gastemos tanto tiempo despotricando del vecino, mejor retomemos esa educación de antaño que hace sentir a los demás importantes, respetados y que además genera buenas costumbres, esto es una cadena, no hagamos cadenas de WhatsApp sin sentido, hagamos una que acabe con la incultura de nuestra "cultura".

Paola Andrea Bernal Bermudez - Colombia.com