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RODOLFO LLINÁS RIASCOS (Científico)
Colombia.com Cuando vio a los cuatro años de edad a un paciente con epilepsia, Rodolfo Llinás pudo concluir que las personas no siempre hacen lo que quieren, sino que el cerebro es el que lo ordena. Desde ese momento y en complicidad de su abuelo, un ilustre médico colombiano y gran responsable de la inclinación profesional de Llinás, comenzó un profundo interés por encontrar las respuestas a todas aquellas preguntas en torno al mundo del cerebro. Hoy día, el científico colombiano es la primera autoridad mundial en investigación neurológica.

Que Rodolfo Llinás se inclinara desde muy temprana edad al mundo de la medicina no es novedad, su entorno familiar estuvo rodeado de médicos de reconocimiento nacional, en especial de su abuelo Pablo Llinás Olarte, quien lo condujo y le avivó su interés por el funcionamiento del sistema nervioso.

Este bogotano nacido en 1934, tras ser un rebelde en sus estudios secundarios, los que prefería cambiar por estar largas horas en el consultorio de su abuelo, terminaría su etapa universitaria en la Universidad Javeriana en 1959, con una tesis sobre análisis de redes neuronales del sistema visual usando el cálculo proporcional. Dicho trabajo no fue muy comprendido, pues era claro que Llinás iba adelante de su época, y que tal vez, su horizonte y su desempeño no estaban propiamente en su tierra.

Pero es que desde antes de su graduación, las vacaciones del científico colombiano no eran como las de los demás estudiantes ni tampoco eran en Colombia. Durante los periodos de descanso escolar viajaba a Suiza, al laboratorio de W. Rudolph Hess en Zurich a estudiar los vericuetos de la neurofisiología.

En esos viajes conoció a científicos que trabajaban en el estímulo eléctrico de ciertas áreas cerebrales en animales, para analizar los efectos que producían en el sueño y las reacciones efectivas.

Tras la graduación, su próximo destino fue Estados Unidos, en donde quería llegar a estudiar neurocirugía en el Massachussets General Hospital en Harvard, pero no tardó mucho convencerse de que lo suyo estaba inclinado más hacia las neurociencias básicas, en las que se ha dedicado hasta hoy.

Llega a Minnesota y allí inició sus estudios en células nerviosas llamadas motoneuronas, que en términos más entendibles son las que transmiten y generan el impulso eléctrico por el cual el ser humano puede moverse.

Dos años más tarde Rodolfo Llinás ya se encontraba en Canberra (Australia) trabajando con Sir John Eccles, quien en ese entonces era el director de un afamado laboratorio de neurofisiología. Ese año Eccles recibió el Nobel en 1963. El colombiano inicia sus trabajos sobre el cerebelo, esfuerzo que lo llevó a convertirse en la primera autoridad mundial de este centro de la coordinación motora.

Sus investigaciones sobre el cerebelo se convirtieron aún más extensos en los laboratorios de Australia y Estados Unidos entre 1963 y 1969. Sus experimentos sobre el cerebelo se centró en las distintas conexiones en diversas especies animales tales como tiburones, sapos, cocodrilos, aves, gatos y otros. Dichos estudios le abrieron paso a una serie completa de publicaciones (por lo menos 40) sobre la fisiología comparada del cerebelo en las principales revistas científicas.

Estos estudios culminaron con un extenso libro sobre la neurobiología del desarrollo y evolución del cerebro que fue publicado en 1969, que en palabras del mismo Llinás, tiene el propósito de “entender la función cerebelosa global”.

Este científico colombiano se ha caracterizado por dormir y descansar poco. Su continua curiosidad le permite que hoy a sus 68 años sea uno de los más importantes científicos del mundo, que tiene en su hoja de vida investigaciones y teorías actualmente reconocidas y aceptadas universalmente.

En el mismo 1970 publicó en compañía de sus colegas Hubbard y Quastel, un segundo libro sobre la electrofisiología de la transmisión sináptica, considerada como una obra clásica.

Dicho tema de transmisión sináptica aún más profundizado y continuado desde 1971, cuando hace parte del equipo de trabajo del laboratorio de biología de marina en Woodshole Massachussets, donde dicta un curso de verano y hace experimentación neurofisiológica en animales marinos, especialmente con el Calamar.

Todos los estudios interrumpidos desde 1965 hasta 1999 en cuanto transmisión sináptica es compilada en un libro que publicó como autor único en 1999, la Oxford University Press.

Rodolfo Llinás es considerado como un pensador, un ponente de teorías nuevas y ejecutor de nuevas técnicas de investigación, genera hipótesis, se aventura a modelos teóricos donde utiliza las matemáticas y la filosofía, disciplinas que cultivó desde muy joven.

Los intensos años de estudio sobre el sistema nervioso lo ha llevado a formular revolucionarias teorías sobre su funcionamiento. Sus investigaciones se han iniciado en los niveles más fundamentales: la molécula, partículas celulares, la célula, circuitos, entre otros. Ha intentado explicar, además, el funcionamiento del cerebelo y el cerebro en varios ensayos que se encuentran entre los libros científicos más consultados, de ellos se destacan “El cerebelo revistado”, publicado en Nueva York en 1992 y “El continuo mente cerebro” en 1996.

Para Llinás lo que se tiene dentro de la cabeza es lo que se ha heredado, se ha desarrollado y evolucionado durante
quinientos millones de años, es un aparato que simula la realidad externa, definitivamente un simulador.

“Nacemos con el aparato ya hecho, como nacemos con manos, orejas y nariz. Lo que tenemos dentro es un sistema que es capaz de hacer hipótesis de lo que hay afuera. Lo único que hace es soñar. Es un aparato para soñar y los ensueños ocurren en dos modos: de noche cuando estamos dormidos y durante la vigilia. En los ensueños vemos, oímos y sentimos y lo hacemos basados en la actividad intrínseca cerebral relacionada con el exterior. Cuando estamos despiertos también soñamos, pero estos ensueños también están regidos por los sentidos, pero para mí, el sistema globalmente el mismo”. Rodolfo Llinás.

Según las publicaciones acerca del científico colombiano, para él, el sistema nervioso no es un sistema abierto como se pensaba. Por el contrario, dice que es cerrado, donde los órganos sensoriales simplemente especifican un posible estado interno. “Quiere decir, que si uno no tiene las capacidades para ver colores dentro, no vamos a ver colores fuera. Uno no aprende a ver colores, lo que uno aprende es el nombre que la sociedad usa para describirlos. Estas sensaciones emergen de las propiedades intrínsecas de las neuronas y su conectividad”.

Brillante carrera

Este bogotano ha plasmado sus investigaciones en más de quinientas publicaciones en las revistas más importantes e influyentes en neurociencia. A esta cifra se le suman ocho libros y múltiples ensayos sobre el funcionamiento cerebral, fuera de las innumerables comunicaciones e intervenciones en el mundo.

Su hoja de vida podría resumirse en: PhD en neurofisiología de la Universidad de Canberra (Estados Unidos), contratado por el Instituto de investigación biomédica en Chicago, en 1966, y luego nombrado director del departamento de Neurobiología de la Universidad de Northwestern en la misma ciudad.

Es nombrado profesor a título vitalicio y director de la división de Neurobiología, recién creada en la Universidad de Iowa, hasta cuando la Universidad de Nueva York lo nombra profesor y director del departamento de Fisiología y Neurociencias, donde continua hasta la fecha.

Es doctor H.C. de Salamanca, Barcelona, Nacional de Colombia, Complutense de Madrid y de los Andes, miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos de Norteamérica, de la Academia de Medicina de Colombia, de la Real Academia de Medicina de España y de la Sociedad Americana de Filosofía.

Entre los reconocimientos ha recibido la medalla Albert Einstein de la UNESCO, la Cruz de Boyacá y la de la Democracia del Congreso.

En la NASA

El talento de Llinás ha llegado hasta la NASA, pues es el presidente del grupo de investigaciones Neurolab, de dicha institución, en donde trabaja sobre el comportamiento del cerebro en gravedad cero.

Pero los reconocimientos hacia el científico colombiano no paran, el 17 de junio de 2002 recibió el diploma que lo acredita como miembro de la Academia de Ciencias de Francia, importante galardón teniendo en cuenta que solamente tiene 200 miembros (la de Estados Unidos tiene 2000) El colombiano ocupa uno de los dos cupos que tiene actualmente Sudamérica. Allí trabaja como asesor del Gobierno francés.

Desde allí, Rodolfo Llinás podrá continuar con el apoyo científico de Colombia, tarea complicada dado que la ciencia y la tecnología en este país no son tomadas con la importancia que requiere.

“La situación es sumamente difícil y tiene que ver con la importancia que el país le da a la ciencia, algo que sólo se puede medir con el dinero que el Gobierno le asigna y con el reconocimiento social que tienen los científicos”, describe el científico el panorama colombiano en esta materia.

“En los países subdesarrollados, la ciencia se considera especie de lujo, mientras que en los desarrollados es necesidad”.

Una de las desilusiones que ha tenido el bogotano, ha sido en su mismo país, pues después de unos intentos infructuosos de estimular la creación de laboratorios para impulsar la neurofisiología en Colombia, decidió volver a vincularse a través de la educación.

Hay que modificar la manera de enseñar

Rodolfo Llinás es un convencido en que la educación de los niños debe cambiar. Propone el desarrollo de una nueva materia escolar en Colombia, que se podría llamar Cosmología, la que tendría una duración de 12 años. “Sería fantástico que los niños hicieran un recuento de la historia de la civilización, de modo que entendieran el cómo y el por qué del desarrollo de las ideas... los niños son profundamente inteligentes, tienden a adquirir las bases del conocimiento general, lo demás son tonterías; los detalles uno los aprende en la universidad, pero las cosas grandes e importantes las aprende en primaria y secundaria.

Sembrar la curiosidad ha sido parte de la crianza hacia sus dos hijos ahora médicos, fruto de la unión con la filósofa Guillan. Hizo parte de la Comisión de Sabios que conformó el gobierno del Presidente Gaviria (1990-1994) en el que también se encuentra su amigo Gabriel García Márquez, al que admira y lee fielmente.

Juega tenis y escucha música clásica, mientras que sostiene que necesita saber cómo funciona el cerebro antes de morirse. “Sería muy triste pasar por esta vida como lo haría un saco de papas, sin haber entendido nuestra naturaleza un poquito”.
 
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