Actualización: Jue, 21 / Jun / 2012 3:41 pm
Jueves, 21 / Jun / 2012

¿Sabías que el estrés es contagioso?

Tu jefe entra histérico a la oficina y automáticamente tu respiración se vuelve agitada. Cualquier alteración del estado de ánimo entra en conflicto con tranquilidad y se desata el estrés

¿Sabías que el estrés es contagioso?
Tu esposo/a se sienta a la mesa y empieza a hablar de sus problemas de trabajo y se te atraviesa la comida. No es sólo impaciencia lo que se apodera de ti: es estrés. Y se transmite como el resfrío.

Desde la Universidad de Hawai, un estudio afirma que el estrés se comporta como una enfermedad: hay un portador inicial que infecta a todos los demás, los cuales lo incuban hasta hacerlo explotar.

Los ingleses, que trabajan un promedio de 48 horas semanales, se toman muy en serio el problema del estrés (fueron ellos quienes lo bautizaron “la peste del siglo 21”).

Según una encuesta realizada entre italianos de 18 a 64 años, en ese país el fenómeno afecta a 8 de cada 10 personas. Y el 58% de los entrevistados declaró que su propio nivel de estrés aumentó en los últimos años, principalmente debido al trabajo (54%) y los problemas económicos (46%).

Uno de los investigadores hawaianos explicó que, a menudo, estas personas tienen un escaso sentido de la oportunidad y que pueden llamar a las 2 de la mañana para desahogarse con un amigo: “Son verdaderas bombas prontas a explotar; suelen crear reacciones en cadena en el ambiente que los rodea.”

Como contrapunto, también hay sujetos dotados de un elevado grado de sensibilidad y con sentido de culpa más o menos atávico, afectados por los llamados síndrome de San Francisco de Asís o de la Madre Teresa de Calcuta. “Son personas que, con paciencia y mucha resignación escuchan, soportan, y en raras ocasiones reaccionan al abuso de sentir que les arrojan encima los problemas”, dice el experto.

Tratar de controlar las desgracias y sufrimientos ajenos no es algo simple, y es bueno tenerlo en cuenta antes de confiar los propios dolores de cabeza a un amigo, colega o compañero de estudios. A fin de evitar que “la bomba” explote.

clarin.com