Oración al Buen Ladrón, canonizado por Jesucristo: ¿cómo pedir su intercesión y encontrar consuelo espiritual?
La oración al Buen Ladrón es una de las más poderosas para pedir perdón, esperanza y fortaleza en momentos de dificultad.
La oración al Buen Ladrón es una de las más poderosas para pedir perdón, esperanza y fortaleza en momentos de dificultad.
El Buen Ladrón es conocido como el hombre que, según la tradición cristiana, fue crucificado junto a Jesucristo y que, en el último momento de su vida, se arrepintió de sus pecados y pidió perdón a Dios para recibir la redención. Es considerado el primer santo de la historia cristiana y el único “canonizado” directamente por Jesucristo.
El relato de su historia aparece en el Evangelio de Lucas condensado en la Biblia, donde se cuenta que Jesús fue crucificado entre dos criminales: uno de ellos lo insultaba, mientras que el otro (el Buen Ladrón), reconoció su culpa, defendió a Jesús y le pidió que se acordara de él cuando estuviera en su reino.
Minutos antes de su muerte al lado derecho de Jesús, tras reconocer sus pecados, el hijo de Dios le prometió el cielo. Su fiesta litúrgica se celebra cada 25 de marzo, fecha en que muchos fieles y creyentes acuden a él para pedir su intercesión en momentos de dificultad. A continuación te compartimos una oración de la web ACI Prensa que puedes rezar en su día.
Oración al Buen Ladrón, canonizado por Jesucristo, para pedir su intercesión
Santo Buen Ladrón, que eres el único santo penitente que ha sido canonizado por el mismo Jesucristo, tú que en el mismo día de tu muerte recibiste la certeza de tener un sitio en el cielo junto a Jesús, por esa confesión sincera llena de arrepentimiento que desde ese confesionario abierto que es la cruz hiciste en el tribunal del Calvario mientras permanecías junto a Él suspendido en la cruz;
tú que antes de que el centurión lo atravesara con su lanza, con tu acto de arrepentimiento y de amor has abierto el Corazón de Jesús a la misericordia y al perdón;
tú que para darle una palabra de aliento en su suprema agonía has tenido tu cabeza más cerca de Él que la de su querida madre;
tú que supiste orar tan bien, enséñame las palabras con que debo dirigirme a Él para obtener su perdón y la gracia de la perseverancia final;
tú que ahora estas tan cerca de Él en el cielo como lo estuviste en sus últimos momentos sobre la tierra, intercede por mí con esta oración ante Él para que no lo abandone nunca, y así, al terminar los días de mi vida en la tierra, pueda escuchar también yo las palabras que Él mismo te dirigió: "Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.