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FERNANDO BOTERO (Artista Plástico)
Colombia.com "Nunca voy a cambiar de estilo. Bueno, todo es posible en la vida, pero en mi caso sería muy improbable. Creo que el arte obedece a una convicción y a una obsesión personal y me parece muy difícil que un pintor que haya vivido así cambie de posición”. El que habla es el maestro antioqueño Fernando Botero, el mismo que revolucionó la plástica nacional con sus “gordas” y que actualmente está catalogado como uno de los grandes artistas del siglo.

Los títulos que se ha ganado este hombre, quien el pasado 16 de abril cumplió 70 años (nació en 1932 en Medellín), no son gratuitos. Ha trabajado con constancia durante décadas a pesar de las críticas, de los golpes que le ha dado la vida y de tener que vivir la gran mayoría del tiempo en el exterior. La primera vez que Botero participó en una exposición fue en 1949 cuando hizo parte de una colectiva de pintores paisas en Bogotá. Dos años después realiza su primera exposición individual en la galería Leo Matiz. En 1952 viaja a Europa y se matricula en la escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Pasa las horas en el museo El Prado, como copista y es allí donde descubre la pintura de Piero della Francesca y decide radicarse en Florencia, Italia. Ese mismo año, ocupa el segundo puesto en el Salón Nacional de Artistas, con su obra "Frente al mar".

Así
"Nuestra señora de Colombia" (1965)
empieza una vertiginosa carrera que aún no ha culminado. No en vano declaró hace poco: “Espero morir con el pincel en la mano como Picasso”. En 1955 se casa con Gloria Zea Hernández, la misma que durante años ha dirigido el Museo de Arte Moderno de Bogotá, Mambo, y quien le dio tres hijos: Fernando, Lina y Juan Carlos. El primero optó por la política y los otros dos por el arte y la literatura.

En 1957 conoció el expresionismo abstracto en Nueva York y se le abren las puertas de la Galería Gres y Marlborough, además de tener la posibilidad de exponer en la Pan American Unión de Washington. Entonces regresa a Bogotá y logra el segundo premio en el X Salón de Artistas Colombianos. Un año después se hace merecedor en 1958 del Premio Guggenheim Internacional y el XI Salón de Artistas Colombianos, y representa al país en la Bienal de Venecia. En 1960 le encomiendan la tarea de realizar un mural para el Banco Central Hipotecario, BCH, de su ciudad Medellín y es tan exitoso que alcanzó reconocimiento en el país entero.

Pero todo no es felicidad, su matrimonio termina, se separa de Gloria Zea y viaja a Nueva York para volver a empezar. Llega a “la Gran Manzana” con 200 dólares en el bolsillo, una gabardina y tres vestidos. Alquila un taller ubicado en la calle 14 y se dedica a pintar de día y de
"Caballo" (1981)
noche. En 1961 ya hay varios cuadros que están en la mente de los críticos: “La Alcoba Nupcial” (con al que recibe el primer premio en el XI Salón Colombiano), “El Obispo Dormido”, la serie sobre “El Niño de Vallecas”. Sólo tienen que pasar tres años para que el Museo de Arte Moderno de Nueva York; MOMA, adquiera algunas de sus obras y exponga su "Monalisa".

Vuelve a casarse, esta vez con Cecilia Zambrano (1964) quien le da un hijo más bautizado Pedrito (1970), entonces viaja a Europa donde realiza exposiciones en Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia. Se radica en París y en un viaje a España sufre un grave accidente automovilístico en el que además de perder parte de dos dedos de su mano derecha y pierde a su pequeño hijo. Botero no es capaz de superar el dolor y su nuevo matrimonio se destruye. Sus seguidores, tanto críticos como espectadores, esperan impacientemente la evolución de su recuperación, pues los médicos dudan que pueda volver a pintar. Finalmente en 1975 se separa. Pero dos años después se reconcilia con el amor, conoce a la escultora griega Sophia Vari y recobra la estabilidad. Actualmente es ella quien lo acompaña.

En 1983 llega a Pietra Santa, Italia, buscando a los mejores talleres de fundición, pues sabe que ese lugar tiene los más reconocidos de Europa, al igual que el
Botero recorre el museo que donó a Bogotá con su hija Lina.
mejor mármol de Carrara. Pocos años después, iniciando la década de los 90 sorprende al mundo con sus monumentales esculturas con las que se toma las principales avenidas del mundo: París, Montecarlo, Moscú, Madrid, Roma, San Petersburgo, Pietra Santa, Nueva York y Florencia, donde realiza una exposición en la plaza de la Signoría, cuna del arte clásico.

Esta es una de las últimas y más recordadas exposiciones de Botero, pues con ella conmemora 50 años de vida artística. Muchos se han preguntado cómo se llama la técnica que ha hecho famoso a Botero. Algunos la denominan "Gordismo", pero para llegar a ella tuvo que estudiar a los grandes maestros de la pintura, lo que le permitió tener elementos para crear su propia esencia e imponer ese sello de originalidad que le ha dado gloria.

Un dato curioso sobre su vida artísticas es que fue su pintura de la “Naturaleza Muerta con Mandolina” la que le permitió encontrar puerta mágica del arte figurativo, la que lo llevó a descubrir su técnica de expresión permanente del volumen, y que le dio las bases para jugar con libertad y sensualidad con las dimensiones y las formas.

Y aunque Botero decidió radicarse fuera de Colombia, donó dos grandes museos en Medellín y Bogotá para que los ninguna persona se quedara sin conocer su obra. El de Bogotá, por ejemplo,
"Madre Superiora" (1994)
está compuesto por numerosas obras de su autoría, en diferentes técnicas, como pintura, dibujo y escultura, y por más de 60 obras de algunos de los más representativos creadores de la historia del arte de finales del siglo XIX y del siglo XX como Picasso, Renoir, Dalí, Matisse, Monet, Degas, Bacon, Chagall, Tápies, De Chirico, De Kooning, Tamayo y Torres García, entre otros. En la capital antioqueña, la donación que realizó incluye cerca de 28 esculturas y 70 pinturas suyas, que están en el nuevo Museo de Antioquia.

“Pienso que Fernando Botero es un artista universal. La gracia que tiene es que siendo un talento inmenso, del tamaño de una catedral, nunca ha dejado de decirle al mundo que es antioqueño, que es colombiano. Él pudo jugársela toda con temas tan nuestros como los pueblos típicos, las fiestas folclóricas, las familias tradicionales... y logró que lo entendieran y lo reconocieran en los grandes museos del mundo: en Japón, en Francia, en Italia, en Estados Unidos. Con todo ese folclorismo de sus temas, el talento de Botero logró trascender hasta convertirse en el artista colombiano del siglo XX junto con Obregón”, aseguró la periodista Pilar Castaño y sin darse cuenta resumió en pocas palabras lo que este maestro de la pintura latinoamericana ha significado para Colombia y para el mundo.
 
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