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FERNADO VALLEJO (Escritor)
Colombia.com "Cuando Carlos salió me acerqué a la cama, me senté a su lado y me incliné sobre él: sus ojos suplicantes se cruzaron con los míos. ¿Qué quería decir? ¿Qué lo ayudara a vivir? ¿O qué lo ayudara a morir? A vivir por supuesto, él nunca quiso morirse".

Este es sólo un fragmento de "El Desbarrancadero", una de las últimas novelas de Fernando Vallejo, donde de manera autobiográfica relata la historia que vivió junto a su hermano, quien falleció por el virus del Sida.

Como asegura el profesor Javier H. Murillo (invitado en Denison University, Grandville, Ohio) quien adelanta una investigación sobre la obra del escritor, Vallejo es “un hombre con una capacidad de observación envidiable, un escritor que se transforma con la misma facilidad en biógrafo de excepción o en crítico despiadado. Odia o ama con la misma intensidad, y le importan poco las razones, o si le importan no siempre las deja saber. Ama el lenguaje y su autonomía, la poesía y a unos cuantos poetas. Odia la mediocridad y todo lo que huela a pretensión. Habla solamente de sí mismo, inclusive cuando habla de otra cosa, y está orgulloso de ello. Soberbio, deja caer sus verdades individuales como pianos desde las ventanas”.

Nació el 24 de octubre de 1942 en Medellín, capital antioqueña. En su familia se creía que viviría de tocar el piano, pues poseía talento para ello, pero no fue así, se dedicó a la escritura, por eso decidió estudiar Filosofía y Letras en Bogotá.

Empezó con una gramática del lenguaje literario titulada "Logoi". Después escribió la biografía del poeta "Porfirio Barba Jacob, el mensajero", que se publicó en 1984. Este trabajo obligó a Vallejo a realizar varios viajes y a liderar una investigación a fondo en distintas ciudades americanas donde vivió el poeta antioqueño. En 1991, aparece una nueva versión bajo el título “El Mensajero”.

Pero lo que hace realmente especial a Vallejo es que ha logrado publicar una serie que muchos califican como su “saga autobiográfica”. “El río del tiempo” es una obra que logra enmarcar el trabajo narrativo del antioqueño y está compuesto por varios volúmenes.

Cada uno es un libro independiente donde logra traspasar la difícil frontera que plantean los géneros literarios, es decir: autobiografías, novelas, memorias o diarios, pero hay un poco de todos y ésta característica, sumada a su lenguaje directo y franco, hacen de Vallejo uno de los escritores contemporáneos más importantes del país.

El primer volumen se tituló “Los días azules” y apareció en las librerías en 1985. En él Vallejo hace un recuento de los principales episodios de su infancia, que transcurrió entre la finca de sus abuelos y el barrio de Boston de Medellín. Dos años después, en 1987, publica “El fuego secreto”; ya ha entrado a la adolescencia y se interna en los caminos de la droga y
la homosexualidad, en calles y cantinas de Medellín y Bogotá. Al final de este libro puede leerse: "Lo último que vi fue el parque, y en el parque, en llamas, el Libertador, la estatua. Ardía el mármol, ardía el bronce, ardía el caballo, ardía el héroe. ¡Adiós, gran hijueputa!".

Los volúmenes siguientes son: “Los caminos a Roma” en 1988 y “Años de indulgencia” en 1989, donde narra su estancia en varias ciudades de Europa y Nueva York. El sexto libro de la serie “El río del tiempo” es “Entre fantasmas”(1993), donde Vallejo habla de sus vivencias en Ciudad de México, donde decidió instalarse desde 1971.

"Ahí, en la calle en pendiente del Perú entre Ribón y Portocarrero, a mitad de la cuadra, a la derecha subiendo, en el primer cuarto de esa casa con tres ventanas de rejas blancas yo nací. En ese exactísimo lugar y no en otro de la vasta tierra (...) Ahora sé que lo que me está ordenando ese sueño es volver a ese cuarto de esa casa a esperar la muerte para que así, después de haber recorrido tanto no haya avanzado ni un palmo. Volver, como quien dice, a reunir los últimos restos del naufragio para que juntos se acaben de hundir mejor" (página 113), este es un corto fragmento de “Entre fantasmas”.

En este mismo libro también escribe sobre el cine: "He llegado a la conclusión de que el cine es como la novela, un género artificioso, mentiroso, condenado a envejecer con la vejez más triste y a desaparecer. ¿Qué es eso de andar partiendo la realidad en planos y eliminando dizque «los tiempos muertos» y como el teatro la cuarta pared del cuarto, metiéndose la indiscreción donde no puede estar, reptando por entre las sábanas en la misma cama de los amantes? (...) Si el cine no tiene razón de ser, ni el teatro, ni la novela, ¿qué queda entonces? Hombre, queda la muerte, y en su defecto los recuerdos: el libro de Memorias, que es el género máximo". No hay olvidar que Vallejo estudió también cinematografía en Europa y realizó algunas películas: “Barrio de campeones” (1981), “En la tormenta” (1979) y “Crónica Roja” (1977).

Alguién le preguntó al antioqueño en una entrevista por qué se incluía en sus libros y esto fue lo que contestó: “Yo resolví hablar en nombre propio porque no me puedo meter en las mentes ajenas, al no haberse inventado todavía el lector de pensamientos”. Así es Vallejo, franco, “sin pelos en la lengua”, directo y claro. Características que se ven reflejadas en su siguiente trabajo, “La virgen de los sicarios”, novela con la que se ganó un espacio en la literatura Latinoamericana y a través de la cual narra de manera descarnada la violencia que afectó a Medellín durante el auge del cartel dirigido por el narcotraficante Pablo Escobar.

La obra publicada en 1994, fue ampliamente publicitada, más cuando el director Barbet Schroeder decidió realizar una película
con ella. El mismo Vallejo se encargó de hacer la adaptación de su novela para cine. El resultado fue aplaudido. La cinta protagonizada por Germán Jaramillo, Anderson Ballesteros y Juan David Restrepo, y en la que participó el actor Manuel Busquets, se presentó dentro de la selección oficial del Festival de Venecia 2000 y allí fue galardonada con el Premio del Senado.

El periodista William Ospina escribió una crítica de la película que encabezó de la siguiente manera: “El joven protagonista de La virgen de los sicarios, de Barbet Schroeder, mata mucha menos gente que Rambo, o que los invariables e incansables policías de Los Ángeles y sus malvados enemigos, pero ninguna víctima de Rambo nos sobrecoge, y en cambio cada uno de estos crímenes improvisados en Medellín es perturbador y logra quitarnos el sosiego. No acabamos de conciliar su advenimiento intempestivo con la cara de ángel del asesino, ese sangriento Tadzio de barriada, ese Alexis, a quien no podemos conocer porque es elemental e imprevisible, porque vive demasiado de prisa, porque habita un mundo demasiado provisional y demasiado desprovisto a la vez, porque es apenas una nube que pasa”.

En otra de las críticas escritas sobre la cinta, esta por Guillermo Ravaschino en www.cineismo.com puede leerse: “Lo que ha hecho Schroeder es apoyarse en la novela autobiográfica del propio Vallejo (una historia real que se convirtió en best seller y que este mismo escritor adaptó para la pantalla), concentrarse en unos pocos personajes y en una trama sencilla, aunque de mucho espesor. La trama es doble. Romántica por un lado, dado que Vallejo, que además es homosexual, al arribar a Medellín se encajeta con Alexis, un adolescente al que conoce en un prostíbulo, y se lo lleva a vivir con él. Socio-existencial por el otro, ya que todo transcurre en Medallo (uno de tantos motes que le han puesto a Medellín; el otro es Metrallo, por las ráfagas de mini-uzi que se acoplan naturalmente al murmullo urbano). Y si en Medallo la vida no vale nada es, entre otras cosas, porque buena parte de los jóvenes se desempeñan como asesinos mal pagos de los zares de la cocaína. Alexis es uno de ellos. Voy a permitirme una digresión antes de continuar. Es posible, y hasta probable, que la Medellín real sea mucho más hermosa, e inmensamente menos sórdida, que la que pinta Schroeder. Lo que importa, en todo caso, es que la de Schroeder se impone como tal. Y que no es la razón ni la explicación, sino el vehículo, de los temas que expone el film”.

En 1995 Vallejo vuelve a ser noticia, esta vez porque vuelve a apostarle a una biografía, la del poeta José Asunción Silva titulada "Chapolas negras", donde evidencia una gran habilidad investigativa y crítica.

En 1998 saca un libro que dejó a muchos desorientados: “La Tautología Darwinista y otros
Escena de la película "La Virgen de los Sicarios".
ensayos de biología”. Amante de las ciencias y la biología, Vallejo afirma en este escrito: “Dios no se necesita para explicar el complejo fenómeno de la vida, se necesita el Tiempo: miles de millones de años de tanteos ciegos en los cambiantes mares y atmósferas de la Tierra partiendo de la materia inanimada y construyendo sobre lo ya alcanzado hasta llegar a la primera célula, a los organismos multicelulares, y a órganos y sistemas tan intrincados y portentosos como el ojo de los cóndores, el oído de los búhos, el olfato de los perros, los fotóforos de los cocuyos, el sensor infrarrojo de las víboras, la orientación magnética de las aves migratorias las baterías de los peces eléctricos, el sonar de los murciélagos y la computadora del cerebro del hombre con sus cientos de trillones de interconexiones capaces de inventar en su turbulencia, amén de otras computadoras, a Dios, el televisor y la mentira, y lo que aquí importa más, las revistas biomédicas que proliferan por millares y millares como conejos, y la teoría de la selección natural que lo explica todo sin explicar nada. Para los efectos de la vida Dios es el Tiempo (...)”.

Después del revuelo causado por sus declaraciones en su “Tautología”, Fernando Vallejo regresa al panorama literario con “El Desbarrancadero", un libro donde Fernando, el personaje principal y que es un escritor colombiano residente en México, vuelve a su patria para acompañar en sus últimos días a su hermano Dario, quien está muriendo de Sida.

Lo más reciente que ha publicado es “La Rambla paralela”, editado nuevamente por Alfaguara. Este puede ser, según las mismas palabras del escritor, su último libro. “No tengo nada más que decir, ni ganas de decir nada más. Este libro que estoy terminando ahora, y que se llama ‘La rambla paralela’, será lo último que yo escriba de literatura. Escribiré, pero ensayos de otras cosas. No voy a repetirme, no tengo que repetirme... Además, el que se muere ya no vuelve a escribir”, así se lo dijo a en una entrevista a la página Clubdelibros.com

Vallejo escribe en “La Rambla paralela”: “Vivo de verdad no está nadie, ésas son ilusiones de los tontos. Día con día nos estamos muriendo todos de a poquito. Vivir es morirse. Y morirse, en mi modesta opinión, no es más que acabarse de morir”.

Para finalizar estas declaraciones, que como siempre, son contundentes: “No estoy dispuesto a seguir produciendo un libro por año para que no me olviden. Puesto que igual me van a olvidar, que ocurra de una vez”. Así es Vallejo, un hombre que en varias ruedas de prensa ha asegurado que “traer niños al mundo es un crimen” y que asegura que los seres humanos no tienen derecho de comerse los animales. Calificado como anticlerical, ateo y enemigo del matrimonio (institución que considera una verdadera asociación delictiva).
 
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