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JOSÉ ASUNCIÓN SILVA (Escritor)
Colombia.com (1865-1896). Treinta años de su vida fueron suficientes para darse a conocer como uno de los más importantes exponentes de la literatura colombiana en el mundo. Este poeta colombiano, natural de Bogotá y proveniente de una familia adinerada, vivió una juventud que no llegó a la madurez y que fue transcurriendo desde la placidez de una existencia burguesa hacia escenas de la vida bohemia y amenazas de tragedia. Una serie de hechos infortunados fueron la causa para que un balazo propinado por él mismo, atravesara su corazón el 23 en mayo de 1896.

La niñez de Silva transcurrió entre los libros y las veladas literarias de los escritores del grupo “El Mosaico”. Estas veladas se realizaban en su casa, de las cuales su padre Ricardo Silva, formó parte. Estudió en los mejores centros educativos de la capital: el Liceo de la Infancia, el Colegio de San José y el Alemán, destacándose siempre como un alumno aventajado. Desde muy temprana edad se inclina por la lectura de sus autores preferidos, entre los que se encuentran: Perrault, Andersen, Swift, Pombo y los Hermanos Grimm. En su etapa escolar, su formación fue básicamente autodidacta.

Con apenas diez años de edad muere su hermano Andrés Guillermo a causa de una epidemia de sarampión. Comienza en su vida un largo legado de infortunios. Un año más tarde, en 1875 un 24 de mayo, fecha en la que veinte años después él mismo se desojaría de la vida, fallece su hermano Alfonso a los 52 días de nacido. Y faltaría todavía el deceso de Inés Soledad, la tercera hija del matrimonio Silva - Gómez, quien desaparece cuando el poeta está cercano a cumplir sus trece años. En el hogar nacerían posteriormente: Elvira, el 2 de marzo de 1872 y Julia, el 10 de octubre de 1877.

Después de la muerte de su hermana, la tragedia continúa. Su padre es desheredado y la estabilidad económica de la familia entra en zozobra. El abuelo del poeta, quien se desempeñó como comerciante y tuvo inclinación por la lectura, había sido asesinado en 1864 por ladrones que asaltaron la hacienda Hatogrande.
Dejaron también herido a su hermano Antonio María Silva Fortoul, quien prefirió viajar a París, donde moriría en 1884, días antes de la llegada de José Asunción.

Sus compañeros de clase lo ven con recelo, como un niño fastidioso y presumido. José Asunción Silva, se refugia en la literatura y en la lectura. Gustavo Adolfo Bécquer, Víctor Hugo, Manuel Gutiérrez Nájera y José Martí, entre otros, son los poetas que conforman la vida poética de Silva.

Comienza, igualmente, sus primeros ensayos en la traducción de textos de Víctor Hugo, de Pierre de Béranger, de Maurice de Guérin, de Théophile Gautier, y la escritura de sus poemas juveniles, que recopilaría bajo el título de “Intimidades”. Al mismo tiempo, le colabora a su padre en la atención del almacén, iniciándose en el aprendizaje de los asuntos comerciales.

José Asunción Silva, a los diecinueve años se convierte en socio de las empresas de su padre y viaja a París para adquirir experiencia y establecer contactos con casas comerciales de Europa. Ésta permanencia en la Ciudad Luz es clave para la formación de su sensibilidad como escritor y hombre. En ésa época, Silva lee los escritores renombrados del momento: Charles Baudelaire, Anatole France, Guy de Maupassant, Paúl Régnard, Emile Zola, Stephan Mallarmé, Paúl Verlaine, Marie Bashkirtseffy Arthur Schopenhauer. Lee también sobre asuntos filosóficos, políticos y sicólogicos.

La tragedia lo toca nuevamente con la muerte de su padre. Silva queda al frente de la quiebra de la firma comercial y con la responsabilidad de conseguir el sustento de su madre, de sus hermanas y de mantener en alto el nombre de la familia, ante la sociedad bogotana.

Elvira, la hermana del poeta, murió a los 19 años, el once de enero de 1891. Éste hecho lo debilitó más que la muerte de su padre y de sus cuatro hermanos anteriores, sumado a la iliquidez en que se encontraba en ése entonces. Tres años después apareció publicado su poema emblemático “Nocturno III”, una obra considerada como antecedente del modernismo, aunque su
estilo provenga del romanticismo. En ésta obra expresa de alguna manera el amor que sentía hacia su hermana. Es publicado por primera vez en la revista “Lectura para todos”, en el año 1894. La mayoría de sus obras líricas contienen una temática referente al amor y a la muerte.

El 28 de enero de 1895, el vapora Amérique, que lo trae desde Venezuela, naufraga frente a Barranquilla. Se hunden con él los manuscritos de su obra y entre éstos se encuentran: “El libro de versos” y “Los Cuentos negros”, que pensaba publicar. No continúa su viaje a Bogotá; regresa a Caracas para cumplir con su período diplomático, pero las fricciones con el Ministro de la Legación y su iliquidez frustran su deseo de reiniciar un nuevo período en el cargo; dos meses más tarde está de nuevo en Colombia. Ha fracasado como diplomático y pone entonces sus esperanzas en la instalación de una fábrica de baldosines, consiguiendo el concurso de varios socios capitalistas, pero en esta empresa también fracasa.

Éstos sucesos definieron la muerte de Silva. Eran los últimos días de vida del poeta. Se dedicó día y noche a reescribir las obras que perdió en el naufragio, presintiendo que era el único valor que poseía. Entre sus obras más destacadas se encuentran: “El Libro de versos” (1923) y “De sobremesa” (1925), considerada por muchos como una autobiografía; el argumento describe a un artista que se encuentra en conflicto con la sociedad burguesa, hipersensible, surgido de ambientes decadentes, que se complace con la contemplación angustiosa de un mundo que no parece creado para su existencia. Por otro lado, entre sus poemas, están: “Infancia”, “Los maderos de San Juan”, “A veces cuando en alta noche”, “Nocturno”, “Vejeces”, “Un poema”, “Midnigth dreams”, “Avant Propos”, “El Mal del Siglo” y “Madrigal”.

Silva terminó de recopilar sus más importantes escritos. Sin embargo, por esos días, una mañana del 24 de mayo cuando aún no había cumplido los 31 años, sin despedidas, ni preavisos, el poeta atentó contra su vida, dejando de antemano un
legado de obras que lo catapultaron como uno de los más importantes literarios del país.

NOCTURNO

Una noche,
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
una noche,
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda, muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
y tu sombra,
fina y lánguida,
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectadas,
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban
y eran una
y eran una
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
Esta noche
solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida,
y el chillido
de las ranas...
Sentí frío; ¡era el frío que tenían en tu alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
era el frío de la nada...
Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil,
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de las almas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y
[de lágrimas!...
 
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