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EDUARDO RAMÍREZ VILLAMIZAR (Escultor)
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Colombia.com El lunes 23 de Agosto de 2004 será recordado por los seguidores de Eduardo Ramírez Villamizar como un día triste. En las horas de la madrugada, después de haber sido internado el sábado 21 en la clínica El Bosque de Bogotá, sus familiares informaron que el maestro, de 81 años, había sido vencido por un infarto.

Batalló durante ocho décadas. Parecía incansable. De pocas palabras, mirada profunda, rostro cándido, este hombre que nació en Pamplona, Norte de Santander el 7 de agosto de 1923, estaba trabajando en una nueva exposición que montaría con sus obras en la Galería Diners, titulada “Relieves”.

Su nombre es sinónimo de escultura y abstracción geométrica. Nació en el hogar de Jesús Ramírez Castro y Adela Villamizar Cote, y fue el menor de once hijos. Como artista se arriesgó a recorrer diferentes formas de expresión. Se inició como pintor figurativo. Claro que antes le dedicó seis años a la academia. Primero se matriculó al a facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Bogotá, porque el arte, su verdadera pasión, era mal vista. La arquitectura le permitió acercarse a su objetivo y en 1944, luego de varios semestres lejos del hogar, decide matricularse en la Escuela de Bellas Artes de la misma universidad.

Sus primeras pinturas fueron expresionistas y en ellas dejó en el lienzo el caos de la Colombia en la que había crecido. Estaban cargadas de imágenes religiosas, temas poéticos y mucha violencia. Pero un día decidió alejarse un poco y quiso proponer otra cosa, no la violencia pura sino lo contrario a esa guerra, el desarrollo, las construcciones, la civilización.

Entonces le apostó a la abstracción. Esto ocurre más o menos a finales de 1949. Descubre luego el relieve al que le dedicó varios años de su vida. Son famosos murales como el templete “Composición en Ocres”, realizado por encargo para la empresa Bavaria. Primer mural en abstracto realizado en el país. Sus relieves le permiten combinar colores y explorar formas; también sobresalen “El Dorado”, mural que realizó para el Banco de Bogotá en 1958 y donde el maestro logró plasmar esa admiración profunda que tenía por el diseño precolombino; y “Serpiente precolombiana”, mural en relieve por el que recibió aplausos.

Pero es en la escultura donde encuentra un placer supremo. Cuando la encontró ya no quiso abandonarla nunca. En su obra es posible encontrar mucho de expresionismo y geometría. De mente amplia, Villamizar se convirtió sin esfuerzo en uno de los protagonistas del arte colombiano de esa generación formada por Alejandro Obregón, Guillermo Wiedemann, Fernando Botero, Enrique Grau y Edgar Negret, con quien por cierto trabajó por allá en 1947 en la Universidad del Cauca y con quien lideró el movimiento escultórico en el país, al punto de pasar a la historia como uno de los grandes del siglo XX.

Así como se investigó en diferentes formas de expresión no tuvo ningún problema en experimentar con diversos materiales. Sus esculturas por ejemplo, encontraron en la madera, las láminas acrílicas y el hierro, diversas opciones para expresarse.

Es importante decir que este hijo de Pamplona pudo ampliar su mirada gracias a los diferentes viajes que realizó al exterior. En 1950 parte a Francia y allí permanece hasta 1952. Esto le permite conocer de primera mano las propuestas de arte abstracto del arte vanguardista que reinaban en el momento y la obra de artistas como Picaso, Brancusi o el húngaro Vasarely. Éste último le permitió entender que la geometría, sumada al color y a las formas era lo único que se necesitaba para crear. Después de París vista México y allí conoce la grandeza de la plástica prehistórica de Mesoamérica (eso fue para 1959). También viaja a Nueva Cork (1963) donde trabaja con sus relieves y al año siguiente regresa a Colombia. Conoce Sao Pablo, Brasil; Venecia en Italia; Caracas, Venezuela y Machu Pichu, en Perú, entre otros lugares del mundo.

Si algo distinguió a Eduardo Ramírez Villamizar fue su búsqueda constante por la perfección, ayudado claro, por el rigor de la matemática. Era constante y trabajaba con rigor y paciencia. Le gustaba maravillarse con la delicadeza y precisión de las formas naturales. Por eso, sus esculturas no eran trazos geométricos alejados de la realidad, al contrario, estaban cimentados en esa realidad que estudiaba con cuidado cada día y que luego llevaba consigo a su taller.

Entre sus series más famosas se encuentra “Recuerdos de Machu Pichu”, donde logra
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conjugar el encanto de la naturaleza con la elegancia típica de la arquitectura. Una serie que realiza cuando ya era un hombre maduro (a los 64 años) pero con la que logró la definición personal de su arte.

Quienes conocían al maestro aseguran que sonreía plácidamente cuando lograba unir en sus obras esos dos conceptos que le interesaban profundamente: la arquitectura y la escultura. Su trabajo lo desarrollaba principalmente en el jardín, un espacio que le permitía entrar en contacto directo con esa naturaleza que luego transformaba en arte.

Ramírez Villamizar era un hombre tímido y malgeniado. Así se describía él mismo. Siempre se distinguió por ser un artista honesto que no traicionó sus convicciones. Como artista sentía que su responsabilidad con el mundo era la de crear constantemente y tratar de alcanzar a través de su arte esa otra dimensión, la que está más allá de lo humano.
Durante su vida recibió innumerables premios, entre ellos el Guggenheim Internacional Selection Award, en 1958, con su pintura “Horizontal blanco y negra”; o el Premio Nacional de Escultura otorgado por el XVI Salón de Artistas Colombianos realizado en el Museo Nacional con su obra “Saludo al Astronauta”, una de sus primeras obras en metal. El país también lo homenajeó. En 1979, por ejemplo, le fue entregada la Medalla del Instituto Colombiano de Cultura, por sus 35 años de labor creativa y su indudable talento que tantas glorias le había entregado al país.

Villamizar también fue escogido para representar a Colombia en eventos internacionales importantes como la V Bienal de São Paulo donde compartió con artistas como Obregón y Wiedemann. Allí gana el segundo premio internacional. También participó en la muestra "South American Art Today" del Museo de Dallas, Estados Unidos, a donde viaja en compañía de Obregón, Grau y Negret. En 1976 Ramírez Villamizar es llamado para que asista a la XXXVI Bienal de Venecia y es incluido en un programa especial para la televisión italiana, donde sólo se seleccionaron cuatro artistas.

En el mes de mayo de este 2004, el Museo de Arte de Bogotá, Mambo, decidió que era hora de hacerle un homenaje al maestro con una completa muestra de sus principales obras. La exposición se tituló “Retrospectiva” y fue inaugurada el 20 de mayo. Más de 100 obras le permitieron a los espectadores realizar un recorrido tranquilo por la vida artística de Villamizar. Desde sus primeras pinturas pasando por su espíritu figurativo hasta llegar a la escultura geométrica. Una muestra que le permitió a los colombianos darse cuenta por qué los críticos aseguraban que el maestro logró plasmar en su obra esa “necesidad de geometrizar y de buscar lo esencial de la forma....”.

Ya el Museo Nacional había hecho lo propio, también con una exposición completa de su labor artística. El silencio y timidez de Ramírez Villamizar lo hicieron pasar, para muchos desapercibido. Pero a él eso no le importó.

Aseguraba con voz recia que quien sobrevive al implacable tiempo es el arte y él estaría por años presente en las calles, los museos y los corazones de quienes se dejaban tocar el alma con su trabajo.

Sus esculturas se encuentran en lugares como Nueva York. Para esta ciudad por ejemplo, Villamizar realizó en 1967 una columna y seis relieves murales en madera que se ubicaron en el edificio American Banck. También hay trabajos suyos en el Museo de Bellas Artes de Caracas y el Museo de Soto, ubicado en Bolívar, Venezuela, que adquirieron las obras “Dos partes” y “Construcción como nave espacial”. Gran parte de su obra monumental y pública se puede disfrutar en Bogotá (ciudad que lo acogió como un hijo); Cúcuta, Medellín y Norteamérica.

En 1990, Ramírez Villamizar decidió construir en su Pamplona natal un Museo para sus habitantes. Un espacio que le permitiera a la gente de la región encontrarse con la creación, el arte y la cultura. Para su inauguración donó una colección retrospectiva de cuarenta de sus mejores obras y otras cuarenta de artistas colombianos diversos.
El lunes 24 de agosto de 2004 el maestro Eduardo Ramírez Villamizar falleció. Un infarto lo venció finalmente. Le faltaban pocos días para cumplir años y para inaugurar en la Galería Diners una nueva muestra con su trabajo artístico. El país y el mundo no podrán olvidar a este nortesantandereano que cambió, a punta de perseverancia y entereza, la manera de ver el arte escultórico.

Texto y fotos: Katherine Moreno Sarmiento
Escultura 1964, coleccion Banco de la Republica.
 
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