El
desorden institucional,
la quiebra de la Hacienda
Pública, las
rivalidades entre
caudillos, encontraron
al fin un dique en
la Constitución
Politica de 1886,
que canceló
el federalismo definitivamente
y fortaleció
el poder central.
Núñez
fue su gestor, al
encabezar el movimiento
de la "Regeneración".
Pero las garantías
democráticas
quedaron suspendidas
y la persecución
contra los radicales
llevó a una
última contienda
finisecular denominada
de "Guerra de
los Mil Días",
en mitad de la cual
se inicia el siglo
XX. Con ésta,
la peor de las guerras
"declaradas",
se consolida el bipartidismo
liberal-conservador.