ALFONSO LÓPEZ PUMAREJO
1934 – 1938, 1942
- 1945
Nació
en Honda, Tolima, el 31
de enero de 1886, murió
en Londres, el 20 de noviembre
de 1959.
Político
y estadista liberal, presidente
de la República
durante los períodos
1934-1938 y 1942-1945.
Durante
su primer mandato trató
de realizar la república
liberal y ejecutar la
denominada 'Revolución
en marcha' que se plasmó
en la nueva Constitución
de 1936, más liberal.
El
6 de noviembre de 1933,
López Pumarejo
aceptó la candidatura
presidencial para suceder
a Olaya Herrera, y con
la ausencia de contendor
por parte del conservatismo
fue elegido por casi un
millón de votos.
Inició su gobierno
el 7 de agosto de 1934,
poniendo en práctica
los mecanismos en que
basó su programa,
y que tratarían
de hacer realidad la República
Liberal y ejecutar la
"Revolución
en Marcha", su lema,
que él definió
como "el deber del
hombre de Estado de efectuar
por medios pacíficos
y constitucionales todo
lo que haría una
revolución por
medios violentos".
El
primer gobierno de López
Pumarejo fue eminentemente
reformista. Así,
bajo los postulados del
partido, que buscaba darle
al país un desarrollo
agrícola e industrial
que le permitiera convertirse
en un Estado moderno,
López presentó,
al final, ejecutorias
como las reformas constitucional,
tributaria, universitaria,
judicial, laboral y de
relaciones exteriores.
El
constituyente de 1936
definió la propiedad
por su función
social. Ahora el Estado
intervendría en
la economía del
país, con la intención
no sólo de racionalizarla,
sino de dar al trabajador
una protección,
introduciendo un equilibrio
entre las relaciones obrero-patronales,
pero este artículo
fue suprimido en la reforma
constitucional de 1968.
La reforma tributaria
estableció el impuesto
directo, y que las industrias
y grandes empresas tributaran
más que antes.
La
reforma laboral, que López
planteó y fundamentó
teóricamente desde
la primera administración,
pero sólo logró
concretar en su segundo
gobierno, comprendía
que en una economía
en vías de actualización
capitalista, habría
que codificar la relación
patrón-obrero,
pues la fuerza de trabajo
debía organizarse
con sistemas de contratación
y jurídicos más
estables. Se propició,
entonces, el sindicalismo,
con el fin de armonizar
la condición obrera
con las necesidades estructurales
de la industrialización,
y se garantizó
el derecho a la huelga.
El sindicalismo fue la
base de su política
de construir una línea
de apoyo al gobierno con
el respaldo popular.
En
el campo educativo, López
emprendió una tarea
de reestructuración
docente, dio definitiva
conformación a
la Universidad Nacional
y adquirió los
terrenos para construir
la Ciudad Universitaria,
concentrando todas las
facultades e institutos,
hasta entonces dispersos,
en un solo espacio.
Su
segundo gobierno no fue
tan notable como el primero.
López ganó
la reelección,
derrotando una coalición
liberal-conservadora personificada
por Carlos Arango Vélez.
Subió al poder
en medio de una violenta
oposición de la
derecha, encabezada por
Laureano Gómez,
a la que se unió
la insegura solidaridad
del liberalismo con su
gobierno. El partido liberal
estaba dividido, y esta
división resultaba
más peligrosa para
la permanencia del liberalismo
en el poder, que la misma
oposición; además,
era un obstáculo
para gobernar.
Renuncia
al mando en marzo de 1944.
No obstante, un paro cívico
organizado por la clase
obrera para expresar su
respaldo al presidente,
lo obligó a reasumir
el mando. Entonces, se
dispuso a sacar adelante
otra reforma constitucional,
plasmada en 1945. Esta
nueva reforma le concedió
la ciudadanía a
la mujer, pero sin derecho
a votar; consagró
la prohibición
para los militares de
sufragar; y disminuyó
el número de debates
para la aprobación
de leyes, entre otras
medidas.
En
cuanto a las relaciones
internacionales, López
estableció con
la Unión Soviética
relaciones diplomáticas,
adhirió al Acta
de Chapultepec sobre la
solidaridad interamericana
y Colombia ingresó
a las Naciones Unidas.
Uno de los hechos más
importantes de este gobierno
tuvo lugar después
del llamado "Golpe
de Pasto", cuando
López y su ministro
de Trabajo, Adán
Arriaga Andrade, aprovechando
el estado de sitio, expidieron
el decreto legislativo
2350 de 1944, que estableció
el reconocimiento del
contrato de trabajo como
entidad jurídica
autónoma, dio al
gobierno facultades para
establecer modelos que
sirvieran como contrato
presuntivo y para fijar
el salario mínimo,
decretó la jornada
laboral de nueve horas
y el pago de horas extras,
fijó la duración
del contrato de trabajo
en seis meses, estableció
el preaviso correspondiente,
limitó a seis meses
el contrato de aprendizaje,
y fijó en 14 años
la edad límite
para empezar a trabajar.
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