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Era
previsible la situación. Así como los norteamericanos
lideraron el boicot de los Juegos Olímpicos de Moscú
en 1980, la Unión Soviética y otros países del bloque
comunista no comparecieron a la competición de Los Angeles
en 1984. Los soviéticos citaron dos razones: falta de
seguridad para sus atletas y uso inadecuado del evento
para hacer propaganda contraria a los soviéticos y sus
aliados. El único país del bloque que no cumplió con
el boicot fue Rumania.
El costo de los Juegos en Los Angeles fue de 470 millones
de dólares. La venta de los derechos de transmisión
para los canales de televisión cubrió la mayoría de
los gastos. En medio de tantos rumores, los países socialistas
que boicotearon la competición acusaron a los americanos
de corromper el espíritu olímpico. El comité organizador
actuaba independientemente del gobierno de Washington
pues buscaban sólo apoyo de la iniciativa privada. Los
equipos responsables de los programas olímpicos habían
comenzado a trabajar en 1981, tres años antes.
Sam, la mascota de los Juegos de Los Angeles, nació
en los estudios de Walt Disney. La mascota fue inspirado
en el águila calva, símbolo de los EUA. La ceremonia
de apertura fue en el Memorial Coliseum y más de 90
mil personas estuvieron presentes. En la fiesta, los
desfiles y la música fueron formados con perfección
por centenas de participantes que recordaban los antiguos
musicales de Hollywood. Participaron aproximadamente
20 mil personas en el espectáculo de apertura, incluyendo
los 7.500 atletas de los 140 países que compitieron.
El comité organizador de los juegos ocultó hasta el
último momento el nombre del atleta que tendría la oportunidad
de llevar la antorcha olímpica. Muchos gritaban el nombre
de la gimnasta Nadia Comanecci en homenaje a Rumania
(único país que no siguió el boicot liderado por la
Unión Soviética). Pero el público se sorprendió cuando
la antorcha entró al estadio junto a Gina Hemphill,
nieta del corredor Jesse Owens. ón.
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