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Los ingleses anunciaron que realizarían la mejor de
todas la Olimpíadas en 1908. Lo consiguieron en parte,
pues los juegos estuvieron repletos de reclamaciones.
La promesa del éxito del evento se basaba en el hecho
de que los ingleses se consideraban los inventores del
deporte moderno.
En esta Olimpíada hubo hechos relacionados con cuestiones
políticas en las competiciones. Finlandia por ejemplo,
que vivía bajo el dominio ruso, fue obligada por el
gobierno de Moscú a desfilar con la bandera del Zar.
Al final, la delegación finlandesa no desfiló con bandera,
un hecho inédito en aquel momento.
Al
inicio del siglo, ingleses y norteamericanos vivían
en conflictos a causa de intereses económicos que tenían
con el resto del mundo. En el primer día de la competición,
estaban en el estadio White City los pabellones de los
22 países inscritos menos el de los Estados Unidos.
Los anfitriones se disculparon diciendo que no encontraron
ninguna bandera norteamericana. Desde entonces, los
atletas de la delegación norteamericana no le dirigieron
más la palabra a los ingleses.
Las
controversias sobre las reglas de cada modalidad del
atletismo causaron largas discusiones. Los británicos
insistían que fueran cumplidas sus normas. Con esta
imposición, hubo mejores resultados. Pero la prepotencia
por parte de los jueces británicos era notable.
Mientras
algunos competían con seriedad, otros se olvidaron del
espíritu olímpico. Gran parte de los ciclistas ignoraban
el punto de partida. La mayoría salía disparada atrás
de la victoria, y un pequeño grupo prefería hacer malabares
para recibir aplausos del público.
Los
atletas que compitieron en la maratón ocuparon parte
de las calles de Londres. El italiano Dorando Pietri
fue el primero a entrar al estadio, pero no tenía la
mínima resistencia física para concluir la competición.
Pietri tropezó varias veces y llegó en primer lugar,
pero fue desclasificado. La victoria fue del norteamericano
John Hayes. Pero aún así, el italiano recibió todas
las glorias de los británicos. La Reina Alexandra maravillada
con la actuación del italiano, le dio un trofeo de oro,
con un valor superior a cualquier premiación olímpica.
Hayes apenas ganó una medalla de oro, sin ningún reconocimiento
especial.
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