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"Syrtaki" de oro para el Guerrouj en su despedida del 1.500
(Atenas)
(dpa) - El marroquí Hicham El Guerrouj bailó este martes un "syrtaki" de oro en Atenas al conquistar el oro olímpico en los 1.500 metros, un objetivo que llegó a parecer por momentos imposible.
Cuando le restan sólo tres semanas para cumplir los 30 años y en el que era su último intento en una distancia que dominó como nadie, pero en la que había tropezado tanto en Atlanta 96 como en Sydney 2000, el marroquí emocionó a 65.000 espectadores con una actuación para el recuerdo.
Era la última oportunidad en el Olimpo para El Guerrouj, dueño del récord del mundo en la milla, cuatro veces campeón del mundo en la distancia y plata en Sydney 2000.
El Guerrouj ganó con un tiempo de 3:34,18 minutos, apenas doce centésimas más rápido que los 3:34,30 del keniano Bernard Lagat. El bronce fue para el portugués Rui Silva, emocionado tras recorrer la distancia en 3:34,68. El español Reyes Estévez fue séptimo, con 3:36,63.
El oro era hoy condición inexcusable para luchar por ese título de mejor mediofondista de todos los tiempos que muchos piensan que es imposible discutirle al marroquí.
Al filo de la medianoche del 24 de agosto de 2004, El Guerrouj convenció a unos cuantos más, pero antes protagonizó una carrera emotiva como pocas, relativamente lenta también, que era lo que necesitaba.
Buscó desde el principio controlar la punta, y aunque en el inicio Reyes Estévez se mostró dispuesto a atacar, el duelo se decantó pronto por una lucha entre El Guerrouj y Lagat, que era, por otra parte, lo que todos esperaban.
La vuelta final fue heroica. La última curva vio llegar juntos al marroquí y al keniano, parecían siameses de tanta simetría. Sin embargo, Lagat logró aterrar por unos instantes a los muchos seguidores de El Guerrouj en el estadio. Le sacó media cabeza al marroquí cuando restaban 70 metros, y la saga de fracasos olímpicos parecía extenderse inevitablemente.
Fue entonces que apareció el campeón en toda su dimensión. Mientras las venas de Lagat casi estallaban en su cuello y los ojos parecían salírsele de sus cuencas, El Guerrouj aceleró imperceptiblemente al principio, claramente luego, el paso. Lo impactante fue que parecía hacerlo sin el desmesurado esfuerzo que se adivinaba en su riuval.
Los ojos de Lagat, desencajados y muy abiertos, eran el perfecto contraste con la sonrisa franca de El Guerrouj en el mismo momento de cruzar la meta. El estadio estalló de gozo, porque los "guerroujistas" eran indiscutida mayoría hoy en Atenas.
Enloquecido de alegría, el marroquí comenzó a subirse a la tribuna, a abrazarse con todos aquellos que le ofrecían su cariño, y todo sin dejar de exhibir la bandera de su país.
La ovación llegó cuando comenzó a sonar el "syrtaki", la típica danza griega que comienza lenta para acelerarse frenéticamente en el final. El Guerrouj comenzó a bailar solo, poseido por un fervor que nunca se le había visto.
Los griegos adoptaron definitivamente en ese instante al marroquí que dio la vuelta al mundo, de Atlanta a Sydney, para triunfar finalmente en Atenas, donde se confirmó que hay atletas que corren como dioses.
Por Sebastián Fest (dpa)
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